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La energía solar, panacea para las guerras por el agua

La escasez del agua es uno de los grandes problemas a los que se enfrentará la humanidad en los próximos años. Foto: Getty Images.

La contaminación, el calentamiento global o la sequía son algunos de los grandes problemas a los que nos estamos enfrentando en la actualidad y que afectan a un futuro muy cercano. Cada vez son más las campañas de sensibilización social y la concienciación de las empresas hacia una economía más verde, pero aún así hace falta un gran compromiso global para que el mundo siga siendo un lugar habitable.

No todos los lugares de la tierra se ven afectados de la misma manera. El continente africano, por ejemplo, vive desde hace más de cuatro décadas una gran sequía que afecta a los sistemas de cultivo y, por tanto, a la propia alimentación. La FAO alertó el pasado año de los problemas que esto está acarreando e instó a desarrollar un nuevo modelo productivo más proactivo “basado en los principios de reducción del riesgo para aumentar la resiliencia frente a las sequías”.

Africa se sitúa en una de las zonas más secas de la tierra. Incluso algunos países han tenido que restringir por ley el consumo por persona. En Ciudad del Cabo, en 2018 los embalses tocaron su mínimo, estando por debajo del 20% de su capacidad. En la actualidad hay muchas personas que sufren por falta de agua. En 2017 se estimó que en torno a 1.200 millones de personas tiene escaso acceso al agua limpia y potable. La falta de agua provoca también hambruna, insalubridad y muerte.

Pero la escasez del agua no es solo un problema que afecta a África. De hecho algunos expertos empiezan a hablar de la ‘guerra del agua’, refiriéndose a lo que podría ocurrir en años venideros.

Actualmente, unas 4.500 millones de personas viven sin un sistema adecuado de saneamiento de agua y se estima que casi un 11% de la población humana no tiene acceso al agua potable. Y si crees que estás a salvo en una ciudad de un país desarrollado, ten en cuenta que se prevé que para el 2050 otro 10% de los habitantes de las ciudades perderán acceso al agua potable. Y eso es sólo ‘la punta del iceberg’: también se proyecta que la demanda de agua excederá el agua disponible en hasta un 40% en el 2030.

Una posible solución

Para afrontar el problema de la escasez de agua en varios países de África, la ONG GivePower ha construido en Kenia una instalación capaz de convertir agua salada en agua dulce. Consiste en un sistema de filtración de agua muy novedoso y una nueva tecnología de desalinización, a través de energías renovables.

Para que este mecanismo funcione se necesitan granjas solares para generar energía, y para almacenarla han utilizado varias baterías Tesla. Las energías renovables provienen de la naturaleza, no son contaminantes y son inagotables. La energía puede ser eólica, hidroeléctrica, geotérmica o solar, como en este caso.

La ONG ya tiene experiencia en la fabricación de este tipo de instalaciones, ya que gracias a ellas han abastecido de agua potable a varias regiones de Puerto Rico, El Congo o Haití, además de haber proporcionado agua a miles de centros educativos en casi una veintena de países.

Uno de los problemas a los que se ha enfrentado esta organización sin ánimo de lucro son los altos costes, que esperan reducir en los próximos meses con la utilización de módulos solares más pequeños. De momento son capaces de trasformar 75.000 litros de agua potable al día, para abastecer aproximadamente a 35.000 personas.

Este tipo de iniciativas podrían cambiar la tendencia de un continente asestado por la propia naturaleza y, sobre todo, por el efecto (en este caso pernicioso) de la acción del hombre.

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