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Los riesgos y costes de que cada vez seamos más analfabetos en matemáticas

Jaime Quirós – ¿Sería usted capaz de calcular cuántos euros son 100 dólares? ¿Y de explicar el tipo de interés que tiene aplicado en su hipoteca? Si ha respondido afirmativamente a las dos preguntas anteriores puede sentirse orgulloso, porque lo habitual es que al menos un 25% de la población no sepa las respuestas. Es lo que conocemos como analfabetismo matemático.

A los niños en el colegio les dicen siempre que las matemáticas son necesarias en la vida, algo que ellos no suelen entender. Pero si nos paramos a pensar vivimos rodeados de números. No hacemos derivadas de segundo grado para ir a hacer la compra y puede que tampoco usemos el teorema de Pitágoras, pero hay aspectos matemáticos básicos que tenemos más cerca de lo que pensamos.

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Foto: Olimpiadas de matemáticas. (Facebook.com/EGMO2017)

El concepto de analfabetismo matemático está adquiriendo cada vez más popularidad y no es para menos. En los países desarrollados no deja de aumentar el porcentaje de habitantes que no tiene siquiera unos conocimientos matemáticos básicos, tales como calcular un porcentaje de descuento en una compra o dividir la cuenta de una cena entre amigos. Por no hablar de una comparativa entre dos seguros de casa o dos planes de pensiones.

El problema surge cuando la población reconoce que no sabe matemáticas, pero no lo ve como un impedimento y no le preocupa. La tecnología que tenemos al alcance de nuestra mano hace que podamos resolver operaciones al instante y sin pensar, tan sólo tecleando unos números. Casi cualquier duda numérica nos la puede resolver un aparato con pantalla, desde la calculadora de toda la vida hasta los más modernos smartphones. Con un simple movimiento de dedos, problema resuelto.

No vamos a negar que es maravilloso llevar siempre la calculadora en el móvil, pero nos está volviendo ‘ineptos’. Se pierde la capacidad de calcular, y lo que es peor, de ser críticos con los cálculos. La tecnología nos resuelve las operaciones, pero no piensa por nosotros, no razona qué es más ventajoso entre dos posibles seguros o en una inversión a largo plazo. Se pierde la capacidad de análisis, innata de los seres humanos.

Esta falta de conocimiento no se da sólo entre los que nos rodean. El pasado año, la portavoz de interior del partido laborista del Reino Unido demostró su desconocimiento en una entrevista radiofónica cuando le preguntaron cuanto costaría contratar a 10.000 policías. Dio una primera respuesta completamente disparatada, y al darse cuenta de su error intentó rectificarlo sin éxito, dejándose incluso en mayor evidencia. Este caso deja la duda sobre dónde está origen del problema, ya que esta mujer ha sido educada en los lugares más prestigiosos del mundo.

No sólo es preocupante el hecho de que cada vez haya más analfabetización matemática, sino que desde las diferentes empresas asumen que la sociedad sí tiene unos conocimientos de aritmética básicos. Por ejemplo, pueden otorgar un crédito a alguien, creyendo que tiene competencias matemáticas básicas, y realmente esa persona no comprende por qué paga unas u otras cantidades.

En teoría todos hemos estudiado lo fundamental, pero ¡dónde estarán las clases de matemáticas del colegio! Entre lo lejanas que quedan esas lecciones y las facilidades que nos da la tecnología, el problema es cada vez más grave. Mientras no seamos conscientes de ello y no nos empiece a preocupar, sólo puede seguir aumentando.

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