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Tanto Trump como Obama no dicen la verdad sobre la economía

El presidente Donald Trump y el ex presidente Barack Obama se disputan el éxito actual de la economía. (Foto: archivo Kevin Dietsch - Pool/Getty Images)

El expresidente Barack Obama publicó recientemente un belicoso tuit al afirmar que una ley que aprobó en 2009 sentó las bases “para más de una década de crecimiento económico y la racha más larga de creación de empleo en la historia de Estados Unidos”. Oh, oh. Eso reduciría a tres años la presidencia de Trump. Lo que dice Obama es básicamente que Trump debería darle las gracias.

Trump no lo hizo. Tildó la afirmación de Obama como un “timo de trabajo” y dijo que su predecesor “ahora intenta llevarse los méritos por el boom económico que tiene lugar durante el gobierno de Trump”. Trump dijo que la recuperación de la recesión con Obama que terminó en 2009 fue la más débil desde los años 30 del siglo pasado y siguió con su discurso de que todo lo que hizo Obama estuvo mal y que solo Trump podría salvar a Estados Unidos de un cierto destino maldito.

Antes de hincarle el diente a este argumento, es importante señalar que se trata de una estúpida e infantil pelea de comida. Las economías no responden a este o aquel presidente de turno como si tuvieran un interruptor de luz y lo pudieran encender o apagar. Las políticas presidenciales rara vez mueven la gigantesca economía de Estados Unidos y, cuando pasa, generalmente transcurren varios meses o años antes de que se note en la economía.

Sin embargo, la cuestión es si Trump merece crédito por el bajo desempleo, por los altos precios de las acciones y la fuerte confianza de los consumidores en la elección presidencial de este año. Trump intentará convencer a los votantes para que se queden a su lado con el fin de mantener la buena época en marcha, mientras que su adversario demócrata seguramente argumentará que la economía puede seguir fuerte sin Trump.  

El crecimiento real del PIB anual muestra pocos cambios entre el segundo mandato de Obama y el primero de Trump (Fuente: Reserva Federal de San Luis, Oficina de Análisis Económico).

Así que este es el veredicto: tanto Trump como Obama se equivocan. Obama no hizo nada que no hubiera hecho otro presidente y Trump básicamente tuvo la suerte de encontrarse con una economía que ha progresado al mismo ritmo durante los últimos años de la presidencia de Obama y los primeros tres de la de Trump. La Reserva Federal ha influido en la economía mucho más con los recortes de las tasas de interés y una flexibilización cuantitativa. El capitalismo codicioso y sólido también mantiene fuerte la economía de Estados Unidos, que puede perjudicar a los trabajadores que disponen de protecciones mínimas durante una recesión pero que crea oportunidades irresistibles para ganar dinero y devolverlo a los negocios incluso en tiempos oscuros.

Trump contra Obama

Pero por deporte, examinemos brevemente el historial de cada uno de los contendientes de esta batalla. Obama heredó una economía tambaleante, pero al igual que Trump, se benefició de medidas tomadas por su predecesor: lo más importante son los rescates “TARP” 2008 que mantuvieron en funcionamiento al sistema bancario y probablemente evitaron una depresión mucho peor. Estos rescates fueron impopulares, pero la mayoría de economistas creen que salvó millones de puestos de trabajo.

Menos de un mes antes de que Obama asumiera el cargo, el Congreso aprobó la Ley de Recuperación y Reinversión (ARRA, por sus siglas en inglés), un cuantioso programa de estímulo de 787,000 millones de dólares que recortó los impuestos, invirtió en infraestructura, amplió las prestaciones sociales e hizo muchas otras cosas para devolver a la economía por su senda correcta. La ley fue aprobada con la mayoría de los votos demócratas del Congreso y la mayoría de republicanos votaron en contra. Hubo algunas afirmaciones de que era una ley partidista que un Congreso dominado por los republicanos no habría aprobado. Eso es basura. Un presidente y/o un Congreso republicanos no tendrían forma de aprobar algo parecido, porque los políticos no pueden hacer nada cuando está en marcha la peor recesión en 80 años. Los congresistas que votaron contra la ARRA se permitieron el lujo de hacerlo porque sabían que se aprobaría de todas formas y no serían penalizarlo por oponerse.

En términos generales, los economistas creen que la ARRA ayudó a terminar antes con la recesión y hacer que fuera menos dolorosa, pero Obama cometió un error de novato. Mientras defendía la ARRA, predijo que la tasa de desempleo llegaría a un máximo del 8 % si el Congreso aprobaba la ley y luego se reduciría de nuevo en 2009. En lugar de eso, incluso con los estímulos, la tasa de desempleo aumentó hasta el 10 % y se mantuvo muy por encima de las proyecciones de la Casa Blanca de Obama durante años. Los estímulos no fracasaron, pero al prometer más de lo que se podía dar, Obama dio a los críticos una baza para que afirmaran que fracasaron. Además, la recuperación que empezó en 2009 fue débil, “sin recuperación de empleo”, una tendencia que comenzó en 1991 y que probablemente tiene mucho que ver con la globalización y la revolución digital.

La recuperación se aceleró cuando Obama dejó el cargo en 2017, con una tasa de desempleo del 4,7 % y una bolsa en su octavo año de recuperación al alza. Desde entonces, la tasa de desempleo ha caído 1,1 puntos adicionales y la bolsa ha seguido alcanzando nuevos récords históricos. El crecimiento del mercado laboral con Trump ha dado un promedio de 177 00 nuevos empleos al mes, en comparación a los 216 000 nuevos puestos de trabajo creados durante el segundo mandato de Obama. Las cifras de Obama son mayores, pero Trump puede afirmar con credibilidad que es más difícil crear trabajo al final de un ciclo económico, cuando hay menos desempleados a los que contratar. Sería justo dejarlo en empate.

Trump afirma que sus recortes de impuestos de 2017 y la agenda desregulatoria han desatado un boom económico, o lo hará pronto, pero no hay pruebas de eso. El gasto empresarial fue potente en 2017, antes de los recortes de impuestos, pero desde entonces ha disminuido. La mayoría de los ahorros por la reducción de impuestos a las empresas se destinaron a recomprar acciones y aumentar dividendos, no a inversiones en nuevas plantas, equipos, formación de trabajadores o nuevas contrataciones. El crecimiento del PIB fue del 2,3 % en 2019. El crecimiento durante el segundo mandato de Obama fue un promedio de 2,2 % anual. Así que Trump ha mejorado los registros de Obama en una décima de punto. Guau.

Trump, al igual que Obama, se comprometió en exceso. Dijo que impulsaría el crecimiento del PIB al menos en un 3 % y quizás un 4 %. Eso no va a pasar. La guerra comercial de Trump con China y los nuevos aranceles sobre las importaciones de otras partes del mundo están haciendo que el crecimiento tenga una debilidad crónica mayor a la de los promedios históricos. Y Trump está aumentando la deuda nacional en lugar de devolverla, lo que normalmente ocurre en períodos de prosperidad. El recorte de impuestos de Trump y otros factores producirán déficits presupuestarios de más de 1 billón de dólares en la próxima década, lo que en sí mismo podría llevarse consigo el crecimiento.

La mayoría de presidentes intentan llevarse los méritos por las cosas buenas que ocurren bajo su supervisión y desvían las culpas por las cosas malas. Trump y Obama no son distintos en eso. Ese es uno de los pocos puntos en común que tienen. Si apoyas a uno de los dos, quieres creer que tu hombre es el único y verdadero salvador. Está claro que no.

Rick Newman