Dando Guerrilla

La campaña más sorprendente contra el tráfico de mujeres

El barrio rojo de Amsterdam es una de las zonas más visitadas por los turistas que acuden a la capital holandesa. En muchos casos se debe a que están atraídos por la curiosidad de ver cómo es este peculiar entorno, en el que la prostitución está totalmente legalizada y las mujeres ofrecen sus servicios en escaparates.

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Esta situación ha sido aprovechada por la ONG  Stop the Traffik para llevar a cabo una acción de street marketing realmente impactante, y que ha servido para que muchas personas reflexionen sobre el drama que supone el tráfico de mujeres. La fuerza de la acción reside en que sus protagonistas son los propios turistas que acuden a los escaparates como una fuente de diversión más.

Para llevar a cabo esta campaña de concienciación con garantías de éxito, la ONG recurrió a la siempre creativa agencia belga Guillaume Duval. Su idea en esta ocasión fue contratar a un grupo de bailarinas para que se hicieran pasar por prostitutas, ejecutando una vistosa coreografía en un local que simulaba ser un prostíbulo.

Los bailes de las mujeres no tardaron en llamar la atención de muchos viandantes, algunos de los cuales se mostraron entusiasmados con la original forma de ofrecer sus servicios de las supuestas meretrices. Sin embargo, sus caras de diversión se quedaron heladas una vez terminó el espectáculo.

Lo que no esperaban los espectadores del show es que en el edificio hubiera una pantalla gigante en la que se transmitiera el siguiente mensaje al final de la coreografía: "Todos los años, a miles de mujeres les prometen una carrera como bailarinas en Europa Occidental. Tristemente, acaban aquí ". Imposible no quedarse helado y reflexionar…

Diferentes maneras de transmitir un mismo mensaje
Stop the Traffik ha llevado a cabo distintos tipos de campañas para trasladar a la gente un mensaje claro: "Las personas no se deberían poder comprar ni vender". Para ello han recurrido tanto a campañas tradicionales como a acciones virales destinadas a ser compartidas por los usuarios a través de la red. Una de ellas consistió en la colocación de carteles en la calle en los que había impreso un aparente código de barras. Sin embargo, no se trataba de barras sino de personas.

La ONG también ha querido transmitir este mensaje a través de anuncios impactantes en los que los niños y las mujeres son tratados como mercancía.

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