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Vendedores de alfombras y antigüedades en Kabul sufren con la salida de los extranjeros

·3 min de lectura

Los vendedores de alfombras, antigüedades y souvenirs en la famosa Chicken Street de Kabul lamentan el desplome de sus negocios con la salida de los extranjeros de la capital afgana, tras el regreso al poder de los talibanes.

El otrora animado sitio, donde iban turistas aventureros en busca de alfombras tribales, cerámicas y artesanías en metal, estaba el domingo casi sin visitantes.

"Los negocios cambiaron drásticamente porque no tenemos a muchos extranjeros en Kabul", declaró a AFP Abdul Wahab, un vendedor de alfombras antiguas, en su tienda vacía.

"Eso ha afectado nuestras ventas de alfombras, joyería y souvenirs tribales de Afganistán", agregó.

Wahab dijo que la mayoría de sus clientes eran foráneos, como personal de oenegés y diplomáticos, pero casi todos ellos fueron evacuados de Afganistán a fines de agosto, luego de que los talibanes tomaran el poder semanas antes.

Las alfombras antiguas pueden llegar a valer miles de dólares, con lo cual solo extranjeros y afganos ricos figuran entre los clientes de Wahab.

Consultado sobre cuántas alfombras vende ahora por semana, el comerciante respondió "ahora ninguna".

- El "camino hippie" -

Chicken Street fue muy popular en las décadas de 1960 y 1970 entre los visitantes del "camino hippie" de Kabul, quienes se alojaban en albergues cercanos y compraban ropa y hachís.

El turismo cayó durante y después de la guerra soviético-afgana iniciada en 1979, pero la calle resurgió tras la invasión estadounidense de 2001.

Wahab dice que, a pesar de la reciente falta de clientes, se mantiene "muy optimista" de que el comercio se recupere los próximos meses.

"Nuestro negocio solo depende de la seguridad. Si la seguridad es buena, los extranjeros vendrán y comprarán alfombras y otros textiles disponibles en Afganistán", aseguró.

Con él coincidió Qadir Raouf de 64 años, dueño de una tienda familiar de alfombras al otro lado de la calle.

"En el futuro, cuando haya paz, podremos tener buenas ventas", afirmó. "Ahora no hay extranjeros, espero que la situación esté tranquila y que la gente venga y podamos volver a hacer negocios".

Raouf es originario de Herat, en el oeste de Afganistán, pero tiene su tienda de alfombras en Kabul desde hace más de 45 años, donde vende alfombras nuevas y antiguas de todo el país.

"Estos son nuestros bienes nacionales (...) Las mostramos a todo el mundo, el pueblo afgano sabe fabricar alfombras", expresó.

- Covid y conflicto -

Haji Jalil ha vendido artículos de porcelana, algunos de hasta tres siglos de antigüedad, durante casi 30 años.

"Nuestro negocio no ha estado bueno los últimos dos años", comentó sobre su tienda en Chicken Street, y culpó a la pandemia del covid-19 por el inicio del declive.

"Esta calle depende enteramente de la economía", explicó a AFP. "Si la situación financiera de la gente es buena, vienen y compran artículos decorativos como alfombras, manualidades y piedras preciosas y semipreciosas".

"Ahora el comercio en todo Afganistán no está muy bien", lamentó.

Sin embargo, el hombre de 65 años no tiene planes de irse.

"Quiero servirle a mi gente y a mi país", declaró.

"Nuestro negocio podría estar mejor fuera de Afganistán, los extranjeros podrían querer comprar nuestros productos (...) pero yo quiero tener mi negocio en Afganistán, no pienso llevarlo a otro sitio", sostuvo.

En otro punto de la calle, hombres venden jugo de granadas frescas, bananos y sandías desde sus carretas mientras un grupo de combatientes talibanes los observan.

Haji Niyaz parecía tener buenas ventas al mediodía en su panadería, pero el hombre de unos 40 años dijo a AFP que su negocio también está amenazado.

"La economía está débil" y los precios de la harina y el gas han subido, explicó.

"Antes hacíamos 4.000 hogazas de pan cada día, ahora con costos hacemos 2.000. No creo que podamos continuar", advirtió. "Si la actual situación continúa 10 días más, todo se va a acabar en Afganistán".

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