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Vecinos de Belgrano resisten la construcción de una torre de 20 pisos que romperá la fisonomía del barrio

·10 min de lectura

Los temas más "picantes" de la administración de la Ciudad que necesitan una aprobación rápida, y, en ocasiones dos votaciones afirmativas de parte de los legisladores porteños, suelen llegar, siempre, hacia fin de año.

Diciembre, el mes de las fiestas y de los regalos y, también, de algunos sin sabores para los vecinos que no quieren ver sus barrios dominados por un paisaje de altas torres, traerá novedades inminentes.

Finalizadas las audiencias públicas para analizar la viabilidad de cambios en las normas urbanísticas, en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobaron 9 de los 11 polémicos nuevos convenios que suscribiera el Gobierno de la Ciudad con constructoras privadas.

Se trata de iniciativas que, por la polémica que despiertan, se enmarcan en las leyes de doble lectura, aquellas que, para su aprobación definitiva, deben ser votadas dos veces en el recinto de sesiones, con la realización de una audiencia pública entra ambas votaciones.

El oficialismo retiró dos proyectos. El primero, ubicado en la avenida Corrientes 3410, esquina Gallo, donde se planeaba construir una torre de 73 metros. El segundo, el edificio del barrio de Belgrano con una altura proyectada de 53 metros.

Entre los 11 convenios firmados en la sede del Gobierno de la Ciudad, el que planeaba erigirse en la calle 11 de septiembre al 1500, generó una corriente de desagrado muy profunda entre los vecinos de Belgrano.

Si no se tratara de una casona declarada como Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad y no se hallara en una zona exclusiva del barrio de zona norte de la Capital donde las edificaciones no poseen más de 12 pisos de altura, el proyecto edilicio de la empresa constructora Star Tower, que planeó en la mesa de dibujo técnico una construcción de 20 pisos y 53 metros de altura aprobado en la Legislatura porteña en una primera lectura antes de las recientes elecciones de recambio legislativo, no levantaría más polémicas que las usuales relacionadas con la especulación inmobiliaria y la construcción en altura.

Sin embargo, recorrer las exclusivas y coquetas calles aledañas a la calle 11 de septiembre al 1500 y dialogar con los vecinos de la zona, redunda en recopilar opiniones que muestran un profundo malestar acerca de la posibilidad de aprobar un proyecto en estos últimos días del año, que involucra a la mansión que malvendieron la ex pareja Matías Garfunkel y Victoria Vanucci y que adquirió el magnate Eduardo Cohen Watson uno de los aportantes más importantes de la campaña de Mauricio Macri en 2015.

Los vecinos de Belgrano protestan en contra de la construcción de esta torre
Los vecinos de Belgrano protestan en contra de la construcción de esta torre

Los vecinos de Belgrano protestan en contra de la construcción de esta torre

Este malestar de los vecinos ha traído también complicaciones hacia el interior de la fuerza oficialista en la Ciudad porque se trata de temas que generan inquietud entre los porteños y ponen al descubierto las conexiones, por amistad y negocios, de algunos dirigentes de la fuerza con reconocidos hombres de empresa.

Eduardo Cohen Watkins es uno de los amigos del alma del ex presidente de la Nación, Mauricio Macri, quien suele descansar en la casa que el vecino de Barrio Parque le presta al político para vacacionar cuando viaja a La Angostura, en el departamento de Los Lagos, provincia de Neuquén.

Además de ser socio y dueño de distintos desarrollos inmobiliarios, Eduardo Cohen es uno de los accionistas principales de la productora de medios Kwarzo que conduce Martín Kweller cuyas iniciativas de programación se extienden hacia el canal de televisión de editorial Perfil, Net TV, y a Radio con Vos, donde participa, en principio, junto a los empresarios de publicidad, Carlos Gorosito y Alberto Vijnovsky.

Pero Eduardo Cohen es parte, por su historia familiar, de una saga de las más interesantes que se puedan ofrecer entre las familias más ricas del planeta.

Es el hijo mayor de la multimillonaria Lily Safra que vive en Mónaco, colecciona arte y aparece en la lista de Forbes con una fortuna superior a los 1.300 millones de dólares. La filántropa tuvo cuatro maridos, una vida de película desde su natal Brasil, heredó millones de sus maridos, dos de ellos murieron en circunstancias trágicas, y un matrimonio inicial con un industrial argentino, padre de Eduardo.

Cohen es vecino de Barrio Parque y en esa exclusiva zona de Palermo se vive una situación similar con un proyecto edilicio que tiene el rechazo de todos los vecinos y que contaría, tan solo, con la aprobación del multimillonario amigo de Mauricio Macri.

El sitio minutodecierre.com reporta que "la influencia de Eduardo Cohen es tanta, que ni siquiera importó que la familia de Horacio Rodríguez Larreta viva en la misma cuadra de Barrio Parque y deba soportar las críticas al proyecto, de parte de otros vecinos, por la mole que se intenta construir", según reportó un residente del lugar.

Entre los principales dirigentes del PRO, es un secreto a voces que, en la campaña presidencial del 2015, el discreto, bien vinculado y millonario Cohen, fue el que más aportantes de pesos o dólares consiguió para que Mauricio Macri llegara a la Casa Rosada.

Aún hay analistas políticos que no aciertan a comprender la designación del rabino Sergio Bergman en el ministerio de Ambiente durante la gestión de Cambiemos. Militantes de Juntos por el Cambio, bien informados, señalan hacia la figura de Cohen.

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El oficialismo porteño retiró el proyecto de excepción al Código de Planeamiento Urbano, pero la presión sigue

Las excepciones a la regla

Para intentar aventurar un resultado de la puja que existirá entre aquellos que no quieren más demoliciones o construcciones que rompan el tejido urbano y los desarrolladores inmobiliarios que quieren ganar metros cuadrados en altura hay que comprender la letra chica de la ley.

El Código Urbanístico que rige desde el año 2019, que vino a reemplazar los códigos de edificación de 1947 y su modificación de 1977, establece seis alturas permitidas para la construcción en toda la ciudad, que van desde la planta baja y dos pisos (9 metros en total) hasta planta baja y 12 pisos (38 metros) como máximo.

Ahora bien, existe la posibilidad de alcanzar acuerdos con desarrolladoras privadas en el marco de convenios urbanísticos. Estas son herramientas de gestión urbana que formalizan un acuerdo y definen compromisos entre actores del sector privado y el Estado para realizar, dentro de un determinado plazo, intervenciones en la ciudad que generen beneficios mutuos.

El secretario de Desarrollo Urbano del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Álvaro García Resta, había explicado a medios periodísticos que "se trata de un instrumento que se utiliza en toda la Argentina y es un recurso utilizado por los Gobiernos de todo el mundo". En posteriores declaraciones al diario La Nación, Resta explicó, "…lo que hicimos fue tomar algo que ya existía y sofisticarlo. Es necesario construir herramientas para que eso suceda de forma transparente, clara y con un verdadero beneficio".

Una de las recientes convocatorias del Gobierno de la Ciudad, abierta al público, tuvo 111 propuestas por la que la CABA pudo recaudar cerca de $500 millones por tratarse de un trámite tarifado.

En las propuestas se repite un común denominador de parte de las constructoras y desarrolladoras, "crecer en metros cuadrados". Entonces, en una parcela donde se pueden construir diez pisos en altura se propone construir catorce. A cambio, la empresa privada, se compromete a construir un espacio verde, una plaza para los vecinos. Y, de esa manera, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires consigue nueva tierra pública mientras que el privado gana en la construcción en altura.

El jueves 30 de septiembre la Legislatura porteña aprobó once de dieciséis convenios urbanísticos entre el Gobierno de la Ciudad y constructoras privadas en un primer paso de un proceso de "doble lectura" que implica la realización de una audiencia pública para que la ciudadanía se exprese y un nuevo debate en el recinto para que las obras puedan realizarse.

El expediente de Eduardo Cohen y sus constructoras Star Tower y 11 DS 1500 S.A. consiste en la construcción de una torre sobre el predio edificado que es una residencia protegida por ley. Para la ONG Basta de Demoler, que suele denunciar la política urbanística de Rodríguez Larreta y que ha comenzado a reclutar adeptos del PRO entre sus filas, "con la construcción de 20 pisos en el patio de atrás de esta mansión, protegida de manera cautelar por ser Patrimonio Arquitectónico, van a arruinar la mansión. Ya lo hicieron en el Palacio Rocatagliatta y quisieron hacerlo también con el Convento Santa Catalina de Siena en Av Córdoba y Reconquista".

Precisamente el activismo de los vecinos y de las ONG’s hicieron tomar conciencia de la inconveniencia de construir en altura en las adyacencias de la zona de Catedral al Norte, delimitada por la avenida Córdoba, y las calles, Viamonte, San Martín y Reconquista.

Allí, se encuentran la iglesia y el monasterio que datan de la época colonial, cuyo diseño estuvo a cargo del arquitecto italiano y jesuita Giovanni Andrea Blanqui, y los que fueron declarados como Monumento Histórico Nacional en 1942.

En la Jefatura de Gobierno porteña explicaron a NA que "el proyecto de Belgrano aún no se realiza, se encuentra en estudio en la Legislatura y deberá atravesar el tamiz de las Audiencias Públicas" según dijeron voceros del titular de la Comisión de Planeamiento Urbano, Daniel Del Sol.

Hasta el momento se anotaron para hacer uso de la palabra 400 personas que argumentarán sobre los once proyectos aprobados en el mes de septiembre uno de los cuales es el de la mansión de Belgrano que alguna vez fue sede del Banco del Banco Mercantil y luego fue el hogar de la pareja Garfunkel-Vanucci.

La lujosa mansión que guardó tesoros artísticos y ecos de fiestas pasadas

Imposible no dedicarle una mirada a la casona de Belgrano, que no tiene tejas, pero si una arquitectura neoclásica bellísima diseñada por José Abuaf en 1925 para la familia Breyer.

Sus 1.600 metros cuadrados y sus interiores revestidos con mármol de Carrara guardaron joyas, cuadros, obras de arte e incunables como manuscritos de Juan Domingo Perón, Winston Churchill o Napoleón Bonaparte producto del afán coleccionista de Matías Garfunkel.

Muchas de esas obras convivían con motos de colección y muebles antiguos en los tiempos en que la pareja era beneficiada por el dinero que fluía desde las usinas kirchneristas.

Pero todo lo bueno y lo que se consigue fácil tiene un final y fue abrupto. En 2017, tapado por las deudas de la AFIP y apurado por cerrar empresas periodísticas como la revista Veintitrés, entre otras iniciativas fracasadas, para irse a vivir a Miami y ya separado de Victoria Vanucci, Garfunkel malvendió la mansión. Comenzó pidiendo más de 7 millones de dólares y, según fuentes del mercado inmobiliario, terminó cerrando la operación por aproximadamente la mitad de ese monto pretendido que fue pagado por un comprador del cual, en 2017, no trascendió el nombre.

Con las solicitudes tramitadas ante la Jefatura de Gobierno porteño y la primera aprobación del cuerpo legislativo local, la empresa de Eduardo Cohen, aguarda por el momento en que el proyecto diseñado en la mesa de su arquitecto tenga luz verde para iniciar la construcción.

Luego del freno aplicado al proyecto durante la segunda votación de la Legislatura, el semáforo se posicionó en la luz amarilla. Es tiempo de volver a presionar para una futura votación.

En la vereda de enfrente, los vecinos de la mansión, se aferran al antecedente de la zona de Catedral al Norte, para rechazar una torre que, según ellos, producirá un nuevo "barricidio" que arrasará con la identidad de esa área de Belgrano.

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