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Por qué firmar un email de trabajo con un emoji sonriente podría ser una mala idea

Firmar un email de trabajo con un bonito emoji podría provocar ceños fruncidos y no sonrisas (David Becker / Getty Images).

La próxima vez que firmes un email de trabajo con un emoji sonriente o un guiño, es mejor que los pienses dos veces.

Lejos de dar la impresión de ser un compañero de trabajo amistoso, es más probable que des a entender que no eres tan competente como pudieras creer.

Una investigación de la Universidad Ben-Gurión llegó a la conclusión de que los emoji sonrientes y otros emoticonos similares incluidos en emails de trabajo pueden no crear una impresión positiva e incluso podrían debilitar el intercambio de información.

“Nuestros hallazgos ofrecen por primera vez evidencias de que, al contrario de las sonrisas reales, los emoticonos no hacen que se perciba mayor amabilidad y en realidad hacen que se perciban menores competencias”, dijo la doctora Ella Glikson.

“En emails formales de negocios, un emoticono sonriente no es una sonrisa”.

La Universidad de Ben-Gurión colaboró con la Universidad de Haifa y la Universidad de Ámsterdam para llevar a cabo una serie de experimentos con un total de 549 participantes de 29 países distintos.

En un experimento, se pidió a los participantes que leyeran un email de trabajo de una persona desconocida y que evaluaran lo competente y simpática que era esa persona.

Todos los participantes recibieron mensajes parecidos. Algunos incluían emoticonos y otros no.

Los resultados demostraron que, en contraste con las sonrisas de verdad ‒que aumentan la sensación de competencia y simpatía‒, en un email los emoticonos no tuvieron efecto sobre la percepción de simpatía y, de hecho, sí tuvieron un efecto negativo sobre la percepción de competencia.

“El estudio también descubrió que al pedirles que respondieran a emails relacionados con asuntos formales, las respuestas de los participantes fueron más detalladas e incluyeron más información relacionada con el contenido cuando el email no incluía un emoticono”, dijo la doctora Glikson.

“Descubrimos que las percepciones de baja competencia si se incluía un emoticono se traducían en un debilitamiento en el intercambio de la información”.

El estudio también se fijó en el género. Los investigadores se dieron cuenta de que si se desconocía el género de la persona que escribía el email, los receptores eran más propensos a dar por hecho que había sido enviado por una mujer si incluía un emoticono. Sin embargo, el hecho de que se atribuyese a una mujer, no influyó en la evaluación de competencia o simpatía.

La doctora Glikson agregó: “Al menos por ahora, un emoticono solo puede sustituir a una sonrisa de verdad cuando ya se conoce a la otra persona. En las primeras interacciones, es mejor evitar el uso de emoticonos, independientemente de la edad o el género”.

Mark Dorman