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'Succession' demuestra de nuevo por qué es la mejor serie del momento

·5 min de lectura

Encontrar originalidad en la renovación de historias que ya fueron aplaudidas por la crítica y el público, no suele ser tarea fácil. Por eso lo de Succession es para quitarse el sombrero. La serie sobre la familia más poderosa, caprichosa, desconfiada, competitiva y disfuncional de las series ha vuelto a la plataforma de HBO (pronto HBO Max) con una tercera temporada que desde su primer capítulo ya promete mantener el listón, y quizás superar, a su apoteósica segunda temporada.

Viendo el arranque de la nueva tanda de episodios, la inteligencia de sus diálogos y lo mucho que sus actores han logrado moldear a unos personajes de miradas que hablan solas, uno no puede evitar la sensación de estar ante la mejor serie de los últimos años.

Imagen promocional de 'Succession' (cortesía de HBO)
Imagen promocional de 'Succession' (cortesía de HBO)

Dos años. Es el tiempo que los fans llevamos esperando para descubrir la continuación de la debacle monumental de los últimos minutos de la segunda temporada. En aquel desenlace magistral, su creador Jesse Armstrong nos dejaba un cliffhanger superior a los de The Walking Dead, con un poderío dramático soberbio que abría la historia a inmensas posibilidades. La guerra familiar estaba servida y estuvimos dos años atrincherados esperando la contienda (un retraso influenciado sobre todo por la pandemia).

Pero la espera ha merecido la pena. La serie ganadora de nueve premios Emmy acaba de estrenar el pasado lunes 18 de octubre el primer episodio de la tercera temporada, mientras el resto irá llegando a uno por semana (serán nueve en total).

Succession retoma la historia justo después del terremoto que provoca Kendall Roy (Jeremy Strong) al traicionar a su padre en la conferencia de prensa del final de la segunda temporada, delegando en él toda la culpa de los escándalos y abusos sexuales que rodean a una fracción de la empresa. Aquel acto de venganza inolvidable -cuando su padre lo había escogido para que sea la cara del escándalo, forzándolo a auto culparse por el bien de la empresa y el suyo propio- nos dejó con la boca abierta (literalmente) a millones de espectadores.

Kendall despliega un entusiasmo y arrogancia tan abrumadores que no hacen más que disfrazar el temor y pánico que evidentemente mastica por dentro. Tiene la mano ganadora de la partida, pero solo de momento. De su padre Logan y sus hermanos, tanto él como los espectadores, podemos esperar cualquier cosa. Después de todo estamos ante una serie sobre la sucesión de una empresa poderosa, con la familia retratada como un nido de víboras cuyo veneno es la codicia motivada por la competencia de conseguir el favoritismo de un padre que nunca los tuvo en cuenta.

Succession consigue mantener la intensidad de aquel final con diálogos punzantes cargados de intenciones, dudas y desconfianzas sembradas en las voces y miradas de los tres hermanos de Kendall. Leales pero ¿a quién? ¿Al padre, al hermano o a ellos mismos y su codicia? 

Jeremy Strong en la tercera temporada de 'Succession' (Macall Polay; cortesía de HBO)
Jeremy Strong en la tercera temporada de 'Succession' (Macall Polay; cortesía de HBO)

Jesse Armstrong juega con maestría con los peones de este juego de ajedrez donde la partida se mueve con jugadas continuas sin saber quien terminará cantando jaque mate al final de temporada. Porque por más que Kendall se haya lanzado al vacío escudándose en víctimas de abusos y un escándalo que promete hundir a su padre, su acto se antoja más bien como una movida oportunista tras la decepción constante.

Pero lo que hace que esta temporada sea tan interesante y demuestre que la serie no decae en su regreso, es que expone las flaquezas de los Roy, haciéndolos vulnerables por primera vez en sus vidas. El FBI podría llegar en cualquier momento, los contactos poderosos deben elegir bandos o ninguno, la opinión pública podría convertirse en el peor de sus enemigos… están expuestos y transpiran pánico por cada uno de sus poros. Se nota en las dudas a la hora de tomar decisiones, en las traiciones mutuas que cada uno considera según sus necesidades, en los gritos, en las miradas. Los Roy, por fin, saben lo que es el miedo y eso permite que la serie tenga nuevos frentes abiertos, con una historia nueva y arriesgada, que pone todas sus intenciones en desafiar al espectador más que en simplemente repetir el éxito.

Todos sus intérpretes vuelven a hacer un despliegue ejemplar de la coreografía que bailan con sus personajes, aunque una vez más es Kieran Culkin quien da la nota como ese hijo menor caprichoso, irreverente, impredecible pero sobre todo inseguro, incómodo en su propia piel. Sus secuencias con Sarah Snook (su hermana Shiv en la serie) son de lo mejorcito del arranque de temporada.

Kieran Culkin en la tercera temporada de 'Succession' (Macall Polay; cortesía de HBO)
Kieran Culkin en la tercera temporada de 'Succession' (Macall Polay; cortesía de HBO)

La serie vuelve a recurrir a los planos rápidos y cámara en mano, transmitiendo tanta tensión como vergüenza ajena por unos personajes que dejan en evidencia más que nunca la falta de humanidad cuando el poder está en juego. En resumen, Succession mantiene su posición como sátira social sobre los ricos y poderosos viviendo por encima de la ley y el mundo como si ellos fueran reyes sin corona, pero arriesgando, sacudiendo sus entrañas con una tensión que palpitamos desde casa.

Estamos ante una temporada que mantiene la sensación de que estamos ante una serie para los corazones fuertes, los que no se ofenden fácilmente y pueden encontrar en sus diálogos e interpretaciones el juego más rápido del mundo.

Con su tercera temporada, Succession demuestra que es como el buen vino de la series. Aunque madure y pase el tiempo, logra mejorar y dejarnos el paladar pidiendo más.

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