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Horiguchi Kumaichi salvó a la familia Madero en la Revolución Mexicana —Carlos Almada recupera su labor en un nuevo libro

Wikimedia Commons.

Un samurái es conocido por su valentía, tesón y liderazgo ante la adversidad. Si bien Horiguchi Kumaichi (1865-1945) no era un guerrero de este talante, ejercía a la perfección sus propias «armas»: la prudencia y la solidaridad.

Horiguchi no se acercaba para nada a la imagen que las películas de Akira Kurosawa y otras representaciones nos han mostrado por años; sabía emplear sus recursos intelectuales y políticos para proteger a las personas, especialmente durante la Decena Trágica, uno de los acontecimientos más oscuros en la historia de México.

En primera instancia, parecería que la presencia del diplomático japonés en nuestro país no tiene ninguna relación. Es más, es posible que no hayas escuchado de él hasta este momento, pero tiene más peso del que imaginas; su actuar fue trascendente para forjar una sólida relación entre ambas naciones y, especialmente, para salvar a la familia de Francisco I. y Gustavo A. Madero tras el asesinato de estos personajes.

La relevancia de Horiguchi Kumaichi en México es rescatada en el libro «Un samurái en la Revolución Mexicana» (Debate-Penguin Random House, 2022), escrito por Carlos Almada, exembajador de México en Japón (2015-2018).

En entrevista para Business Insider México, nos cuenta sobre su investigación acerca de este personaje, la llegada de la comunidad japonesa a territorio mexicano y lo que debemos aprender del actuar del diplomático.

Una colonia llamada Enomoto

Antes de hablar de Horiguchi, es importante aprender sobre el impacto de las relaciones entre ambos países. Estas iniciaron formalmente en 1888 con el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación México-Japón.

Ese pacto fue el primero que el gobierno mexicano firmó con una nación asiática. Además, también es el pionero en reconocer la soberanía del pueblo japonés.

Después de la rúbrica del documento, el impacto de Japón en la cultura mexicana se hizo presente. Prueba de ello fueron las obras literarias de Juan José Tablada y Efrén Rebolledo, las puestas en escena donde simulaban acciones cotidianas de la sociedad japonesa, entre otras.

No obstante, lo más importante fue el arribo de personas originarias del «país del sol naciente» al territorio nacional. Ello fue parte de la misión elaborada y ejecutada por el entonces ministro de Asuntos Exteriores de esa nación, el vizconde Enomoto; tenía como objetivo buscar regiones aptas para colonizar, esto después de que la administración de Porfirio Díaz considerara que la República Mexicana estaba despoblada.

Fue así como en 1897 se fundó en Chiapas la colonia Enomoto. En este apartado de la charla, Kazuo Arima, director creativo de Gallo Surf, firma aliada de Business Insider México, colabora debido a su cercanía con este grupo.

«Es la primera migración organizada de japoneses a América Latina (…). Enomoto (el funcionario) tenía mucho interés en el cultivo de café. Cuando llegaron, el problema que hubo es que venían con pocos recursos financieros, hasta donde yo sé. Tenían gran entusiasmo e interés, pero se establecieron en una zona baja, en donde (esa planta) no se podía producir. El gobierno del general Porfirio Díaz les dio 60,000 hectáreas en Chiapas», detalla el exembajador.

Cooperativa Mexicano-Japonesa

Pese a la adversidad, las personas que habitaron Enomoto formaron la Cooperativa Mexicano-Japonesa (llamada San-Ou) y cuyo auge fue de 1904 a 1912.

«Fue una de las empresas japonesas más importantes en el exterior (de su propia nación). Era muy organizada, muy rica, tenía fábricas, farmacias, etcétera. Era el motor económico de Chiapas. Contaba con una formación filosófica curiosa, la zen, cercana al espíritu samurái e influenciada por los protestantes puritanos de Estados Unidos», destaca el experto.

El balance en la cooperativa se «rompió» derivado de problemas internos ocasionados por dos puntos: la oposición a la propiedad privada y la Revolución Mexicana.

«Eso también hace que la migración no siga los pronósticos originales; (actualmente) queda en Chiapas una comunidad japonesa muy orgullosa de haber llegado a México, (compuesta) de personas muy respetadas, muy trabajadoras. En estos días, se celebra el aniversario del arribo de la migración Enomoto (…). Lo que lamento es que no vinieran más (al país)», puntualiza.

Siguiendo los pasos de Horiguchi Kumaichi en México

Almada, quien es un apasionado estudioso de la cultura japonesa, investigó durante siete años la historia de Horiguchi en México, quien fungió como representante diplomático de Japón entre 1909 y 1913, en el inicio y apogeo de la Revolución.

«Esta obra casi se me impuso. Es un episodio histórico poco conocido, incluso olvidado, en México, pero no en Japón, en el cual se dan una serie de casualidades. Se diluyó la memoria de Horiguchi Kumaichi, que era una especie de embajador, encargado de la legación de negocios en 1913 cuando se dan estos terribles acontecimientos (Decena Trágica). (Se registraron) 5,000 muertos en el centro de la ciudad de México; la mayoría, civiles. Los cañones tronaban. Había una gran polarización y odio después del golpe de Estado contra el presidente (Francisco I.) Madero. Me interesaba rescatar su figura», narra.

Al también docente y doctor en Administración Pública le importaba abonar a las relaciones entre ambos países, especialmente cuando fungió como embajador en territorio japonés.

«También fue por curiosidad intelectual y de tipo familiar. Es una coincidencia más que mi esposa Mara Madero es descendiente. Sus bisabuelos y sus tías abuelas fueron salvadores en la legación de Japón en esos días terribles (…). A todos los querían exterminar», agrega.

La familia Madero hizo «migas» con los Horiguchi, no solo con el diplomático, sino su esposa Stina y sus hijos, quienes los arroparon desde tiempo antes de la revuelta.

A detalle

En poco más de 300 páginas, Almada nos adentra en el auge de la comunidad japonesa en nuestra nación; el desenvolvimiento de la sociedad mexicana y la manera en que se «tejía» una clase política donde las traiciones y el descontento eran comunes y la búsqueda de una democracia era castigada.

Prueba de ello fueron los asesinatos del mandatario Francisco I. Madero, el vicepresidente José María Pino Suárez y el político Gustavo A. Madero, quien tenía gran afecto por los japoneses.

Para elaborar «Un samurái en la Revolución Mexicana», el experto se enfrentó a varios desafíos.

«Uno de ellos es el idioma. Varios de los textos están en japonés. El Archivo Histórico de la Cancillería japonesa contiene telegramas que Horiguchi (intercambió con su gobierno) en esos días. Es la comparación del diario (hallado en México y en el que narra la Decena Trágica) con (las cartas); fui ayudado en la traducción e interpretación de los mismos. Esto ayuda a comprender por qué actuó como actuó», afirma.

Enseñanzas de Horiguchi Kumaichi para el futuro

El desenvolvimiento de Horiguchi y su familia para cuidar a los Madero iba más allá de los vínculos afectivos que les unían.

«El (diplomático) protege a los padres, a la esposa, a las hermanas y más de 30 personas (allegadas al presidente asesinado). Toma riesgos enormes y pone a su familia casi como escudo humano para proteger a los Madero. Lo hace con base en su sentido del honor. Había una amistad entre ellos y porque era un honor valeroso y su familia también lo era», considera el exembajador mexicano.

Acerca de las lecciones que, hasta la fecha, podemos aprender del «samurái», Almada señala que una de las más importantes es la generosidad y la solidaridad

«Es un hombre que logra entender qué está viviendo México (en la época donde vivió en el país). Me impresiona mucho que el 19 de febrero de 1913, al triunfar el golpe de Estado de Victoriano Huerta y cuando Madero y Pino Suárez estaban presos en Palacio Nacional, se escuchan rumores de que la legación será bombardeada con cañones. (Horiguchi) se traslada (ahí y habla con el político) (…). Le exige que le aclare si es verdad (el ataque). Huerta le dice que no y le ofrece enviar soldados para protegerlo, a lo que se rehúsa. (El japonés señala) que los mande, pero a toda la colonia Roma (donde estaba la representación). Con mucho cuidado, le comenta el adagio japonés ‘al ave que se refugia en casa propia, no se le puede matar’. Esa entrevista me parece muy interesante y al final le demanda ver al presidente Madero, quien aún no había renunciado; se lo conceden», indica.

Personas refugiadas

Es relevante señalar que Horiguchi Kumaichi trató a los Madero como personas refugiadas, un término que, en la actualidad, está presente debido al cambio climático, las guerras, la violencia, entre otros factores. ¿Qué aspectos debemos tomar en cuenta ante esta crisis?

«La empatía es la palabra clave en este episodio, (sumada) a la hospitalidad y valentía», pondera.

Almada hace hincapié en que México ha llevado de manera adecuada este tema.

«Se ha hecho en otras ocasiones con la misma determinación. No hay una gran diferencia entre lo que ocurrió en 1913 con lo que hizo México en Santiago de Chile en 1973, con el golpe de Estado de Augusto Pinochet; en las dictaduras militares de Uruguay, Argentina y Brasil prestó socorro a los perseguidos. También en la época donde Gilberto Bosques hizo lo mismo con miles (que huían del régimen nazi) durante la Segunda Guerra Mundial (…). Estamos orgullosos de lo que la política exterior se ha logrado», reitera.

Si bien el vínculo entre ambos países arrancó a finales del siglo XIX, la amistad sigue vigente.

«En muchos otros terrenos, las relaciones han sido y son muy positivas, desde la inversión, educación, cooperación cultural. La embajada de México (en territorio japonés) está a buen resguardo y trabajando por la relación con aquel país», expone.

¿Dónde puedo encontrar el libro «Un samurái en la Revolución Mexicana»?

La obra de Carlos Almada sobre Horiguchi Kumaichi está disponible en electrónico y físico; dependiendo el formato, el precio va de 249 a 349 pesos.

El autor presentará el libro el martes 27 de septiembre a las 18:00 horas en la Biblioteca Mexicana, de la Fundación Miguel Alemán. Para asistir, debes confirmar en el teléfono 5591260700 extensión 1112 o al correo electrónico fundacionmiguelaleman@fma.com.mx. Si no puedes ir, el evento se transmitirá en este enlace.

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