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En Galicia se puede comprar un pueblo entero por el precio de un piso (e incluso por cero euros)

WTB

Según el portal inmobiliario Idealista, la casa más cara de España se encuentra en Marbella y cuesta 28 millones de euros. Tiene 13 habitaciones con sus respectivos cuartos de baño, tiene 2.177 m² construidos y se asienta sobre una parcela de 7.618 m². Su precio es absolutamente prohibitivo, solo al alcance de jeques árabes o magnates rusos. Pero por mucho menos, alguien puede comprarse una vivienda digna en nuestro país. O directamente, un pueblo entero. Y por muy poco dinero. O directamente, gratis.

Con la que está cayendo en España, con millones de jóvenes que todavía no se pueden independizar de casa de sus padres porque no tienen un trabajo estable o un sueldo digno, resulta que en la piel de toro todavía quedan gangas inmobiliarias. Y no micropisos, sino enormes casas que además de dar cobijo, dan de comer: en ellas se puede vivir y trabajar (la tierra, por supuesto).

Aldea gallega (Panoramio)



En la localidad gallega de O Penso, situada a escasos 40 kilómetros de Orense, se puede adquirir una villa de 6 casas, dotadas de agua corriente y terrenos fértiles, por 230.000 euros. Si el precio le parece caro, no hay ningún problema, ya que es negociable.

Este tipo de gangas no son extrañas en Galicia, una comunidad repleta de pequeñas poblaciones que cada vez tienen menos habitantes. Y por eso agentes inmobiliarios como Mark Adkinson se han interesado por la zona. Adkison, un británico residente en España, se dedica a buscar casas de campo en nuestro país para satisfacer las demandas de sus clientes, ciudadanos de su mismo país de origen que buscan pasar una jubilación tranquila en el terruño español.

Según explica en una entrevista concedida a la web NPR, maneja un portfolio de casas lowcost en la que la más barata tan solo cuesta 5.000 euros. Se tratan de casas que pertenecieron a labradores y que nadie ha reclamado. Su dueño actual es el Gobierno gallego, que está dispuesto a oír ofertas.

Adkison asegura que sus clientes quieren comprar estas casas para retirarse, pero también para montar una escuela de inglés o una de yoga. “Tengo muchos compradores que buscan el contacto directo con la naturaleza. Y aquí no hay más que naturaleza”.

Hace unos años, la situación era bien diferente. Adkison asegura que los más viejos de los pueblos cercanos recuerdan con lágrimas en los ojos la gran cantidad de niños que recorrían las calles de estos pequeños municipios, llenando de calor humano el lugar. Un calor, que en O Penso desapareció hace más de una década, cuando su último habitante falleció.

La situación es tan desesperada, que incluso el alcalde de Cortegada, un pequeño pueblo del sur de Galicia, ofrece casas completamente gratis a los que se ofrezcan a reformarlas. Son 12 y están en un estado ruinoso. Seguro que no le van a faltar candidatos.