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La ‘guerra del agua’, un conflicto que no tardará en estallar

Viviendo en la Tierra, a uno le puede extrañar el hecho de que en ‘el planeta azul’ falte agua. El 71% de su superficie está cubierta de este líquido y, en total, contiene (en el aire, sobre la superficie y por debajo) casi 1.400 millones de kilómetros cúbicos. Esta sustancia tan abundante es la razón por la que la Tierra fue capaz de desarrollar vida y es, de momento, el único planeta que conocemos donde se encuentren seres vivos. Sin embargo, gran parte de esa agua no nos sirve para hidratarnos: el agua dulce, recurso natural indispensable para el medio ambiente, representa sólo un 2,5% en el planeta. En todo el mundo, un mísero 0,5% del agua disponible es agua dulce no-contaminada, apta para el consumo humano.

Es un recurso renovable gracias al ciclo hidrológico, pero eso no significa que sea ilimitado, ni que sea universalmente disponible. Además de las 4.500 millones de personas que viven sin un sistema adecuado de saneamiento de agua, se estima que casi un 11% de la población humana no tiene acceso al agua potable. Y si crees que estás a salvo en una ciudad de un país desarrollado, ten en cuenta que se prevé que para el 2050 otro 10% de los habitantes de las ciudades perderán acceso al agua potable. Y eso es sólo ‘la punta del iceberg’: también se proyecta que la demanda de agua excederá el agua disponible en hasta un 40% en el 2030.

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Foto: Getty

¿A qué se debe la creciente escasez?

Hay varias razones interrelacionadas. Una de las más evidentes es el aumento de la población: más personas requieren más agua, no sólo para beber directamente, sino para alimentar a los animales y a las plantas de los cuales nos alimentamos, así como para otras industrias. En el año 1950, había poco más de 2,5 miles de millones de personas sobre la Tierra. Para el 2050, esa cifra se verá cuadriplicada, a pesar de que el índice de crecimiento ha ido bajando cada década desde los años 60.

El aumento de la población es particularmente perjudicial para las reservas de agua subterráneas, las cuales contienen un 30% del agua dulce del planeta y representan el 70% de las extracciones del precioso líquido. Estos acuíferos son particularmente vulnerables a la explotación insostenible.

Por otro lado, los cambios drásticos en el medio ambiente están afectando la cantidad y calidad de agua disponible. El cambio climático es un proceso natural, pero la actividad humana ha ido acelerando el ritmo de este fenómeno desde la Revolución Industrial, causando desequilibrios alrededor del mundo. El efecto invernadero producido por los gases que emitimos causa un calentamiento global, lo cual derrite nuestros glaciares y el hielo de los polos, aumentando el nivel del mar (lo cual amenaza con engullir varias ciudades, así como países insulares), mientras que en las zonas más cálidas se experimentan sequías y olas de calor severas.

En otras partes del mundo, las lluvias excesivas, así como los fenómenos más dañinos, tales como inundaciones, ciclones, huracanes y tifones, se producen más frecuentemente y en lugares insólitos, donde la infraestructura no está preparada para manejar semejantes eventualidades. A su vez, la deforestación elimina la vegetación que filtra el agua de las precipitaciones antes de que desemboquen en los acuíferos, y que sirven de barrera natural contra el escurrimiento y las inundaciones.

Finalmente, la triste realidad es que desperdiciamos esta preciada sustancia. Muchos sectores de la actividad humana terminan contaminando el agua, la cual sólo recibe algún tratamiento de purificación sólo en el 20% de los casos antes de ser reintroducida a la naturaleza. Y es que la purificación es cara, más aún que el coste de hacer llegar agua limpia desde otro país. A su vez, la infraestructura alrededor del mundo se encuentra en un severo estado de deficiencia; en España, las fugas en sistemas de tratamiento de agua son responsables de la pérdida de un cuarto del agua potable.

Subestimamos su importancia

No estamos valorando el agua lo suficiente, y quizá sea porque no le asignamos un precio apropiado. Según la ONG WaterAid, el agua nos cuesta en promedio un 0,1% de un salario mínimo. En países donde hay más escasez y más pobreza, la cantidad mínima diaria recomendada le costaría a una persona el 45% de sus ingresos ese día.

Hay que tomar consciencia de la importancia vital de este líquido. En el Medio Oriente (donde el 1% del agua dulce del mundo abastece al 5% de la población mundial), ya se están desarrollando conflictos entre los sectores económicos de la agricultura e industriales.

Si no queremos acabar en guerras por el agua, es imperativo a que la consumamos y tratemos de manera más responsable.

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