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¿Tienes un móvil chino? Tal vez deberías preocuparte…

El CEO de Huawei, Richard Yu, muestra el nuevo teléfono inteligente Huawei P30 durante una presentación, en París, el martes 26 de marzo de 2019. (AP Photo / Thibault Camus)

Samantha Hoffman, analista sobre asuntos de seguridad en China, ha publicado un alarmante informe bautizado como “Engenieering Global Consent” (la ingeniería del consentimiento global) en el que se alerta sobre una realidad de la que no todo el mundo es consciente: la expansiva política china relacionada con la privacidad y los datos del usuario.

Los recientes incidentes en torno a Huawei y el veto de la administración Trump no son sino la punta del iceberg de una realidad en la que buena parte de la población, según esta experta, se ve sometida al ‘Gran Hermano’ del partido Comunista que rige el país.

Si este régimen siempre ha tenido un control férreo sobre la información y la actividad de sus ciudadanos, la eclosión de internet no ha hecho sino empeorar las cosas y Hoffman extiende los tentáculos del control a “la tecnología en general”.

Según la experta, el partido comunista chino entiende la tecnología como una herramienta de “gestión social” para tener un control coercitivo sobre la sociedad. Y claro, tener un móvil procedente de aquel país puede hacerte vulnerable en este sentido según esa tesis.

El Gran Hermano se queda corto

Hoffman va todavía más allá y alerta que no se trata solo de un control con mano de hierro, sino de una lenta pero constante modelación de la forma de pensar de sus habitantes. Si te fijas, en China la plataforma de pago dominante se basa en el móvil (WeChat, AliPay…), una actividad que pasa por la autoridades que de golpe y porrazo saben dónde ha estado una persona en un momento determinado y cuánto dinero ha gastado en un producto dado.

Esta analista destaca, además, que este control se está aplicando ya en aquel país, indicando la existencia de “listas negras” de ciudadanos a los que se impide moverse libremente o adquirir billetes de avión, por poner un ejemplo.

Y situaciones propias de Black Mirror están teniendo lugar en este momento en China: Hoffman pone el ejemplo de Xinjiang, localidad en la que las autoridades controlan los movimientos de la población musulmana mediante códigos QR en las puertas de sus domicilios, de manera que la policía sabe quién se encuentra en el domicilio en un momento dado. ¿Qué pasa si alguien no escanea el código o sale por la ventana? Será considerado como sospechoso…

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