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En los sótanos de Stepanakert prolifera el covid-19

Emmanuel PEUCHOT
·3 min de lectura

Promiscuidad, falta de ventilación y sin mascarillas. En los sótanos de Stepanakert, la capital de Nagorno Karabaj en guerra con Azerbaiyán, los pocos habitantes que aún permanecen en la ciudad están a salvo de los bombardeos, pero el covid-19 prolifera. 

En el sótano de un modesto edificio de tres pisos, como hay muchos en la ciudad, se han habilitado varios sótanos seguidos para proteger a las personas de los bombardeos regulares, como el del viernes por la noche. La mayoría de los 60.000 habitantes huyó.

El sótano más grande, de unos 50 metros cuadrados y 1,76 metros de altura, sirve de dormitorio. Cerca de diez colchones con mantas se colocan en bancos de piedra construidos contra las paredes. El piso de tierra está cubierto con cajas de cartón.

Algunas lámparas de luz pálida cuelgan del techo. Una vieja estufa de leña está instalada en el medio, su tubo de salida de humos atraviesa la habitación hasta una pared exterior.

Lusine Tovmasyan, de 44 años, dirigía un laboratorio de análisis médicos en Stepanakert antes de la guerra. 

Desde el comienzo del conflicto a finales de septiembre, ha trabajado para las autoridades sanitarias y ha estado realizando pruebas de covid en el hospital central o entre residentes que no pueden viajar. 

El viernes por la mañana, acudió al edificio para examinar a dos mujeres, de 63 y 76 años, sospechosas de estar infectadas. 

La septuagenaria espera sentada en una silla en medio del sótano del dormitorio, envuelta en un abrigo. 

Tose y gime cuando le suben un hisopo de algodón por la nariz y luego por la garganta. El mismo proceso y los mismos efectos para la de 60 años, a la que le toman la prueba en el salón de su apartamento, en la planta baja. 

Con un chal sobre los hombros, balancea el busto de adelante hacia atrás, murmura algunas palabras con una voz débil y quejumbrosa, y su rostro hace una mueca.

- "Alta tasa de infección" -

"Realizamos una media de 60 pruebas al día. La tasa de contagio es bastante alta", sobre todo porque "la gente vive en grupos en los sótanos, sin mascarillas", explica a la AFP Lusine Tovmasyan, la única que tiene el rostro protegido entre la media decena de mujeres presentes en el sótano. 

"Entre el 40 y el 60% de las personas examinadas dan positivo, depende del día", dice.

Las pruebas se envían a Ereván, la capital de Armenia, a unas 4 horas en coche. 

"Hacemos listas de los que dan positivo en la prueba y de las personas que han tenido contacto con ellos", explica. 

En la clínica de enfermedades infecciosas, cerca del hospital central, no hacemos ninguna prueba pero recibimos pacientes que presentan los síntomas de covid.

En una sala de cuidados, las enfermeras están ocupadas perfusionando los brazos de tres hombres sentados y con mascarillas. 

Samvel Galstyan, de 62 años, no sabe si tiene el covid, simplemente tiene "fiebre alta", por eso vino.

"Hace frío en el sótano. Te vas a la cama y te levantas sin cambiarte de ropa. No puedes quedarte ahí, así que entras y sales a menudo. Caliente, frío, caliente, frío ... y aquí estoy", dice el sexagenario. 

Según una estimación de Raya Simonyan, de 63 años, médica del hospital central y responsable de esta sala de cuidados, "el 90% de los habitantes" todavía presentes en Stepanakert tienen el covid, aunque precisa que no tiene cifras oficiales. 

"La situación es muy preocupante (...) La mayoría de los residentes están enfermos", añade. 

De vuelta en el sótano-dormitorio, la cabeza de una adolescente morena de 15 años, acostada en una cama, emerge de una manta, antes de desaparecer nuevamente. 

Su madre está ahí, a su lado, sentada en el borde de la cama, con el rostro preocupado, la mirada en blanco. Su marido y su hijo están peleando en el frente. Ella recibe noticias de ellos con regularidad, pero no podría decir dónde están. 

"Queremos la paz, que la guerra termine cuanto antes", dice llorando.

epe/apo/at/msr/eg/erl