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Ciro Gómez Leyva linchado, la prueba de que en México está prohibido tener opinión propia

·4 min de lectura
Ciro Gómez Leyva respaldó la llegada de médicos cubanos a México, medida impulsada por el presidente López Obrador, pero también cuestionó el sistema de salud mexicano. (Luis Barron / Eyepix Group/Future Publishing via Getty Images)
Ciro Gómez Leyva respaldó la llegada de médicos cubanos a México, medida impulsada por el presidente López Obrador, pero también cuestionó el sistema de salud mexicano. (Luis Barron / Eyepix Group/Future Publishing via Getty Images)

Ciro Gómez Leyva hizo algo reprobable. No merece el perdón de nadie: se atrevió a dar una opinión sensata. Una opinión propia, seguramente. Y en estas épocas, hacer eso es equivalente a saltar de un precipicio. Al periodista, muchas veces cuestionado por su filias y fobias, le pareció buena idea externar su punto de vista sobre la contratación de 500 médicos cubanos por parte del gobierno de López Obrador.

Lejos de los radicalismos que inundan la red, Ciro cerró su noticiero nocturno en Imagen Televisión con un análisis tan contundente como matizado. “Bienvenidos los médicos cubanos, y los veracruzanos, y los hidalguenses, y tamaulipecos. Y si llegaran, bienvenidos los argentinos o los estadounidenses. Lo que la gente pide son servicios médicos y medicinas. Lo que nos urge son servicios de calidad. ¿Es mucho pedir?”, señaló.

Si actualmente vemos peleas que mezclan lo peor de los dos bandos que dividen a México, Gómez Leyva brindó una perspectiva crítica sin caer en fanatismos ni en la xenofobia que tanto caracteriza a México. “Así que bienvenidas las manos, los cerebros, la inteligencia, la sapiencia, que sabe transmitir un buen médico. ¿Qué carajo importa de dónde venga”, concluyó.

Como era de esperarse, su mensaje no fue bien recibido. Lo llamaron traidor, vendido, chayotero del nuevo régimen y demás sutilezas propias del mercado tuitero. Por otro lado, los defensores del gobierno se adhirieron a su opinión (a pesar de que ésta llevaba una clara crítica al exigir servicios y medicinas de calidad en tiempo y forma). Antes lo llamaban vendido, y seguramente lo volverán a hacer en un abrir y cerrar de ojos, pero al menos durante unas horas Ciro Gómez Leyva fue defendido por las legiones lopezobradoristas.

Desde hace mucho tiempo está claro que nos gustan las opiniones que confirman nuestros prejuicios. Naturalmente, somos afines a aquellas posturas que más se acerquen a las nuestras y que nos hagan sentir cómodos porque, finalmente, qué otra cosa es la certeza sino una variante de la comodidad. Por eso nos incómoda que alguien tenga una opinión propia y que además, como si no fuera ya suficiente atrevimiento, se dé el gusto de argumentar su postura y defenderla.

Todas las ideas en este país son sospechosas de algo. Nadie puede decir nada porque de inmediato se levantan las intrigas. Es más sencillo descalificar y generar hipótesis sobre por qué alguien está opinando de tal o cual forma. Después, obviamente, vienen los juicios impiadosos. Y ojo, porque en esos son expertos ambos bandos. No olvidar que hace un mes desde la cúpula del poder se llamó “traidores a la patria” a los legisladores que no aprobaron la Reforma Eléctrica.

Hemos llegado a un punto ridículo y eso no es lo más peligroso. Lo que nos tendría que preocupar es que ya lo apliquemos en todos lados. Sin distinción, ponemos en tela de juicio las opiniones de cualquier persona. Porque es verdad que de Ciro Gómez Leyva se puede sospechar (aunque en esta ocasión su punto de vista haya sido más que sensato), pero esa manía por encontrar filias y fobias en absolutamente todas las personas y en todas las opiniones no hará sino llevarnos a un abismo sin fondo.

Haga usted la prueba en cualquier conversación casual. Si dice algo mínimamente favorable a AMLO, entonces usted es un fanático responsable de todos los males del país. Y, por el otro lado, si a usted le da por criticar lo que sea del actual gobierno, no hay puntos medios: es usted un prianista que extraña los robos del neoliberalismo. “A ver, ¿y dónde estabas en el sexenio de Peña Nieto, Calderón, Echeverría, Díaz Ordaz, Miguel Alemán?”.

Quizá Ciro Gómez Leyva no sea un ejemplo de nada. Pero su linchamiento deja clara la temperatura de un país aferrado a las conclusiones inmediatistas y sin reversas. Por una vez, escuchemos y valoremos un punto de vista sensato. Nos estamos convirtiendo en un país que castiga la opinión propia y todos parecen a gusto con eso.

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