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"Hicistes" y "dijistes", las palabras que escandalizan al México más hipócrita y clasista

Hicistes y Dijistes, las palabras que indignan a la peor cara de México. (Foto tomada de Twitter/@AnaPOrdorica)
Hicistes y Dijistes, las palabras que indignan a la peor cara de México. (Foto tomada de Twitter/@AnaPOrdorica) (Hicistes y Dijistes, las palabras que indignan a la peor cara de México. (Foto tomada de Twitter/@AnaPOrdorica))

"Hicistes" y "Dijistes" son palabras que usan muchos mexicanos. Quizá Carlos Loret de Mola nunca las ha escuchado y por eso se mostró especialmente indignado. En su noticiero, el comunicador explotó contra los nuevos libros de texto de primaria. Entre otras cosas, dijo que a los niños "les enseñan que está bien dicho" expresarse con esas palabras. Y, como podía saberse, el México más hipócrita y clasista le siguió la corriente en Twitter.

La página a la que Loret hace alusión, que luego se difundió en Twitter, sí explica por qué se utilizan esas palabras y también menciona otros ejemplos de redundancia ("salir para afuera"), pero hace una precisión que ni siquiera podría ponerse a debate: no hay que discriminar a nadie por cómo se expresa. En un país que encuentra muchos motivos cotidianos para derrochar su clasismo, Loret de Mola dio el argumento del millón: las personas que se hablan de ese modo son ignorantes, no recibieron educación y, por añadidura, forman parte de los resentidos sociales que ellos, hablantes de un perfecto idioma, ven en todos lados.

Muchos acudieron a la vieja confiable: la RAE, y la RAE no considera correctos esos usos. Ciertamente, en ese nivel educativo, cuando los niños adquieren bases eternas en lo académico y personal, podría dejarse claro que esos usos deberían moderarse. Pero definitivamente no pueden censurarse porque no puede negarse lo que existe: en México, ese país aparentemente desconocido para muchos pontificadores del lenguaje, hay mucha gente que habla así. Y entre toda la discusión, se pierde de vista lo más importante: ningún uso del lenguaje amerita ser discriminado —no tiene nada que ver con preferencias políticas ni ideológicas—.

Y tampoco es que ese uso refleje ignorancia, como insisten los asustados. Lo explica a la perfección la lingüista Violeta Vázquez-Rojas en su ensayo Contra la discriminación lingüística: en defensa de nadien. La académica pone como ejemplo al ingeniero José Hernández, astronauta nacido en California, hijo de campesinos mexicanos originarios de Michoacán. "Cuando lo entrevistan, es fácil reconocer, por los sonidos de sus palabras, que José no miente sobre su origen: dice “íbanos en un carrito”, “es una bonita esperencia”, “la cero gravedá”, “produjiera resultados”. Su forma de hablar no es una manifestación de falta de preparación: es la huella que ha dejado en su manera de expresarse el habla de sus padres, su interacción con otros migrantes y las miles de conversaciones que sostuvo José con los suyos en la pisca de California", explicó Vázquez-Rojas.

Ella lo resume en una frase clarividente: "Dime cómo hablas y te diré con quién andas pero, sobre todo, te diré con quién andabas cuando aprendiste a hablar". El lenguaje, como se puede ver, es la suma de experiencias que construye a cada persona y no es un indicador ni de la inteligencia de una persona ni de sus capacidades. Pero algunos lo han instrumentalizado como una excusa perfecta para relucir una cara discriminatoria porque, además, negar la cruz de la parroquia es muy propio de quienes se dan aires de pureza intelectual: como si nunca hubieran escuchado esas palabras en la calle, en casa, en una oficina, en el transporte. Treparse el escalón de la superioridad simplemente los deja en evidencia: aparte de clasistas, tienen la doble cara para escandalizarse por una realidad que si no han conocido es porque viven debajo de una piedra.

El idioma es de todos y cada variación es respetable en tanto refleja la identidad de los hablantes. No debería servir como arma para los clasistas. "Y, al igual que las otras caras de la discriminación, la discriminación por sociolecto no tiene base científica: todos los humanos estamos igualmente dotados de la capacidad del lenguaje, y en todos esta capacidad configura un sistema complejo e infinitamente productivo. No existe una deficiencia intelectual asociada al habla popular. No existen hablas 'limitadas', ni 'deficientes', pero sí situaciones comunicativas intimidantes en las que quienes hablan un sociolecto estigmatizado se enfrentan a quienes hablan uno privilegiado", detalla Violeta Vázquez-Rojas.

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Eso resultará imposible de entender para los elitistas del lenguaje y para los enajenados del lenguaje. Unos porque han conocido una realidad toda su vida y únicamente dan por válidos sus estándares de habla y de inteligencia; y otros porque consideran que hablar "bien" les otorga un estatus que siempre han soñado y que, en su visión, les diferencia del resto, de ese resto al que pertenecen aunque renieguen hasta la médula del hicistes y del dijistes.

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