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El teletrabajo, ¿una ayuda para el medioambiente?

Jaime Quirós
·4 min de lectura

La falta de confianza y el miedo al descenso de la productividad y la desorganización han mantenido el teletrabajo en España en ratios de apenas el 4,3%, pero ha pasado a ser la forma de trabajo habitual de millones de españoles durante el confinamiento. El coronavirus ha probado que todos aquellos empleos que solo requieran de un ordenador y una conexión a Internet pueden desempeñarse de forma remota desde cualquier lugar.

Así, se ha visto que esta modalidad no solo puede resultar en un aumento de la productividad, sino que también puede ayudar a mejorar la conciliación entre vida laboral y familiar y a reducir las emisiones de carbono y los accidentes de tráfico, puesto que muchos empleados prescinden de usar el coche todas las mañanas, al poder trabajar en remoto.

La plataforma Más Familia ha llevado a cabo un estudio que revela que hasta un 40% de los empleados estaría de acuerdo en desempeñar sus funciones desde el hogar, lo que supondría una reducción de 332.843 toneladas de CO2 al año solo en Barcelona. A nivel nacional, los investigadores calculan que el teletrabajo podría bajar los niveles de carbono en 3 millones de toneladas. Además, al aumento de personas teletrabajando podría descongestionar las calles y reducir el volumen de tráfico en hora punta.

A simple vista, pensaríamos que el teletrabajo es un win-win: simplificaría nuestras vidas y disminuiría nuestros niveles de estrés, a la vez que mejora la situación medioambiental. Sin embargo, ¿hasta qué punto es cierto que esta medida puede contribuir a revertir los devastadores efectos del cambio climático?

Todos aquellos empleos que solo requieren de un ordenador y una conexión a Internet pueden desempeñarse de forma remota desde cualquier lugar. Getty Creative.
Todos aquellos empleos que solo requieran de un ordenador y una conexión a Internet pueden desempeñarse de forma remota desde cualquier lugar. Getty Creative.

La crítica situación del planeta requiere muchas otras medidas

La consultora británica WSP ha refutado esta teoría a través de su último estudio. El informe explica que, al trabajar desde casa, también se gasta mucha energía, tanto en invierno como en verano, debido al mayor consumo de calefacción y de aire acondicionado en los hogares.

Los autores concluyen que disponer de un sitio fijo al que ir a trabajar todos los días reduce este consumo de energía privado, puesto que sale más ecológico calentar una habitación en la que están veinte personas a la vez que una en la que solo se encuentren una o dos. Desde este enfoque, teletrabajar no solo sería malo para el planeta, sino también para el bolsillo del trabajador. Las empresas aumentarían sus ingresos, lo que provocaría que la demanda del servicio aumentara y, con ella, la producción de energía (tanto renovable como no renovable)

David Symons, uno de los autores del informe, afirma que “la gestión de energía en grandes edificios está más perfeccionada que en los hogares individuales”. Además, como los veranos tienden a ser más cálidos, es posible que la demanda de aparatos de aire acondicionado cada vez sea mayor. Entonces ¿cuál sería la solución?

La opción podría ser la apuesta por los coches eléctricos, que no contribuyen a las emisiones de carbono ni a la propagación de gases de efecto invernadero; así como el empleo del transporte público o de vehículos como la bicicleta, 100% ecológicos y que ya cuentan con muchos adeptos en muchas otras ciudades europeas. En caso de que se alternase teletrabajo con trabajo presencial, debemos adoptar una postura de responsabilidad individual y usar la calefacción y el aire acondicionado de manera responsable.

Aunque el teletrabajo es una buena opción para mitigar el impacto de los vehículos privados en el medio ambiente, no puede ser la única medida que se implemente para hacer frente a la degradación medioambiental. El cambio climático viene de la mano de los gases de efecto invernadero y el CO2, derivados de nuestro estilo de vida industrial. Aunque estas nuevas formas de trabajo puedan iniciar la transición, lo cierto es que se necesitan iniciativas aún más grandes para conseguirlo.

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