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La guerra de monedas entre los países occidentales enfrenta a París y Berlín

La guerra del cambio de monedas ya está lanzada y, Europa, sale perdiendo. Los bancos centrales de Estados Unidos, Japón e Inglaterra no han dudado en poner en marcha la máquina de billetes comprando copiosas sumas de bonos y manteniendo unos tipos de interés próximos a cero. En la actual coyuntura, eso significa una devaluación de su moneda y una penalización para las exportaciones europeas.

Como resultado, en los últimos tres meses el euro se ha apreciado un veinte por ciento con respecto al yen japonés; un ocho en relación a la libra esterlina británica; un siete sobre el dólar estadounidense; e, incluso, un tres en referencia al franco suizo.

“Debemos reflexionar sobre el lugar de nuestra moneda, el euro, en el mundo”, lanzó el presidente francés, François Hollande, en su alocución el martes en el Parlamento Europeo en Estrasburgo. “No puede flucturar según los humores del mercado. Una zona monetaria debe tener una política de cambio. Si no, se le impone una paridad que no corresponde con el estado real de su economía”.

Hollande criticaba así que, las otras grandes potencias occidentales, puedan recurrir a sus entidades financieras para estas devaluaciones. A pesar de la supuesta independencia del Banco de Japón, el nuevo gobierno consevador ha impuesto una política monetaria más flexible.

En el caso de Estados Unidos, la Reserva Federal adquiere mensualmente 85.000 millones de dólares en activos. Y, el Banco de Inglaterra, sigue una vía similar. Aunque el gobierno alemán de Angela Merkel se muestra en contra, la reacción de Hollande presiona al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, para que en la reunión de este jueves haga una excepción.