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Una boda real en Escocia

Mujer - Luza Alvarado

Hace unos días tuve la fortuna de ser invitada a una boda en Escocia. El matrimonio entre Gaby (mexicana) y Matt (escocés) se realizó en Fort William, al noroeste de la isla, en la región de los Highlands. El concepto de la celebración fue diseñado por la misma Gaby, talentosa dibujante, que se encargó de personalizar cada detalle. Su toque se integró perfectamente con el ritual y la hospitalidad de los escoceses.

Gaby y Matt el día de su boda / Foto: Thinkstock

La ceremonia escocesa es muy distinta a la que celebramos en los países latinos. No hubo rito religioso como lo conocemos, sin embargo, las bendiciones y las oraciones a Dios fueron parte importante del enlace. Después de la ceremonia con el ministro, los invitados pasamos a un salón para disfrutar de un coctel, brindar con los novios, conversar con ellos y con los demás de manera más íntima.

Al terminar el coctel pasamos de nuevo al salón para disfrutar del banquete. A la entrada, Gaby instaló un sistema muy ingenioso para que cada invitado encontrara su mesa. Mientras entrábamos, íbamos saludando y felicitando a los padres, novios y padrinos de honor. Una vez que todos estuvimos sentados, los novios hicieron su entrada entre aplausos y mucha emoción, escoltados por la música de la gaita.

Uno de los invitados fungió como maestro de ceremonias. Poco a poco, entre anécdotas y recuerdos, dio la palabra a los protagonistas. Matt, Gaby, el padre de cada uno y el padrino de honor ofrecieron hermosas palabras de agradecimiento y testimonios tan emocionantes como el momento en el que Matt decidió volar a México para pedir matrimonio a Gaby. Un detalle muy significativo fue que los familiares que no pudieron asistir a la boda, enviaron una carta con sus felicitaciones para los novios, mismas que fueron leídas en voz alta, haciéndonos partícipes de su cariño.

Después dio inicio el banquete. El menú consistió en un cheesecake de salmón, venado con col dulce para unos y un rollo de ave para otros. El postre fue un clásico escocés: sticky toffee pudding, un delicioso pastel de caramelo acompañado de helado de vainilla.

Al terminar el banquete vino el gran baile. Acompañados por un acordeón y una cantante, los invitados (que poco sabíamos de las danzas tradicionales) fuimos guiados para aprender las combinaciones. Las danzas involucraban a varias parejas al mismo tiempo. Entre giros, saltos, aplausos y formaciones circulares descubrimos que la alegría del pueblo escocés está, sin duda, en su pasión por la libertad. Cada dos o tres danzas, el dueto descansaba y nos dejaban con canciones grabadas. Los novios eligieron lo mejor del britt pop desde los 80 hasta la actualidad, logrando así un equilibrio musical apto para todos los gustos.

A la mitad del gran baile hubo un descanso largo. El receso sirvió para reponer energías con una barra de pasteles, bocadillos salados, café y té. La mesa de postres fue delicadamente decorada con los pasteles, flores y fotos de los abuelos y padres de los novios.

Para despedir a los novios, Gaby instaló una mesa con bolígrafos, hojas de colores, postales antiguas y una máquina de escribir. Al salir, los invitados escribimos mensajes y parabienes que depositamos en una maleta.

La boda fue una maravillosa experiencia cultural donde la fusión de culturas, el cariño de las familias y el amor de los novios quedó de manifiesto en todos los detalles.

Mira aquí todas las fotos:

Twitter: @luzaenlinea

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