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Egipto cambiará su histórica capital por otra surgida de la nada

Jaime Quirós – Existen muchas ciudades históricas en el mundo. Sea por concentración económica, de recursos materiales, bienes culturales o ser residencia de mandatarios y élites, se han gestado esos conglomerados urbanísticos. En muchos casos, la importancia de este pasado ha hecho que se concentre el poder económico y financiero principal y se establezcan como capitales de sus respectivos países.

Uno país histórico, con una de las capitales más emblemáticas, destino turístico internacional de primer orden, ha decidido romper con su pasado y montar una capital desde cero y en mitad de la nada. Se trata de Egipto, que ha decidido quitar a El Cairo su estatus y crear una macrociudad donde sólo había arena de desierto. Y el proyecto no es un farol que jamás se vaya a llevar a cabo. Una horda de miles de obreros ya trabajan en la construcción de la futura ciudad y capital del país.

Los motivos son diversos. El principal es lo caótico que es El Cairo. La superpoblación de una ciudad de más de 18 millones de habitantes provoca congestión absoluta del tráfico. Los niveles de contaminación son brutales y el diseño de los barrios para facilitar la vida del ciudadano es muy complicado y deficiente. La construcción expansiva descontrolada provoca que sea insostenible e imposible modificar a corto plazo la actual ciudad. Además, la flota de vehículos es bastante antigua y contaminante, lo que agrava la situación medioambiental.

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AP

La crítica principal de los ciudadanos hacia el presidente y precursor del proyecto, Al Sisi, es lo costoso del proyecto para un país como Egipto. Pese a ser considerado “en vías de desarrollo” y tener un poder económico históricamente más alto que sus vecinos africanos, no deja de ser eso, un país de África con recursos limitados.

Además, se encuentra en una situación comprometida desde los comienzos de la crisis financiera mundial, las revueltas de la primavera árabe y la amenaza terrorista constante del ISIS, que han provocado la bajada de turismo que recibe el país de las pirámides y los faraones, principal fuente de ingresos nacional. Gran parte de los habitantes considera un despilfarro que sólo va a beneficiar a mandatarios y poderosos con recursos para trasladarse a la nueva capital.

El modelo, inspirado en capitales de ciudades artificiales construidas durante el siglo XX como Brasilia en Brasil, Canberra en Australia, Astana en Kazajistán o Islamabad en Pakistán, supone uno de los mayores desarrollos urbanos de la actualidad. La futura urbe, que aún carece de nombre oficial, aspira a albergar a más de 6 millones de habitantes. A día de hoy, se trabaja en el polémico proyecto a destajo para conseguir que en 2019 pueda trasladarse a todo el equipo de funcionarios y ministerios del Estado. De momento, ya se ha abierto un macrohotel que acoge a los constructores y desarrolladores de la obra.

Después de leer el ejemplo egipcio, quizá algún político combina ideas y se le ocurre que una buena solución para acabar con el conflicto entre Cataluña y resto de España sea montar una nueva capital a mitad de camino de Madrid y Barcelona, en un páramo inhabitado de la depresión interibérica turolense. Cosas más locas se han visto.

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