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Bajar la inflación o crecer, el dilema económico de Argentina

Por Ariel Setton

Argentina está entrando en el decimosegundo año con inflación arriba de dos dígitos.

Los últimos años del ciclo del kirchnerismo mostraron los límites del crecimiento basado en la demanda, sin acceso al financiamiento externo y presentando cuellos de botella en varios sectores.

Del mismo modo, el nuevo gobierno de Macri hace dos años buscó un fuerte cambio de rumbo en la economía en base a una mejora en el clima de negocios para favorecer las inversiones, corrección de precios relativos y un foco central en bajar el nivel de inflación.

Sin embargo, los ajustes de precios relativos consecuentes de los aumentos de tarifas y la salida del cepo cambiario dificultaron la baja de inflación durante el primer año llevándola al orden del 40% anual. El año 2017 hubiera sido el primero de gobierno para evaluar resultados de política anti-inflacionarias, pero lamentablemente y por segundo año consecutivo, tampoco pudieron cumplirse las metas de inflación del año ni se logró bajar del piso de 24-25% de los última década.

Fotografía cedida por la Presidencia argentina, del mandatario Mauricio Macri (d), mientras saluda a un grupo de simpatizantes en la inauguración de un tramo de nueve kilómetros de una nueva autopista el 1 de febrero de 2018, en la provincia de Buenos Aires (Argentina).

Metas incumplidas

Para el 2018, el Ministerio de Hacienda y el de Finanzas de Argentina han decidido relajar la meta de inflación, llevándola del 8-12% original hacia una meta del 15% de inflación interanual para finales de 2018. Esto equivale a una inflación anual del orden del 20%. Junto con estos anuncios, parecería que el gobierno, ante el enfrentamiento de priorizar crecimiento ante  inflación, estaría dispuesto a resignar un poco la baja de inflación para crecer.

En línea con las nuevas metas, el Banco Central bajó las tasas de referencia en enero, por primera vez en un año. Asimismo, eso trajo consecuencias en el tipo de cambio, provocando la suba del dólar con consecuencias en el nivel de precios a verse en el corto plazo.

El hecho de poner un foco en las metas de inflación con el objetivo de bajar la demanda agregada afectó la economía real, dado que en los primeros años de gestión de Macri las inversiones financieras superaron ampliamente a la inversión real -en un contexto de necesidades de emitir nueva deuda por 30.000 millones de dólares para 2018-. Las altas tasas de interés fomentaron la inversión financiera y afectaron al mismo tiempo la viabilidad de inversiones reales que ampliaran la oferta interna y descomprimieran el aumento de precios.

Metas más relajadas, más espacio para crecer

El objetivo del gobierno para este año será probablemente el de sustentar las bases del crecimiento futuro, dado por el florecimiento de las inversiones privadas, por el crecimiento de los proyectos de inversión público-privada (PPP) y por el crecimiento de las exportaciones. Dado que esto es un proceso lento, el gobierno argentino prefiere bajar más paulatinamente la inflación pero de manera tal que el consumo no acelere su caída, dándole viabilidad económica al crecimiento observado en 2017 y asegurándose gobernabilidad.

El ámbito de negocios más amigable no parece haber traído importantes resultados, dado que a pesar de que la inversión crece fuerte interanualmente, el nivel de inversión extranjera directa se encuentra entre los valores más bajos de la década, y conforme no se solucione el problema del déficit fiscal -ya sea aumentando la recaudación de impuestos existentes, o disminuyendo el peso del gasto-, la economía argentina estará yendo hacia un camino de mayor fragilidad ante cualquier vaivén financiero internacional, debido a la necesidad de financiar su déficit actual y refinanciar el pago de los bonos emitidos previamente.

El problema del crecimiento

La disyuntiva entre crecimiento e inflación no es un problema exclusivo de la economía argentina. Este dilema se ha presentado también en varios países de la región. Sin embargo, a excepción de Venezuela y Argentina, las proyecciones de inflación de los países latinoamericanos se encuentran debajo de los dos dígitos.

En 2017, Brasil tuvo un crecimiento del 1,1% y una inflación del 2,9%, México 2% de crecimiento y 6,8% de inflación, mientras que en Argentina el crecimiento fue de alrededor del 2,9% y la inflación estuvo en torno al 24-25%.

Los pronósticos para el próximo año según el FMI, son del 1,9% de crecimiento en Brasil y 2,3% en México, mientras que las estimaciones para Argentina de la CEPAL son de 3% de crecimiento para 2018.

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