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Comer sano: la asequible inversión de tu vida

La buena alimentación no sólo mejora nuestra salud física, sino también la mental. Mejora nuestro ánimo y nuestra disposición a enfrentarnos al día a día. Pero la importancia de una buena dieta para mejorar el rendimiento no es sólo un tema de adultos. Durante su etapa de formación, es fundamental que los niños coman bien, no sólo para rendir mejor en el colegio, sino también para disfrutar más de las comidas. En un reciente estudio realizado por Kantar, el 94% de los padres españoles considera que los comedores escolares no están a la altura que deberían estar. Nueve de cada diez exigiría más fruta en el menú, un 56% le da gran importancia a que la fruta y verdura sea de buen sabor, un 46% prefiere que se ofrezcan menos opciones grasas, y un 40% quiere que se reduzca la cantidad de azúcar.

Los padres creen que los comedores escolares son deficientes. Pero, aun así, el estudio también reveló que sólo el 12% de los padres tiene en cuenta el comedor entre los elementos a evaluar al momento de elegir un colegio para sus niños. Quizá consideran que es más fácil escoger una institución por su desempeño académico, pedagogía, o valores, y que después traten de cambiar la manera en que alimentan a los alumnos. Pero algunos expertos insisten en que los cambios tienen que comenzar desde casa.

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Foto: Getty

Muchos consideramos que pagamos de más por comer sano, como un impuesto invisible para prevenir complicaciones de salud física y mental. Carlos Ríos, nutricionista e impulsor del movimiento Realfooding, opina que no es así. En una entrevista con El Confidencial¸ se le pregunta si las legumbres y las patatas son caras, y su respuesta es no. “El kilo de fruta o de verdura sale más barato que, por ejemplo, una barrita de cereales azucarados. Pero esta te la comes individualmente y cuenta como merienda y piensas que es barata”, explica.

Un experimento de El Comidista a través de la compra online de Mercadona reveló que, de media, los desayunos y meriendas sanos cuestan 2,55 euros versus los 3,91 de los insanos. Los almuerzos y cenas sanas salen 9,43 euros en contraposición a los 11,66 de las insanos. Y los tentempiés sanos promedian 2,73 euros contra los 3,77 euros de los insanos.

¿Por qué entonces tendemos a elegir los productos más procesados? En gran medida, la falta de concienciación juega un papel importante. Hay varios intereses involucrados que distorsionan la percepción de lo que es sano o no. Basta ver la cantidad de empresas alimentarias que cambian el color de un envoltorio a verde o le ponen un ‘0%’ en letra grande en lugar de cambiar el producto en sí. Ríos sostiene que los consumidores pueden presionar a estas empresas y a los supermercados para que cambien algunas de sus prácticas.

Mientras tanto, hay que competir con las golosinas y los productos procesados en el momento de alimentar a los niños. Lo cierto es que estos productos están diseñados para ser atractivos y ‘casi adictivos’ para ellos. La fruta, por fresca y sabrosa que sea, no tiene el diseño de producto y marketing. Pero los padres pueden hacer algo al respecto, combinándola con otros productos y presentándola de manera que se vea apetitosa. Estos platos son la alternativa saludable ideal para las comidas menos ‘culinarias’ del día, como los tentempiés, la merienda o el desayuno.

En todo caso, paguemos más o no, el comer sano no es un mero gasto. Es una inversión. Muchas de las enfermedades relacionadas con la mala nutrición se desarrollan lentamente a lo largo de mucho tiempo, por lo que la prevención debe ser constante. Para evitar ‘pagar en salud’, nos cunde invertir el dinero necesario en ofrecer una buena dieta a nuestros niños y nosotros mismos, así como invertir el tiempo posible para cocinar y evitar los productos ultraprocesados.

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