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Sara Baras: "Estoy muy orgullosa de ser marca España y de llevar su nombre por medio mundo"

·7 min de lectura
Sara Baras en la presentación de la Fundación Paco de Lucía. (Photo: Chema ClaresGTRES)
Sara Baras en la presentación de la Fundación Paco de Lucía. (Photo: Chema ClaresGTRES)

El espectáculo Sombras de Sara Baras se ha despedido de Madrid con el mejor sabor de boca: el teatro Rialto lleno todos los días y un público entregado, ansioso por disfrutar desde el patio de butacas del arte de una de las bailaoras más reputadas de nuestro país.

Entre función y función, actuación, viaje y ensayo –estrenará su próximo espectáculo en diciembre–, Baras aún tuvo tiempo de hacer un hueco en su agenda para participar en la presentación de la Fundación Paco de Lucía, de la que ella es una de sus patronas.

“La fundación nace para preservar y divulgar el legado de Paco y sobre todo seguir su lucha, poner el flamenco en el lugar que se merece: una de las músicas populares más importantes del mundo con una riqueza rítmica y armónica como pocas”, explicaba Gabriela Canseco, viuda del guitarrista y presidenta de la fundación.

Baras participó en la presentación realmente emocionada pues el músico flamenco está indisolublemente ligado a su carrera: “Me emociona mucho escucharlo”, asegura a El HuffPost. “Lo hablaba con su mujer, Gabriela, es algo que me remueve por dentro. Han pasado años y aún siento muy cerca al maestro. Para mí hay un antes y un después en el mundo flamenco. Es un artista al que he tenido la suerte de tener cerca”, confiesa.

Sara, ¿qué te une a Paco de Lucía? En tu cuenta de Twitter, tu avatar es una foto con él…

La foto es la que puse cuando abrí la cuenta. Puse esa imagen porque le tengo una admiración y un cariño especial. Él es mi artista favorito del mundo. Le conozco desde que soy casi una niña y siempre fue muy cariñoso conmigo y hemos tenido una relación muy bonita. Su cariño y sus consejos han sido muy importantes en mi vida.

Llevas más de 30 años sobre el escenario… ¿Aún recuerdas la primera vez que te subiste al escenario a bailar ante el público?

Sí, lo recuerdo al detalle. Al empezar de tan niña, era muy valiente, no había responsabilidad, iba a por todas. Pero el recuerdo más bonito no lo tengo en un gran teatro, lo tengo en el teatro del cole. La primera vez que bailé en el fin de curso y me enfrenté al público lo recuerdo como algo precioso. A lo largo de mi vida no tengo recuerdos feos, no tengo malos recuerdos. Por supuesto, mucho sacrificio y mucho trabajo, como todo el mundo que quiere algo. Pero directamente con el público, directamente en el escenario, no tengo un mal recuerdo. Y los que compartí con Paco son todos alucinantes.

¿Alguno en especial?

Yo estaba a su lado cuando le dijeron que era Príncipe de Asturias. Era el Festival de Jimena y yo le presentaba, con un texto de Téllez. Pero también he estado con él en Nueva York, en Japón…

En una entrevista declaraste: “Es un orgullo ver el cariño y respeto que se nos tiene fuera de España”. ¿Es un reproche al público español?

Para el público yo solo tengo agradecimiento. Es muy importante ser agradecido porque gracias a esa gente estoy aquí. Después tengo más agradecimientos: a mis maestros, a la gente que me ha apoyado, a mi equipo… En ese titular lo que yo explicaba es que, aunque suene un poco feo, si el flamenco fuera ruso o fuera francés, ¡guau!, sería mucho más valorado. En los festivales internacionales más importantes de música, teatro o danza del mundo, el flamenco siempre está como un arte grande. Y aquí eso cuesta más, y no es por el público. En un festival importante de jazz hay un día dedicado al flamenco. Nosotros hemos inaugurado el teatro de la ópera de Dubai, de Abudabi… Teatros que se abren al mundo con un espectáculo de flamenco. La temporada del Ópera de Sidney se llena bestialmente cuando hay flamenco.

¿Y la gente de fuera lo entiende? ¿Siente el flamenco?

Para saber de flamenco sí hay que estudiar, pero para sentirlo, no. Si después sabes diferenciar una soleá de una seguidilla, aporta más; pero sentirlo, lo vas a sentir.

Cruzamos el mapa y pensamos, ¡cómo nos van a entender! Pues sí, lo sienten. El flamenco viene de la calle, por eso es fácil de sentir. Ahora, como riqueza musical es muy difícil, técnicamente es muy complicado. Ahí el maestro lo demostró. Fue uno de los mejores guitarristas del mundo y tocó con los mejores guitarristas del mundo, de otros registros. Las canciones de Paco de no se pueden tararear, no las puedes repetir. La dificultad de lo que hacía era tan grande... Y a pesar de ello llegaba al corazón.

Pero no sólo el flamenco que sube a un teatro, el que tiene una técnica, tiene dificultad; el flamenco de la calle, de cualquier esquina, también. Es eso que llamamos el duende.

Entonces el duende existe.

Sí, existe, pero sin trabajo no se llega lejos. Yo he tenido la suerte de nacer en una tierra en la que el arte está por todas las esquinas, pero para triunfar hay que trabajar mucho.

¿El duende es patrimonio andaluz?

No, no, para mí no lo es. No hace falta haber nacido en Cádiz ni en España para tener duende. Duende puede haber en cualquier lugar. Después, hay que sentirlo, hay que tenerlo y hay que tener la capacidad de poder comunicarlo, de poder compartirlo, de poderlo pasar de mi corazón al tuyo.

¿Crees que, ahora, lo que suena mucho a España y a tradición, como el caso del flamenco, se desdeña o se rechaza?

No, no… Yo estoy muy orgullosa de ser marca España y llevar el nombre de España por medio mundo con parte de la cultura que nos representa. Yo siempre he tenido la suerte de rodearme de gente que adora lo nuestro y que lo defiende y lucha por defenderlo.

¿Qué situación vive el flamenco ahora mismo?

Sinceramente, ahora hay mucha gente que lo está pasando muy mal y espero que esto pase pronto porque la nueva normalidad parece estar muy cerca ya. Por ejemplo, ya hemos recuperado la emoción del directo. Estas semanas que hemos estado en Madrid con el espectáculo Sombras, que dejamos justo antes de la pandemia y hemos querido despedir de la capital, está siendo una cosa... El ambiente, las ganas del público y las ganas del equipo, de los artistas y de los técnicos es alucinante. Estamos todos con un entusiasmo y una entrega tan bonita que es bestial.

Hemos vuelto al principio, a esa ganas, esa ilusión, a darle valor a lo que hacemos. Llevábamos tanta prisas, hacíamos tantos conciertos, tantas funciones, que habernos parado y haber tomado distancia, ha hecho que la vuelta esté siendo espectacular.

En general, la danza siempre ha sido la hermana pequeña de la cultura en este país, pero el flamenco parecía ser la excepción. ¿Y ahora?

Realmente hablas con alguien que tiene una compañía privada que sacamos adelante con nuestro esfuerzo y nos mantenemos del público. Pero yo entiendo que para hacer esto se necesita mucha ayuda. La mayoría de los bailarines, cuando me preguntan qué pueden hacer para tirar adelante, para bailar o para seguir estudiando, yo no sé dónde mandarlos. Por eso es tan importante la creación de la Fundación Paco de Lucía. El flamenco necesita ayudas del Gobierno, de la administración…

Sara, tu cuerpo es el epicentro de tu trabajo… ¿Cómo se sustituye el paso del tiempo en ese sentido o tus piernas siguen siendo las mismas que hace 20 años?

Las mismas o mejores... Mira, cuando me quedé embarazada de mi hijo pensé que nada volvería a ser igual, por el parón que supuso. Pero cuando retomé el baile, enseguida me puse al mismo nivel. De verdad que creo que estoy mejor que nunca, porque tengo otras prioridades y otro estilo de vida.

Entonces, ¿queda Sara Baras taconeando para rato?

Sí, sí, me queda taconeo aún.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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