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Por qué los alemanes no corren en masa a las tiendas ahora que ya han abierto

Un comerciante con una máscara protectora trabaja en la tienda de ropa por primera vez desde marzo durante la nueva pandemia de coronavirus (COVID-19) el 22 de abril de 2020 en Berlín, Alemania. (Maja Hitij/Getty Images)

Aunque en Alemania -que todavía batalla el coronavirus- han reabierto algunas tiendas, los consumidores parecen reacios a correr en busca de las últimas modas o rebajas.

El lunes se permitió la reapertura de minoristas de menos de 800 metros cuadrados, siempre que respete el distanciamiento social y las medidas de higiene, y también de grandes empresas, como concesionarios de automóviles, bicicletas, librerías e incluso el supermercado sueco Ikea.

Stefan Stukenborg, jefe de una sucursal de Ikea en las afueras de Colonia, contó a Reuters que la reapertura de su tienda "fue muy relajada, no había filas, no había multitudes", un comportamiento que caracteriza al de los clientes de muchos otros establecimientos.

Y esto es lo que debe esperarse, opinó para CNBC Stefan Genth, CEO de la federación minorista alemana Handelverband Deutschland, quien considera que la confianza del consumidor está en un "mínimo histórico", en parte debido a la incertidumbre en el mercado laboral, lo que lleva a las personas a ser más frugales con el gasto.

En Alemania, donde la canciller Angela Merkel ha dicho que la epidemia es el reto más grande que enfrenta el país desde la Segunda Guerra Mundial, se han confirmado 153.129 casos de coronavirus en Alemania y 5.575 muertes, según los últimos datos de la Universidad Johns Hopkins.

Un cambio en la mentalidad de la gente

Simon Moore, el CEO de la consultora de ciencia del comportamiento Innovation Bubble, cree que la explicación de que los consumidores sean tan cautelosos es sociológica, y radica en que la pandemia de coronavirus ha cambiado la mentalidad de la gente.

En lugar de buscar formas de aprovechar al máximo las ofertas, Moore explicó a CNBC que las personas ahora tenían una mentalidad más defensiva debido a la incertidumbre -también laboral- creada por la pandemia y muchos buscan una "prueba social" de que otros están volviendo a las tiendas en masa antes de hacerlo ellos mismos.

Moore señaló que la parte del cerebro que se ocupa de los números, los hechos y las cifras, a los que suelen atraer las marcas, es aproximadamente una cuarta parte del tamaño de la parte que responde a las emociones, preponderantes junto con el instinto a la hora de tomar decisiones en un momento de incertidumbre.

Para Cathrine Jansson-Boyd, profesora de psicología del consumidor en la Universidad Anglia Ruskin, los mensajes de distanciamiento social, como limitar el contacto de superficies y objetos, están ya tan arraigados en la mente de las personas que todavía afectan el comportamiento del consumidor.

"Los gobiernos no están diciendo que salgamos e intentemos ser normales, pero el problema no ha desaparecido", dijo, y explicó que esto resulta en una disonancia cognitiva por el desajuste entre pensamientos, sentimientos y acciones cuyo efecto es el estrés y la incomodidad.

Simplemente, con tantas restricciones y el acecho de un virus mortal, ya no resulta placentero cazar rebajas en las tiendas o mirar las últimas novedades.

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