La otra cara de la moneda

Los privilegios de los eurofuncionarios, el caballo de batalla que mantiene en vilo a Europa

Los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) se reúnen hoy y mañana en Bruselas para cerrar un acuerdo trascendente sobre el presupuesto comunitario para 2014-2020, que rondará el billón de euros. El caballo de batalla será, como en cualquier país de la Unión, el gasto, y el pretexto para la pelea entre los países del frente rico y los del frente menos rico o pobre serán las privilegiadas condiciones de trabajo y sueldo de los eurofuncionarios y los costes de la burocracia.

Porque el Gobierno de la Unión no predica con el ejemplo precisamente. Está exigiendo ajustes muy duros en el gasto a los estados periféricos con problemas de deuda, pero en su propia casa, en las cuentas del gigantesco entramado administrativo de la Unión y en sus propios sueldos, apenas ofrece sacrificios. Las condiciones de los eurofuncionarios tanto en salario como en jubilación son espectaculares, al menos respecto a los estándares de los países más pobres del club, y chocan con ese ‘mantra’ de la austeridad que piden los líderes de la propia UE.

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En la última propuesta de presupuesto del presidente del consejo, Herman Van Rompuy, todas las partidas sufren un recorte significativo respecto al planteamiento inicial de la Comisión menos en el epígrafe de Administración, donde se incluyen no solo los sueldos y las pensiones de los funcionarios, sino también otros gastos del funcionamiento diario de las instituciones: alquiler de edificios, servicios de traducción, publicaciones, seguridad, etcétera.

No es una partida grande dentro de las magnitudes habituales de la Unión, son 62.629 millones de euros presupuestados sobre un total de un billón de euros en los próximos siete años, pero se debería predicar con el ejemplo. La austeridad debe afectar a todos para que el mensaje sea creíble.

Más allá del punto de vista moral, desde un punto de vista meramente económico no parece razonable que se recorte en las grandes partidas simplemente porque son grandes. Es que también son esenciales. Son las que pueden poner en marcha de nuevo el motor de la economía europea.

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Así, en su último texto el Consejo Europeo ha propuesto un recorte del 15% en inversión para el crecimiento y del casi el 6% para fondos de cohesión. También hay una rebaja del 4,5% en fondos agrícolas y, sin embargo, en el capítulo de administración el recorte es de solo un 0,8%.

El primer ministro británico lidera el grupo de países opuestos a la nomenclatura bruselense. En la última cumbre pidió aumentar la edad de jubilación de los trabajadores de la administración europea hasta los 68 años, frente al umbral actual de 63 (aunque hay una propuesta sobre la mesa para que aumente a 65); reducir las nóminas en un 10% y recortar las pensiones desde el 70% del salario final actual hasta el 60%.

Es desalentador para los estados y los ciudadanos ver cómo se administran los recursos y sobre todo cómo se mantienen los privilegios. Por ejemplo, la Comisión Europea mantiene una política de silencio sobre el salario exacto de los comisarios, a pesar de que se trata de un cargo de responsabilidad política financiado por los ciudadanos. ¿Por qué ese oscurantismo en unos sevidores públicos?

Pese a las reiteradas preguntas de los medios de comunicación, el portavoz comunitario de Relaciones Institucionales y Administración, Antony Gravili, volvía a negarse a facilitar el salario neto de cualquier comisario o de cualquier categoría de funcionario europeo. En la última comparecencia lo que ha sorprendido ha sido el argumento utilizado para ocultar los datos: "por dignidad humana".

El ejecutivo comunitario solo facilita unos datos generales sobre los salarios básicos de los comisarios a fecha de 1 de julio del 2010, sin incluir las sucesivas actualizaciones que se han producido en los últimos años, más los complementos salariales previstos, también sin actualizar. Pero no indica cuáles son los porcentajes precisos de impuestos que se aplican a esos comisarios. La misma regla se aplica para los altos funcionarios o los eurofuncionarios: unas tablas complejas, difíciles de manejar, y sin detalles precisos.

En definitiva, razones suficientes para que los amigos de la austeridad, Merkel, Cameron y compañía, acaben imponiendo sus tesis al resto de los socios, pero no solo sobre los privilegios funcionariales, sino sobre cuestiones trascendentes como la inversión, la formación y la investigación. [IDNet Noticias]

@Jorcha

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