Mercados españoles cerrados

Stephanie Cutter, la voz de Obama en las sombras

 

Se habló mucho, la semana pasada, de un anuncio electoral producido por el equipo de Obama que protagonizaba la gallina Caponata de Barrio sésamo. Ese anuncio pretendía responder a las amenazas de Mitt Romney, el candidato republicano a la Casa Blanca, de dejar de financiar la única cadena de televisión pública de Estados Unidos, que a su vez es la única que emite este programa. La semana pasada, Caponata se convirtió en una estrella política y los planes de Romney para con su cadena, el momento más citado del primer debate electoral.

Detrás de este fenómeno que llenó los titulares hace días había un tuit. Uno que se había publicado justo después de que Romney se pronunciara en el debate y que incluía una foto en la que Caponata aparecía en un mitin de Obama. Lo había escrito Stephanie Cutter, una mujer de 43 años para que la gente se centrara en ese pequeño momento del debate y no en lo flojo que había estado el presidente en sus intervenciones.

[Relacionado: La gallina Caponata declara la guerra a Mitt Romney]

Es a maniobras como esta lo que Cutter dedica su tiempo. Es su trabajo como una de las mánagers de la campaña. Veterana en las más altas esferas de Washington, esta mujer es uno de los miembros más valiosos del equipo contratado por Obama para lograr su reelección. Apodada La Ninja por su equipo, devora estadísticas, diseña estrategias y le dice al presidente lo que tiene que decir antes de cada entrevista. Lo que el presidente no puede decir ya lo dice ella misma en su canal de YouTube a través de las redes sociales. The New York Times la ha bautizado “la mensajera que mata por Obama” . En ese reportaje, se apunta que ha ayudado al presidente a conectar mejor con las mujeres, o eso dicen los expertos, pero que sabe librar una buena batalla polítca.

[Relacionado: Michelle Obama: "No hablo de política con mi marido"]

Única hija de una madre soltera, Cutter nació en Raynham (Massachussets), área en la que se quedó hasta graduarse en el Smith College. De allí pasaría a la universidad de Georgetown, en Washington DC, donde pronto se convertiría en una estrella. Empezó trabajando para el senador Edward M. Kennedy, lo cual le sirvió para convertirse en una de las favoritas de tan política familia. Cambió de trabajo al poco, para formar parte del equipo que intentó mejorar la imagen del presidente Clinton después del escándalo Lewinski. Trabajó también en la fallida campaña de John F. Kerry, el demócrata que intentó arrebatarle la Casa Blanca a George W. Bush. Ese fracaso casi le vale toda su carrera: el equipo demócrata tuvo mucha prisa en culparla a ella de la debacle. “Me asqueaban las historias y cotilleos que se contaban de ella”, recuerda Kerry. “Al final, el responsable de todo fui yo”

Pero al poco recibió una carta de Vicki Kennedy, la mujer del senador: “Tu trabajo te está esperando para cuando lo quieras. Vuelve a casa”. En esta segunda etapa con Kennedy, se convirtió casi en un miembro más de su familia. Estaba allí en 2008, cuando al senador le diagnosticaron el cáncer que lo mataría al año siguiente. “Cuando Teddy se ponía malo, llamaba a urgencias, a su médico y a Stephanie, en ese orden”, recuerda hoy Vicki.

Edward Kennedy murió en 2009 y Stephanie supo convertir esa tragedia en un éxito personal: se le considera responsable de que al senador se le recuerde hoy de forma tan favorable. Y esto la vinculó a Obama, al cual ya había ayudado al preparar a la juez Sonia Sotomayor para los exámenes de acceso a Tribunal Supremo (quizá la primera victoria política del presidente, que acababa de llegar a la Casa Blanca). Empezó convirtiendo a Michelle Obama, que al principio era un peligro deslenguado ante los medios, en todo un activo electoral con un simple gesto: la puso a cargo de la lucha contra la obesidad infantil, una causa ha marcado para bien la imagen de la Primera Dama.

Soltera, con un perro como único compañero en su piso alquilado en el distrito histórico de Chicago, Cutter respira su trabajo. Sus mejores amigos son una analista política de la televisión, una ayudante al jefe de gabinete de la Casa Blanca y una compañera de sus campañas electorales. Entrena en el gimnasio a las cinco de cada mañana. Y ha dejado caer (no se presta a ser entrevistada) que esta será su última campaña. Sus amigos le estiman un futuro en el sector privado o como comentarista pollítica en televisión

Fuente: The New York Times