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Las organizaciones terroristas más ricas del mundo

Causan mucho temor en todas partes del mundo y sus nombres aparecen casi a diario en las planas de los periódicos: son las organizaciones terroristas que, por diversas causas, siembran el luto y el pánico en miles de familias.

Pero estos grupos no caen del cielo por obra de un dios maligno; sus estructuras casi siempre están sustentadas por donativos de empresarios afines, de gobiernos que necesitan de su existencia, así que por el resultado de sus operaciones de robo y extorsión de activos.

De manera que detrás de los charcos de sangre y del sufrimiento de miles de personas hay un entramado financiero. De lo contrario, estas organizaciones terroristas no podrían sobrevivir.

Seguidores de Hezbollah en el Líbano. Junio de 2017. REUTERS/Aziz Taher

La revista Forbes le ha dedicado uno de sus trabajos de investigación, en busca de determinar cuáles son los grupos terroristas más ricos del momento. Porque tras el cierre del año 2017 con ocho enormes ataques terroristas, cada uno con un saldo de más de 100 muertes, se hace necesario el análisis.

Forbes ha creado un informe único con información de la Base de Datos Global de Terrorismo de la Universidad de Maryland, una extensa base de datos que demuestra cuán dominantes son estas mismas organizaciones terroristas en la industria mundial de los asesinatos. Valga considerar que, en 2016, por ejemplo, se registraron 13.488 ataques terroristas diferentes, por lo que para ello fue necesario emplear mucho dinero.

Como precisa la revista, no es coincidencia que las organizaciones terroristas más letales del mundo sean también las más ricas. “Existe una clara conexión entre los dos factores”, apuntó el Mayor General (Reserva) Amos Gilad, presidente del Instituto de Política y Estrategia y ex jefe de la Oficina de Seguridad Política del Ministerio de Defensa. “El componente financiero de las organizaciones terroristas es crítico y su indispensabilidad para los ataques terroristas es como el combustible para el automóvil”.

En 2016, más de la mitad de los ataques terroristas atribuidos a organizaciones específicas fueron llevados a cabo por el Estado Islámico, los Taliban o Al-Qaeda, contribuyendo a la triste cifra de 34.700 personas asesinadas por ataques terroristas en ese año.

Pero hay más. La lista establecida por Forbes ha quedado establecida de la siguiente manera:

En primer lugar, Hezbollah, con 1.100 millones de dólares y en segundo Taliban, con 800 millones de dólares, seguido por Hamas (700 mdd), Al-Qaeda (300 mdd) y Estado Islámico (200 mdd).

Hezbollah, organización musulmana chií libanesa fundada a raíz de la intervención de Israel en su territorio y sostenida económicamente, entre otros, por Irán, es considerado terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos y otros muchos países, aunque algunas naciones árabes la ven únicamente como un movimiento de resistencia legítimo.

Miembros de Al-Qaeda de Somalia. Enero de 2010. REUTERS/Feisal Omar/File Photo

En el caso de Hamas o Movimiento de Resistencia Islámico, se trata de una organización palestina de corte yihadista, nacionalista e islámica que busca el establecimiento de un estado islámico en la región histórica de Palestina, que no reconoce la existencia de Israel y que en las elecciones de 2006 resultó el partido más votado.

Sin embargo, su brazo armado, las Brigadas de Ezzeldin Al-Qassam, proyecta todo tipo de actos de sangre que implican la muerte de civiles y personas inocentes. Declarada como organización terrorista por Estados Unidos, Israel y otros países, desde 2014 esta organización ha dejado de ser jurídicamente considerada como tal por la Unión Europea, como mismo nunca lo ha sido para otros gobiernos.

En el sexto puesto de la lista se sitúa el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), con 180 millones de dólares; en el séptimo, Kata’ib Hezbollah (150 mdd), y en el octavo, Yihad Islámica Palestina (100 mdd).

Para cerrar la lista, aparecen Lashkar-e-Taiba, en el novelo lugar, con 75 millones de dólares, y el Ejército Republicano Irlandés (IRA), con 50 millones de dólares, en el décimo lugar.

Fuentes de financiación y salarios

Lo que sí está claro es que todas necesitan dinero para funcionar, para financiar operaciones, pagar salarios, administrar campos de entrenamiento, adquirir armas, explosivos, medios de transporte y equipo. Sin embargo, según Forbes, el alcance de los recursos para financiar organizaciones terroristas difiere de una organización a otra.

En el caso de Hezbollah, Hamas o Estado Islámico, el hecho de querer mantener sistemas sociales, religiosos, políticos y económicos en determinados territorios hace que se necesiten grandes cantidades de dinero “para gestionar las necesidades de una población bajo autoridad o influencia”.

En estos casos, además del adoctrinamiento, se hace imprescindible asignar fondos para la construcción de viviendas, instituciones educativas, hospitales, organizaciones de ayuda y bienestar; por lo que urge que la población, por su lado, pague impuestos, y que sea efectiva una maquinaria para sacarle provecho a la tierra y a la industria locales.

De acuerdo con un informe del Consejo de Seguridad de la ONU de 2017, el Estado Islámico compensaría generosamente a sus combatientes y utilizaría sus extensas fuentes de financiación para expandir y reclutar combatientes adicionales. El que hasta hace poco fuera el grupo terrorista más rico del mundo solía pagar el doble de los salarios en comparación con otras organizaciones terroristas.

Los logos de Twitter y Youtube frente a una bandera de ISIS flag. MIDEAST-CRISIS/IRAQ-INTERNET REUTERS/Dado Ruvic

Según estimados, mientras un combatiente de Al-Shabaab percibe un salario promedio de aproximadamente 30 dólares por mes, un luchador de Estado Islámico gana 33% más, para cerca de 40 dólares, y 80 dólares si tiene una familia. Para ello, tanto este grupo como todos los demás despliegan actividades de recaudación de fondos como tráfico de drogas, de armas, de tabaco e incluso de seres humanos. También existe el robo bancario o el cobro de dinero en nombre de la “protección” e incluso el secuestro para cobrar rescates.

Pero además se produce, según Forbes, una actividad abierta en la que enormes sumas de dinero cambian de manos entre los organismos de financiación y las organizaciones terroristas. Esta recaudación de fondos involucra a asociaciones, organizaciones benéficas, empresas de negocios, entidades financieras, hombres de negocios adinerados –y como se ha visto en los últimos años– gobiernos y estados de medios.

Países involucrados y nuevas tecnologías

Irán, uno de los tres países definidos por el Departamento de Estado de Estados Unidos como país terrorista (junto con Sudán y Siria), es el principal patrocinador y fuerza detrás de muchas organizaciones terroristas.

“Detrás de cada organización terrorista exitosa hay un sistema financiero y en muchos casos un país”, declaró el jefe de la inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel, el general de división Herzi Halevi, en una revisión de inteligencia realizada este año en la conferencia de Herzliya. “En nuestra región, Irán es el principal financiador de las organizaciones terroristas”.

Por último, la participación de algunos países del Golfo Pérsico ha constituido un pilar importante en la financiación del terrorismo en la región, ya sea indirectamente, al ignorar las transgresiones financieras de entidades privadas en el país, o pagar un rescate por la liberación de ciudadanos secuestrados, como sucedió recientemente con la transacción de rescate por la liberación de 26 miembros de la familia real qatarí que fueron secuestrados en Irak por una milicia local chií, con el apoyo de Irán.

Y en la era de la internet, los grupos terroristas también se aprovechan de los disímiles mecanismos que propicia la red de redes para recaudar fondos. Hace muy poco tiempo, el FBI denunciaba la existencia de una red internacional gestionada por el Estado Islámico que utilizaba cuentas falsas de eBay y Paypal para transferir fondos a operarios en los Estados Unidos; un nuevo elemento, junto al uso de criptomonedas como Bitcoin, que debería llevar a que estados y gobiernos se muestren más vigilantes y activos.

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