Economía para todos

Zug, la ciudad con menos paro de Europa: ¿cómo lo hacen?

En tiempos en los que quien tiene un trabajo tiene un tesoro, el paraíso del pleno empleo existe y tiene nombre: Zug. Se trata de una pequeña ciudad de Suiza con más puestos de trabajo que habitantes y donde los impuestos están entre los más bajos del continente europeo.

Capital del cantón germanohablante del este del país, Zug es la sede de casi 13.000 compañías, muchas de ellas multinacionales, que ofertan 31.800 puestos de trabajo a sus poco más de 27.000 habitantes, según los datos que ofrece la web oficial de la ciudad.

Esta situación tan poco común hace que la tasa de desempleo sea inferior al 2%, porcentaje sorprendente si uno piensa que la tasa natural de paro —la que no dispara la inflación- ronda el 4%, y que en el conjunto de Suiza el paro es del 3%.

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La ausencia de desempleo ha hecho que Zug se convierta en una suerte de tierra prometida para el resto los trabajadores, no solo europeos, sino de todo el mundo. De hecho, aproximadamente el 30% de los residentes de la localidad son extranjeros de hasta 128 países distintos.

Vista de la ciudad vieja de Zug (www.zug-tourismus.ch).

Sin embargo, el paraíso Zug no es para todos: el 76% de la población comprendida entre los 25 y los 64 años tiene formación universitaria. Así y todo, muchas empresas, sobre todo multinacionales, se quejan de que no encuentran trabajadores cualificados, como contables o personal de oficina.

'Pobres' con 70.000 euros
Vivir en Zug no es barato. La ciudad está llena de coches de lujo, pero no todo son alegrías: dicen que quien no gana más de 200.000 euros al año tiene dificultades para llegar a fin de mes.

Por eso las familias que ganan menos de 70.000 euros anuales —unas tres veces la renta per cápita española— reciben una ayuda pública mensual del cantón para pagar su hipoteca.

La clave, una menor carga fiscal

Pero, ¿por qué ha conseguido Zug convertirse en la única ciudad europea sin paro? Suiza se ha convertido en un imán de gente cualificada que quiere integrarse en un país donde las cosas casi nunca van mal.

Sin embargo, el secreto de la ciudad suiza está en sus impuestos: las personas físicas solo pagan un 22,9%, mientras que las compañías pagan un muy generoso impuesto de sociedades del 15,4%, aproximadamente la mitad que en España y el resto de los países ricos de la OCDE.