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Finanzas

Criar pollos a todo lujo: la última moda de los ejecutivos de Silicon Valley

Ya sé que nos parecerá raro o extravagante, pero esta es la realidad: criar pollos en los patios traseros de las espléndidas casas de los directivos de Silicon Valey se ha convertido en una moda… y en un signo de distinción.

Este es el caso de Johan Land, miembro de la selecta élite tecnológica del polo científico donde se cuecen los proyectos que dominarán el planeta dentro de cinco, 15, o 25 años.

De acuerdo con un reporte de The Washington Post, para el gerente principal de producto en Waymo, que hasta hace un tiempo se conocía como el proyecto del auto autónomo de Google (GOOG), no hay mejor espacio para la distracción, la paz y la confraternización con su mujer embarazada y sus tres hijos que estar en casa.

Sí, pero en el patio de casa, tomándose una copa de vino y viendo desenvolverse a sus tres ovejas y, sobre todo, a las 13 gallinas que ha decidido criar.

“Es fascinante sentarse y mirar a los animales, porque en vez de mirar una pantalla, estás viendo el ciclo de vida -precisa Land-. Es algo muy diferente del trabajo abstracto que suelo hacer”.

La última moda entre la élite de Silicon Valley es criar en sus jardines a gallinas y no, no es una broma, es una tendencia real y en auge. (AP Photo/Charlie Neibergall)

Ahora mismo, muchos de sus colegas, líderes mundiales en la ingeniería y la tecnología, y personas con muchísima capacidad financiera, ven con buenos ojos que en una esquina de su propiedad entre San José y San Francisco, en el corazón de California, quienes respetan la naturaleza posean su propia producción de huevos, igual que se aprecia que conduzcan su Tesla eminentemente eléctrico.

De ahí que no debería sorprendernos ver a cualquiera de los grandes innovadores de la Bahía de San Francisco dejando por un tiempo su trabajo en una oficina futurista de cristal para obsesionarse con razas autóctonas, cría en libertad, alimentación orgánica de alto valor proteico, reproducción estacional, maíz nativo o camada natural. Además de seguir el monitoreo de sus crías y el estado de sus gallineros a través de su teléfono inteligente y controlando los ciclos de puesta mediante un software de computadora.

Auténticos profesionales de la materia

En su nuevo empeño, estos recién estrenados dueños de aves ponedoras asumen también el negocio como cualquier capitalista que se arriesga: lanzando grandes cantidades de dinero a un tipo determinado de raza y hasta gastando unos buenos 20,000 dólares en la instalación de una cooperativa de alta tecnología.

También definen la productividad de sus crías, la cantidad y color de sus huevos, y buscan nuevas formas de optimizar la felicidad de sus aves, así como la suya misma.

No pocos de estos acaudalados empresarios toman sus decisiones sobre la selección de razas a partir de matrices de ingeniería y hojas de cálculo. Y hasta algunos hablan sobre sus aves cada vez más extravagantes como actualizaciones de software, refiriéndose a ellas como “Gen 1”, “Gen 2” o “Gen 3″. Su actividad, como suele ocurrir, ha generado una nueva figura de corredor del mercado avícola, afanado en encontrando aves cada vez más sólidas y sofisticadas.

“Nos estamos moviendo hacia una estructura de costos más sostenible”, apunta Ken Price, el CEO de Amazon Go, de 49 años, quien ha tenido seis pollos en los últimos ocho años y asegura que se enfoca en aves que produzcan una mayor cantidad de huevos a partir de una menor cantidad de alimento.

Eso sí, mientras que el resto del país pudiera gastarse unos 15 dólares en un pollo común en su tienda local de alimentos, los residentes de Silicon Valley pueden disponer de más de 350 dólares por uno de raza patrimonial, una designación para las aves raras, no industriales y con líneas genéticas que se remontan a otras generaciones, incluso a 2000 años atrás.

Los nuevos propietarios podrían comenzar su andadura con una raza estándar como la Leghorn, la Barred Rock o la Rhode Island Red, antes de pasar a algo más exótico y ornamental como el Silkie, el Jersey Giant, un pollo polaco con barba dorada, o el Dorking, una raza británica en peligro de extinción y raíces que se remontan al imperio romano.

La fiebre por estas aves domésticas ha convertido a algunos altos ejecutivos tecnológicos en auténticos expertos en la materia en busca de razas exóticas. (Ana Ramirez/Austin American-Statesman via AP)

Estos millonarios trabajan además con ingenieros y biólogos para insertarle a sus crías determinados rasgos en su personalidad, como afectuoso o calmado, de manera a que los pollitos sean lo suficientemente suaves para que un niño los abrace.

También buscan que se produzcan huevos raros o de una belleza inusitada, y hasta algunos de colores nunca antes vistos, como el Easter Eggers, cuyas características genéticas les permiten producir huevos azul claro.

Además de en los patios de las residencias en Silicon Valley, mucho de lo anterior sucede en cooperativas vanguardistas, con paneles solares, puertas automáticas y cámaras de video para controlar remotamente a unas aves que llegan a querer mucho y que alimentan con salmón orgánico, sandía y hasta carne.

Y ya en un plano más excéntrico y privado, no resulta raro aquí ver gallinas vagando por las casas de sus propietarios o incluso durmiendo en las habitaciones, a menudo con pañales, según Leslie Citroen, de 54 años, uno de los “susurradores de pollo” más codiciados del Área de la Bahía, quien se ocupa desde la venta exclusiva o la construcción de cooperativas, hasta el servicio de consulta a propietarios de aves de patio trasero, por un precio de 225 dólares por hora.

De acuerdo con Citroen, uno de sus clientes hasta dispone de un chef personal que les cocina a sus pollos. Y como estos no existen por su carne, sino por sus huevos, la salud de cada una de estas aves es una prioridad.

De ahí que sus clientes se gasten miles de dólares en cirugías y rayos X para sacarlos del peligro luego del ataque de depredadores y del paso de las enfermedades.

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