Mercados españoles cerrados en 6 hrs 51 min

Antonio Ibáñez de Alba, el inventor obsesionado con evitar los ahogamientos

Trabajó para la NASA desarrollando un reactor magnético, afirma que fue suya la idea de emplear un hormigón resistente al agua durante la catástrofe del petrolero Prestige, ha creado árboles apagafuegos, un modelo de autopistas submarinas, zapatillas inteligentes y unas famosas palmeras artificiales para prevenir el cambio climático… Eso entre otras cosas. Pero Antonio Ibáñez de Alba es, desde hace 20 años, un ingeniero obsesionado con la idea de que ningún ser humano vuelva a ahogarse en el agua: “Mi principal preocupación son los niños”, afirma.

Y es que, según la OMS, los ahogamientos son la primera causa de muerte en niños de 5 a 14 años de todo el mundo. Antonio veía un sinsentido que la tecnología no pudiera dar tranquilidad a los padres cuando sus hijos se metían en la piscina. Lo primero que se le ocurrió obtuvo en 2003 el Primer Premio Internacional del salón de Innovación Tecnológica de la Feria de Barcelona, una piscina con suelo móvil que se hace más baja cuando nota un peso sostenido.

Casi 10 años después, el ingeniero atacó de nuevo: en este caso había creado un “agua flotante” (e insumergible). No contenía sal y resultaba 30 veces más densa que el agua normal, gracias a una fórmula secreta a base de productos naturales como los de champús o geles. Resultó buena hasta para tratar la psoriasis: “Incluso en el caso de que el bañista quede boca abajo, la presión del aire de la caja torácica hace girar el cuerpo impidiendo que trague agua”, sentencia Ibáñez en Crónica de el periódico El Mundo.

Durante la próxima edición de la Feria de Barcelona, en octubre, verá la luz el último invento de Ibáñez de Alba: un sello serigrafiado parecido al que usan algunas discotecas para controlar la entrada, “pero incoloro, se aplica sobre la nuca y gracias a una tinta conductora asociada a un algoritmo controla en tiempo real los tiempos de sumersión de los bañistas, tanto de una piscina como en mar abierto”, afirma con fe este ingeniero que nunca se hizo rico, pero cuya cabeza sigue imaginando millones de soluciones para hacernos la vida más fácil.

También te puede interesar: