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Otro Gobierno que vuelve a caer en el mismo error con el dinero de todos

La otra cara de la moneda

La melodía de los presupuestos generales del Estado para 2015 empieza a sonar bien. Contención del gasto público global de una Administración sobre endeudada, reducción de la presión fiscal y aumento de la inversión pública por primera vez desde que estalló la crisis. En total, el año próximo se destinarán a inversiones 13.103 millones, 1.000 millones más que lo que presupuesto en 2014 (un alza del 8,4%).

El problema es la letra de la melodía: la inversión pública sube para poner los huevos en la misma cesta de siempre, las infraestructuras. El país requiere sin duda proseguir con ese tipo de desarrollos que impulsan la actividad económica y el empleo a corto plazo gracias a la actividad constructora, y que también son efectivos a largo plazo por la mejora de la competitividad del tejido económico.

Pero resulta sintomático que a las primeras de cambio los gobernantes de turno vuelvan a poner el énfasis en este tipo de actuación pública para impulsar la actividad, repitiendo las opciones económicas que han contribuido en parte a la grave crisis todavía no superada.

En esta ocasión, además, la recuperación del ritmo inversor coincide con un año electoral, lo cual explica mejor si cabe el interés del Gobierno por reactivar las constantes vitales de la economía y los actos de inauguración de infraestructuras emblemáticas.

Las cifras son elocuentes. Las inversiones del Ministerio de Fomento aumentarán un 6,6% hasta los 9.570 millones de la mano de las empresas públicas que dependen del departamento (AENA, Adif y SEITTSA, entre otras) o las políticas de vivienda. Si en lugar de tener en cuenta la vivienda se computan las actuaciones del Ministerio de Agricultura, que también aumenta sus recursos en 2015 para mejorar la red hídrica, y se restan las subvenciones, la inversión en infraestructuras se sitúa en 9.469 millones, un 8,8% más.

La inversión en AVE es la partida estrella. Dispondrá en su conjunto de 3.561 millones, lo que supone un aumento del 69% con respecto a lo presupuestado para este año. Es por tanto la mayor de una legislatura en la que ya se han gastado 10.000 millones en este tipo de transporte. Adif confía en poner en marcha el año próximo 1.000 kilómetros de vía y que la Alta Velocidad llegará a Zamora y Ourense, a Burgos, a Palencia, León o Murcia.

[También de interés: El gran mapa del despilfarro público ya está aquí]

Mientras tanto, otras políticas de inversión pública que deben apuntalar el deseado y prometido cambio de modelo productivo hacia un país basado en la economía del conocimiento, las nuevas tecnologías, la eficiencia y la investigación que reduzca claramente su dependencia del ladrillo, siguen flaqueando.

En los presupuestos del año que viene encontramos el llamado Plan Crece para impulsar el crecimiento, la competitividad y la eficiencia, que contará con 2.187 millones, que se destinarán a la I+D, a acciones para pymes y al desempleo juvenil, entre otras cosas.

Dentro de este plan, la inversión en asuntos tan cruciales como el fomento del ahorro en energía recibirá un presupuesto de 250 millones, mientras que la inversión en saneamiento y depuración recibirá 200 millones. El apoyo a la I+D+i empresarial recibirá sólo 100 millones, la garantía de conectividad digital, otros 100 millones y el plan de acción contra el desempleo juvenil, con 470 millones. La mayor partida la recibirán los distintos instrumentos para financiar a las pymes, con 1.067 millones. Poca munición para estimular un verdadero modelo que sirva para superar un modelo económico de país pequeño.

IDNet Noticias

@Jorcha