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Marta López se mete en terreno pantanoso cada vez que defiende a Olga

·7 min de lectura

Cada edición de Supervivientes tiene un participante que hace correr ríos de tinta. Este año ha sido Olga Moreno por razones obvias. Mientras muchos la atacan por su papel según el testimonio de Rocío Carrasco, otros se han desvivido por ella hasta el punto de hacerla ganadora con unos porcentajes altísimos por encima de pesos pesados como Melyssa o Gianmarco. Y entre sus máximos apoyos cabe destacar el papel de Marta López, sumamente criticado por su gran nivel de implicación. Se ha convertido en el Pepito Grillo de Olga desde que fuera la segunda expulsada con una defensa a ultranza no del todo comprendida. 

Su parcialidad sin límites y alegatos a su favor en cada debate, Sálvame y Deluxe que valga, la han metido en un terreno pantanoso como tertuliana.

Marta López y Olga Moreno en la final de Supervivientes (cortesía de Mediaset)
Marta López y Olga Moreno en la final de Supervivientes (cortesía de Mediaset)

El concurso de Marta en Supervivientes no empezó con buen pie. Esa insistencia de hacer entrevistas periodísticas a todos nada más empezar el reality restaba naturalidad y verdad al asunto. Y eso la audiencia no lo perdona. Sus tertulias y preguntas a Alejandro Albalá sobre los Pantoja y a Olga sobre el tema del año, además de sus peleas con Melyssa, antes de que nos diera tiempo a gestionar el concurso no gustó a parte de los espectadores que a la primera de cambio la expulsaron sin más dilaciones.

Ya en la preconvivencia Marta y Olga hicieron click convirtiéndose en inseparables. Madres, mujeres luchadoras y de la misma quinta con mucho en común iniciaban una amistad que ha sido señalada desde el minuto uno. Las charlas de ambas sobre la vida de Olga, su matrimonio y los hijos de Antonio David hacían sospechar a parte del público que aquello olía a interés mediático, pero tampoco es algo que podemos afirmar categóricamente. Las dos fueron pilares fundamentales la una de la otra en momentos clave y se dieron apoyo incondicional en cada bajón. Obviamente, Marta no es nueva en la tele e imagino que sería consciente de que una buena conversación con Olga daría rating.

Ese protagonismo constante de Marta, no solo protegiendo a Olga y tirándole de la lengua, sino arremetiendo contra Melyssa y en ocasiones Tom fue lo que nos saturó a una gran parte. Su concurso acabó en Honduras pero empezaba una de sus etapas profesionales más arriesgadas. Mientras parecía una parte importante del universo de Mediaset creía el testimonio de Rocío Carrasco, ella decidió nadar a contracorriente. Cada intervención televisiva defendiendo a Olga suponía una avalancha de colegas de profesión arremetiendo contra ella.

De sobra es sabida la unión entre ella y Kiko Hernández. Él es padrino de uno de sus hijos y amigo desde hace más de dos décadas. Sin embargo, sus posturas respecto a la hija de Rocío Jurado son opuestas y le han costado más de un disgusto en plató. Lo mismo con Belén Rodríguez a quien hasta hace apenas días les unía una relación de lo más cómplice. Pero eso parece que ya es historia. Este domingo ambas se enfrentaban duramente en el Deluxe por culpa de esa defensa apasionada de Marta. "Para mí lo importante no es trabajar ni el dinero, para mí es acostarme tranquila todas las noches. Yo no soy tan arrastrada como tú", le dijo Belén tajante. "A mí no me han echado nunca de un programa", le respondía Marta dándole un golpe bajo.

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Más que su defensa a Olga, lo que no se entiende es su manera de hacerlo. Está en todo su derecho de posicionarse donde considere oportuno, pero a veces se le escapan informaciones y datos que suenan a berenjenal innecesario. 

El pasado domingo Marta hacía una de las afirmaciones más contundentes y polémicas en esta historia que parece que no tiene final. La ex Gran Hermana se atrevía a confirmar que la famosa portada que comentó Rocío Carrasco en su serie, la de Antonio David con sus hijos llorando el día que ella se casaba con Fidel, no fue una sorpresa para Rocío Flores pues estaba informada. "La hija está de acuerdo con el padre en poner a su hermano en esa fotografía", soltó. Un verdadero bombazo que, de ser cierto, haría partícipe a la joven en la versión que Carrasco compartió en su serie de haber sido víctima de un entramado para desacreditarla como madre. Quizás por eso, minutos después Marta rebobinó y desdijo todo. "Yo sé otra versión, la que sé es que el padre en ese reportaje no había engañado a los niños", prosiguió. "No he desvelado nada, he dicho que yo pienso eso, no lo estoy confirmando".

Se nota que tiene información privilegiada, lo malo es que en la pasión de una discusión a veces parece que se le escapan cosas que pueden hacerle mucho daño a ella como personaje televisivo, e incluso a su amiga del alma, Olga. De hecho este martes, en el debate final, Marta llegó a decir que su compañera sufrió desprecios de todos cuando se enteraron lo que estaba pasando en España con ella y su familia. Una información que Olga negó de inmediato diciéndole en su cara que no era cierto y que jamás había sentido el desprecio de ninguno de sus compañeros. Eso sin hablar de sus caras que eran otro poema.

En la noche del martes, Marta se llevó palos por todos lados. Olga, no solo fue la única en pararle los pies por una defensa tan desatada, también Jordi González le pidió que dejara hablar a los demás y, sobre todo, a Olga, a raíz de que llevaba su defensa hasta el punto de alzar la voz y no permitir que nos enterarámos de qué opinaba la ganadora. Jordi le recordó que Olga sabía defenderse solita y lo había demostrado en la isla. Por momentos, y desde casa, se percataba cierta incomodidad en la cara de la ganadora cada vez que hablaba Marta porque, más que beneficiarla, producían el efecto contrario. 

Y ese es el mayor reproche que se le puede hacer a Marta, el llevar su defensa a una exageración que, a veces, parece perder credibilidad. Yo no tengo por qué dudar de su amistad, pero lo que no me parece de pago es que pretenda estar en todos los saraos. Marta no dialoga en esas intervenciones, discute y se posiciona como si tuviera la verdad absoluta. Si diera argumentos constructivos y en un tono conciliador, probablemente todo sería distinto y muchos se identificarían con su testimonio, tan loable como todos los demás. Pero su afán por defender a Olga, como sea y contra quien sea, echa por tierra cualquier cosa que diga. Prueba de ello es que hasta su defendida le ha tenido que poner un parón.

Entre las perlas que Marta ha llegado a decir para apoyar a su defendida encontramos que "era una guerra entre Rocío Carrasco y Olga" y que "el apoyo que ha tenido Olga es que España ha hablado y ha decidido, contra eso no se podía luchar". Un comentario tan poco probable como fácilmente rebatible, empezando porque no toda España se pone a votar la final de un reality y muchas personas que creen el testimonio de Rocío Carrasco no tienen por qué entrar en la guerra mediática votando en contra de nadie.

En apenas unos segundos su afirmación quedó fuera de juego cuando Lola dijo que esa guerra "no tendría que salpicarnos" como concursantes. De alguna manera dio a entender que esa situación externa nunca debía haberse inmiscuido en el reality hasta tal extremo pues, sin comerlo ni beberlo, el resto de finalistas han sido los más afectados.

Ahora toca lo que toca, debates fervientes, un programa especial Ahora, Olga, emitido este miércoles en Telecinco y una Marta en los platós que no parece tener freno. 

Acostumbrada a estar siempre en el centro de la polémica desde su paso por Gran Hermano y posteriores romances mediáticos como el de Alfonso Merlos y Efrén Reyero, lo de ahora es muy distinto y podría pasarle una mayor factura de la esperada. Después de todo, ella puede posicionarse a favor de Olga o con el testimonio que crea, pero las joyitas que suelta (o se le escapan) por defender a su amiga a capa y espada la están convirtiendo en un personaje muy criticado en redes cuando, quizás, podría optar por defenderla desde ángulos que favorezcan más a Olga y sean más moderados. Pero bueno, esa es solo mi opinión tras seguir todo el concurso. Las meteduras de pata y exposiciones exacerbadas de Marta estarán por siempre en el archivo de Sálvame y en los espectadores. ¿Le merece realmente la pena?

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