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Así es cómo la tecnología está modificando el cerebro de los niños

Hace tan solo cinco años, los padres que dejaban sus móviles o sus tabletas a los niños eran considerados casi casi como negligentes. ¿Cómo eran capaces de dejar a los más utilizar este tipo de tecnología sin apenas supervisión? Pero hoy en día, el panorama ha cambiado por completo: cada vez es más habitual ver a los más pequeños viendo vídeos en YouTube (en su versión infantil) en un iPad o similar. O entreteniéndose en el transporte público con un juego para teléfonos móviles. Pero, ¿cómo influyen estos estímulos en su cerebro?

Hay que reconocer que hay grandes aplicaciones educativas disponibles para las más modernas plataformas. Juegos que estimulan el conocimiento y a la vez resultan divertidos. Pero mirar una pantalla durante demasiadas horas al día puede suponer un gran daño a los niños.

Así es cómo las pantallas afectan a los niños (Unsplash)

El cerebro de los seres humanos se desarrolla por completo hasta los 16 años. Pero su desarrollo clave se produce durante los 7 primeros años de vida, con un periodo crítico que va desde los 1 hasta los 4 años. Es durante esa época en donde se desarrollan capacidades clave como la de expresarse oralmente o la de comprender a los demás.  Y en 2018, hay muchos niños que se pasan esa época de la vida mirando una tableta o un móvil.

Un reciente estudio, realizado por investigadores del hospital infantil de Cincinnati, demuestra que los niños que pasan muchas horas frente a una pantalla tienen menos conexiones en la zona dedicada al lenguaje en el cerebro que aquellos que leen o pasan más tiempo en contacto con sus familiares.

Otro estudio reciente ha encontrado que los niños y adolescentes que pueden ser considerados adictos a Internet y a las nuevas tecnologías –es decir, que pasan muchas horas con ordenadores, móviles o tabletas- no solo tienen menos conexiones cerebrales, sino que además tiene la química cerebral alterada. Por ejemplo, en los llamados circuitos de recompensa (estructuras básicas relacionadas con el aprendizaje) descubrieron niveles diferentes de determinados neurotransmisores. Este tipo de alteraciones son típicas de los adictos a sustancias.

Pero un exceso de tecnología no solo genera alteraciones a nivel cerebral. También se producen a nivel de comportamiento. En este estudio, llevado a cabo por la investigadora Jean Twenge, una de las mayores expertas en el estudio del impacto de las pantallas en los más pequeños, se ha encontrado que los niños y adolescentes más enganchados a redes sociales, videojuegos, Internet y las aplicaciones de mensajería, suelen pensar en el suicidio mucho más a menudo que los que no muestran un uso tan marcado de este tipo de tecnologías. En concreto, un 48% más.

Según sus hallazgos, la clave está en le tiempo que pasan con las pantallas: si lo hacen más de una hora al día, las posibilidades de tener depresión o ideas de quitarse la vida se disparan.

Parece claro que para le correcto desarrollo emocional y social de los niños es clave el que se relacionen de manera sana con sus iguales y que no se encierren en sí mismos con aparatos.