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Tamara Falcó no se merece lo que ha pasado con su serie en Netflix

·11 min de lectura

Desde hace tiempo, las cosas están cambiando tanto en televisión como en plataformas digitales como Netflix. El reciente estreno de Tamara Falcó: La marquesa es una fehaciente prueba de ello. La oferta es tan amplia como la demanda y hay contenido para todos los gustos. Pero con esta nueva propuesta con la hija de Isabel Preysler como protagonista muchos se han llevado las manos a la cabeza señalando el declive y descenso a los infiernos de la compañía de entretenimiento. Una cosa ha llevado a la otra y, sin saber cómo, Tamara ha vivido, a mi modo de ver, un capítulo muy tétrico más allá de su serie y lo que cuenta en ella. Algo que siento no se merecía.

Tamara Falcó: La marquesa (cortesía de Netflix)
Tamara Falcó: La marquesa (cortesía de Netflix)

El pasado 4 de agosto Netflix ponía a disposición de sus afiliados Tamara Falcó: La marquesa, una propuesta distinta y cada vez más presente en esta plataforma. Podría decirse que una fusión entre realitly, serie y documental que muestra la vida tras bambalinas de un personaje público como fue el caso de Soy Georgina (sobre la influencer Georgina Rodríguez y pareja de Cristiano Ronaldo). La vida de los demás, sobre todo si son ricos y famosos, genera mucha curiosidad y en el caso de Tamara, que siempre ha despertado interés por su cuna y su carácter tan peculiar, el morbo se multiplica. Si a eso le sumas una propuesta muy atrevida y personal que va más allá de cómo es la vida ideal de una chica de la alta sociedad, el tema adquiere un matiz aún más interesante.

Y así mismo ha sido. Aunque la palabra marquesa de entrada en el título cause cierto rechazo y pueda dar una impresión que no es, la realidad, viendo la serie, es una bien distinta. Pero claro, hay que querer verla y tomarse el tiempo para no caer en la banalidad y clichés facilones. Si te quedas en la superficie y no vas más allá de las firmas de alta costura, la alta gama de coches y la suntuosidad de todo lo que sale en la serie de 6 episodios, no has entendido el trasfondo de este proyecto. Lo que ha hecho Tamara, y por supuesto su equipo, con esta propuesta televisiva abarca detalles muy personales, sensibles y emotivos de lo que las críticas han hecho querer ver. Para eso hay que quitarse de la cabeza todas las expectativas, las ideas fijas y darse a la predisposición y prestar atención.

Por primera vez en la historia, me atrevo a decir que Tamara se come con patatas a su madre Isabel Preysler, muy presente en esta serie, y mira que eso es difícil. No lo digo en el mal sentido de la palabra ni haciendo un feo a la reina de la prensa rosa, sino todo lo contrario. Hasta ahora, la pareja de Mario Vargas Llosa ha opacado a todo y todos con su presencia, elegancia y saber estar, pero en esta serie la protagonista es su hija y a pesar de compartir planos con su madre, de lo más cariñosa y divertida, por cierto, la hija del Marqués de Griñón le ha robado el show a su progenitora con creces. ¿Cómo lo ha hecho? Pues siendo ella misma, mostrando sus luces y sus sombras, sus miedos y sus cabreos, y con algo mucho mejor, una sinceridad atroz sobre algunos momentos bastante delicados de su vida que hemos descubierto por aquí.

Tamara Falcó: La marquesa (cortesía de Netflix)
Tamara Falcó: La marquesa (cortesía de Netflix)

No olvidemos que el centro de esta historia es su padre, Carlos Falcó, a quien dedica esta serie y el propósito de la misma desde el primer minuto hasta el último. Hay que verla para entenderla, pero lo que sí puedo destacar de esta historia es un amor profundo de padre e hija más allá de la herencia millonaria que representa El Rincón, palacio histórico que Tamara recibió tras su muerte y donde hace un tributo extraordinario a su progenitor con el plan de abrir un restaurante. Pero detrás de todo lo que hace profesionalmente y cómo remueve Roma con Santiago para conseguir su homenaje, hay una historia conmovedora a la que no se ha hecho justicia y que a mí me ha emocionado. Tamara toca sin profundizar demasiado la triste muerte del marqués a los 83 años a causa del coronavirus. Ocurría en marzo del 2020 cuando la pandemia explotó mundialmente y nos tuvimos que recluirnos en nuestras casas sin poder salir a la calle, ver ni despedir a los familiares y amigos afectados por esta enfermedad.

Su partida fue especialmente dolorosa por las circunstancias que la rodearon y el drama que supuso este virus en sus momentos iniciales de expansión sin límites. No voy a adelantar mucho de lo que la serie relata porque para entenderla, hay que verla. Pero hay un momento que para mí es fundamental para empatizar con Tamara y la relación con su padre, una escena en la que su protagonista no puede contener las lágrimas al hablar de la carta de amor que le escribió su padre antes de morir. Creo que ahí radica el centro de esta historia y el motivo por el que la serie no se merece la cantidad de adjetivos descalificativos que ha recibido solo por el hecho de ser una 'niña pija'. Muchos son juicios de valor basados en la superficialidad de lo que se conoce de la familia de Tamara en el papel cuché, los rumores y las portadas de revista.

Entiendo que para gustos se hicieron los colores, pero he leído cosas feas sobre su persona y esta iniciativa solo por ser quién es. Hay quienes incluso han acusado la bajada de afiliados a Netflix por ofrecer propuestas como esta, la cual, que no se les olvide, está entre las 5 más vistas en sus primeros días de estreno. Es como si ciertos sectores esperan que esta plataforma solo produzca series como Los Bridgerton, Peaky blinders o Stranger things por darles categoría, y restan relevancia a espacios como el de Tamara por considerarlo contenido rosa. Y en esa pelea, de alguna manera, ella se ha visto envuelta en ataques que nada tienen que ver con la crítica constructiva de algo que no te gusta. Es el ataque por el ataque, el opinar por opinar. Haciendo un repaso por Twitter parece que muchos se han quedado con la imagen superficial y el estereotipo que se ha creado de ella en España, perdiéndose así a la mujer que hay detrás, más allá de todo lo frívolo y aparente.

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Todo sea dicho, también hay quienes han aplaudido el coraje de Tamara y sus ganas de plasmar en una serie lo que le apetecía contar sobre su vida. Aunque muchos se amparan en que nada de esto hubiera salido adelante sin un equipo estrella que haya sabido sacar lo mejor de ella, eso no resta ni un ápice de valor al resultado de esta serie, la cual está teniendo un gran alcance (a día de hoy la cuarta más vista en Netflix). ¿Acaso es ella la única persona a quien un buen equipo la hace brillar? La historia de su vida no deja de ser curiosa y llena de situaciones pintorescas fuera de lo normal. Pero parece que el hecho de tener dinero, venir de una familia de cuna, tener hermanos famosos, muchos recursos y vivir una vida de millonaria a ella no le da derecho a contarlo y a otros sí para machacarla.

Yo no tengo interés alguno en Tamara ni en su vida, soy ajena a todo lo que le rodea y nunca me ha interesado demasiado lo que representa ella y su familia. He visto la serie por trabajo y desde la más absoluta objetividad y, sinceramente, no entiendo tanto ensañamiento contra un contenido que no deja de ser una historia más de las muchas que hay, eso sí, con la diferencia de que es alguien famoso y millonario, cuya vida, aunque no lo parezca, también ha tenido sus espinas. Si no te gusta, no la veas, y si criticas, hazlo con argumentos. Pero recurrir siempre a la misma coletilla es aburrido. Todas las opiniones, buenas y malas, se respetan, pero no los ataques ofensivos para hacer daño.

Tamara, nos guste o no, es una personalidad indiscutible de la alta sociedad española, sin ella buscarlo. Pero su secreto para que caiga bien, la inviten a realities y gane programas como MasterChef Celebrity radica en que es una persona sin máscaras ni filtros que tan pronto saca el carácter fuerte que tiene, como te dice que ha tenido una resaca horrible o te muestra sus imágenes con el Papa en Roma. Tal cual la ves, así es, sin trampa ni cartón, y eso es básicamente lo que la define y se plantea en este reality atípico. Ni la fama ni el dinero le han restado naturalidad ni frescura, aunque en algunos casos no sea santo de tu devoción.

No se nos puede olvidar otro detalle muy importante que se ha escapado a la mirada de muchos y que creo es una pieza fundamental en este documental: su relación con su novio Íñigo Onieva y su manera de abordarla. Desde que ella y el ingeniero empezaran a salir, los rumores de infidelidad por parte del él han estado pululando sin descanso. Ante la prensa, Tamara se ha mostrado muy cerrada a hablar de ello y ha preferido ser muy reservada al respecto. Pero en su serie no ha tenido reparo en abrir su corazón y contar lo que verdaderamente siente. Puedo ratificar que se la ve muy enamorada y que, a pesar de ser el agua y el aceite como ella misma indica, ambos apuestan por su historia. La empresaria no da credibilidad a todo lo que se dice de él en los medios ni permite que le afecte a su día a día. Cada uno tiene sus intereses, bastantes diferentes, pero coindicen en lo más importante, en sacar adelante su relación, digan lo que digan los demás. El hecho de que Íñigo tenga un Club y trabaje en la noche podría ser para muchos un obstáculo en la relación con Tamara, pero no para ella, quien en alguna ocasión se ha dejado ver por su local ejerciendo de Dj a pesar de no tener mucha idea. Son muy distintos y eso les une mucho más. Ella acude a su negocio y él la acompaña a misa los domingos. Como dice Boris Izaguirre, uno de los invitados en esta serie, son acuerdos a los que se llega como pareja.

Tamara Falcó: La marquesa (cortesía de Netflix)
Tamara Falcó: La marquesa (cortesía de Netflix)

Este mini reality, he de decir, también deja entrever un tema muy delicado. El joven todavía está a prueba ante los ojos de Isabel Preysler, cuyas miradas hacia él y la relación de ambos, no dejan de ser inquietantes y llamativas. La matriarca apoya a su hija en todo y no hace un mal gesto con respecto al amor de Tamara, pero se nota a la legua que Íñigo no se ha ganado del todo su confianza. O al menos así lo percibo. A pesar de no contar con una aprobación contundente de su madre, quien le da la libertad de hacer y elegir, Tamara no negocia con eso. A ella sí le gusta, y no solo eso, asegura que es su gran amor, así que nadie, por muy familiar que sea, le va a quitar la ilusión. Tal es así que Íñigo es su mayor apoyo y mano derecha en esta historia en la que sale a cada momento de su mano y dándola besos. Cuenta con él para casi todo y sus consejos suenan a música para Tamara. Su unión emana muchas risas y un gran sentido del humor, dándole al reality un poco de flexibilidad y buen rollo cada vez que están juntos.

Como diría la famosa letra de una de las canciones de Mecano, 'y lo que digan los demás, está de más', al menos para Tamara, quien, a juzgar por esta serie, piensa seguir haciendo lo que le da la gana y aquello en lo que cree, aún yendo a contracorriente. Ahí mismo suelta la indirecta de una posible segunda temporada, material tiene de sobra para varias. Tamara podría ser una serie en sí misma porque cumple con todos los requisitos para ello. Más allá de dinero, posee carisma, encanto y mucho que contar, así que lo siento por los que se quejan pero creo que habrá Tamara para rato.

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