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El sorprendente truco de los bares de Nueva York para burlar la normativa del coronavirus

Fernando Gonzalo
·2 min de lectura

La Covid-19 también ha golpeado duramente a la ciudad de Nueva York que, tras meses de confinamiento, sigue registrando un elevado número de fallecidos. Ante esta situación el gobernador Andrew Cuomo ha impulsado una serie de medidas para intentar reducir el número de contagios.

Una de estas medidas afecta directamente a los bares de la ciudad, que tienen prohibido vender bebidas a sus clientes si no es con comida. Pero, como dice el refrán, “hecha la ley, hecha la trampa”: los dueños de estos locales están tirando de ingenio para burlar la normativa sin enfrentarse a las multas por incumplimiento.

Los bares y restaurantes de Nueva York han sido considerados como “el corazón y el alma” de la ciudad y, como en todas las ciudades, la hostelería ha sufrido especialmente las consecuencias económicas del cierre forzoso. Ahora, pese a que ya han podido reabrir sus puertas, la nueva norma que impide la venta de bebidas sin comida hace que se pierda un elevadísimo número de clientes potenciales de los que salen a tomar algo pero no quieren comer ni cenar.

Ante esta situación, los ingeniosos empresarios no se han quedado de brazos cruzados y muchos establecimientos han encontrado una manera de cumplir la literalidad de la norma, “vender comida”, sin obligar a sus clientes a llenar la barriga. Así es como están proliferando por toda la ciudad los “mini menús”, raciones simbólicas de comida que consisten, por ejemplo, en dos aros de cebolla, una alita de pollo, una cucharada de arroz o un trozo de tarta minúsculo.

Estas ridículas raciones se venden a un precio de entre 1 y 2 dólares, que apenas suponen una diferencia para el bolsillo del cliente que esté dispuesto a pasar por el trámite para poder disfrutar de su bebida, y ciertamente no violan la letra de la norma, que en ningún momento especifica ni qué tipo de comida ni en qué cantidad hay que venderla.

A pesar de que el ingenio de los empresarios arranca sonrisas, es evidente que esta estratagema, aunque no vulnere literalmente la norma, sí viola su espíritu. Lo que se pretende con ella es disuadir a los consumidores de ir a lugares públicos cerrados si no es imprescindible, pero es difícil reprochar a quien tiene un negocio de hostelería que busque las artimañas necesarias para garantizarse su sustento. ¿Cómo conciliar las medidas de contención de la pandemia con la crisis económica derivada de la misma?

Vía @handshakesbarandgrill
Vía @handshakesbarandgrill

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