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Con un "renunciamiento histórico", Cristina contraataca al Poder Judicial y consolida su liderazgo en el peronismo

Cristina Kirchner lo hizo de nuevo: como tantas veces en su vida política, transformó una crisis en una oportunidad para el resurgimiento, a través de la generación de un hecho de alto impacto. Y el día de su condena por corrupción necesitaba equiparar con un impacto muy ruidoso; por eso decidió hacer un gesto de "renunciamiento histórico" lo suficientemente grande como para poder cambiar las portadas de los diarios y dejar en segundo plano la noticia de la sentencia.

El anuncio, sobre el final de su alocución, de que no se presentará a ningún cargo electivo la semana próxima no sólo tiene el efecto de tapar la principal noticia del día, sino que cambia por completo la escena política del país. Probablemente inspirada en hitos de la historia -por la cual ella siente una particular predilección-, su decisión guarda similitud con el célebre renunciamiento de Eva Perón, que al rechazar la postulación a la vicepresidencia dijo sus militantes: "Renuncio a los honores pero no a la lucha".

En el caso de Cristina, su gesto tiene varias consecuencias políticas inmediatas. Primero, elimina toda posibilidad de comparación con Carlos Menem, que pasó los últimos 17 años de su vida dependiendo de los fueros de senador para no ir preso.

Ella misma demostró su desprecio por la posibilidad de hacer campaña bajo la posibilidad de ser "chicaneada" por sus rivales con epítetos como "la candidata condenada".

Su renuncia, además, la erige en líder moral del peronismo: ahora, no habrá ningún dirigente del Partido Justicialista ni del sindicalismo ni de las organizaciones sociales, cualquiera sea su tendencia, que se anime a cuestionarla en público. El hecho de no postularse no significa que deje de tener protagonismo político: más bien al contrario, su propósito es concitar la unanimidad de la adhesión y concentrar el poder de elegir a los candidatos del partido.

Era algo que ya se venía insinuando hasta el punto que el presidente Alberto Fernández anunció que se investigará el episodio del viaje de los jueces a Lago Escondido, pagado por ejecutivos del grupo Clarín.

Por si no fuera suficiente, Cristina recordó lo que ya había manifestado en su alegato de defensa: que si había alguien a quien le cabía la responsabilidad de velar por el cumplimiento del presupuesto -lo que incluye la obra pública- es al jefe de gabinete y no al Presidente. Es una estrategia defensiva que hace socios de su eventual delito a Alberto Fernández, Sergio Massa, Juan Manuel Abal Medina, Jorge Capitanich y Aníbal Fernández.

Simpatizantes de Cristina Kirchner manifestaron frente al edificio de Comodoro Py, en rechazo a la condena de la vicepresidente
Simpatizantes de Cristina Kirchner manifestaron frente al edificio de Comodoro Py, en rechazo a la condena de la vicepresidente

Simpatizantes de Cristina Kirchner manifestaron frente al edificio de Comodoro Py, en rechazo a la condena de la vicepresidente

Este nuevo escenario político sin Cristina candidata termina condicionando también a los candidatos del macrismo, que no podrán hacer una campaña en términos parecidos a los que se veían en Brasil, donde Jair Bolsonaro le recordaba en cada debate a Lula su condición de ex presidiario. Claro que desde el macrismo se podrá reflotar el tema corrupción, pero ya no se podrá acusar a Cristina de buscar un cargo como refugio.

Y, en definitiva, lo que logra Cristina con su gesto es quedar ungida por un nuevo manto de respetabilidad. La sociedad seguirá dividida entre quienes creen que la condena es justa y los que se apegan a la teoría del "lawfare" y la persecución política, pero todos deberán admitir que la vicepresidente decidió despojarse de protecciones de las que no gozan los ciudadanos comunes.

Un contra-ataque incómodo para el Poder Judicial

La estrategia de Cristina, además, implica, un arriesgado contra-ataque al Poder Judicial. Porque, tal como ella planteó las cosas, el 10 de diciembre de 2023 debe ir presa, algo que no entraba en los planes de nadie.

Por lo pronto, eso cambia radicalmente el clima en el que los jueces de la Cámara de Casación tendrán que decidir sobre la apelación al fallo de primera instancia. Si Cristina estuviera protegida por fueros, una ratificación de la condena, por parte de la Cámara, no cambiaría en nada la situación: Cristina seguiría libre hasta que la sentencia fuera confirmada por la Corte Suprema. Y los jueces podrían fallar sin temer la consecuencia de una conmoción social.

Ahora, en cambio, los jueces se enfrentan a una situación más compleja. Si la condenan, estarán confirmando su prisión efectiva, por lo menos hasta que la Corte tome el caso, para lo cual pueden pasar años. Si, en cambio, la absuelven, se arriesgan a aparecer como presionados por el poder político.

Los camaristas también definir cuál será el mejor "timing" judicial: si se apresurarán a fallar antes de la elección del próximo gobierno o si esperarán al cambio de autoridades, para dar su sentencia ya sabiendo si el presidente será un "amarillo" del PRO o un peronista comprometido con Cristina a concretar la reforma judicial que Alberto Fernández no realizó.

Héctor Horacio Magnetto, principal ejecutivo del grupo Clarín, fue el interlocutor a quien habló Cristina
Héctor Horacio Magnetto, principal ejecutivo del grupo Clarín, fue el interlocutor a quien habló Cristina

Héctor Horacio Magnetto, principal ejecutivo del grupo Clarín, fue mencionado por Cristina Kirchner como verdadero decisor de su condena

Con su potente alegato sobre el episodio de Lago Escondido, la vicepresidente logró sembrar la desconfianza sobre la imparcialidad de todos los jueces, al punto de calificar al Poder Judicial como "mafia" y "Estado paralelo". Pero, sobre todo, la intención de Cristina era caracterizar a los jueces y fiscales como empleados que trabajan para el "poder real".

No por casualidad, en el cierre de su alocución decidió dirigirse personalmente a Héctor Horacio Magnetto, el principal ejecutivo del grupo Clarín, a quien caracterizó como el verdadero artífice de su "persecución judicial".

"Una muy buena noticia para usted, Magnetto, ¿sabe por qué? Porque el 10 de diciembre de 2023 no voy a tener fueros, no voy a ser vicepresidenta. Así que les va a poder dar la orden a sus esbirros de la Casación y de la Corte Suprema de que me metan presa, sí. Pero mascota de usted nunca, jamás. No voy a ser candidata a nada", fue la frase de Cristina que se replicó miles de veces en los medios y las redes sociales.

Cristina podía haber terminado dirigiéndose a los jueces o a los dirigentes de la oposición, o a Mauricio Macri. Pero prefirió personalizar en Magnetto, como forma de reforzar su hilo argumental de siempre: que quien la lleva a juicio y la condena no es un funcionario del poder judicial ni un político del partido rival sino un poder económico al que nadie -ni siquiera su esposo Néstor, que mostró debilidad al autorizar la fusión Cablevisión-Multicanal- había osado desafiar.

La estrategia de la respuesta política

Para Cristina, a esta altura, ya pasó a ser secundario responder las acusaciones concretas sobre irregularidades en el esquema de la obra pública que enriqueció a Lázaro Báez. El centro de su estrategia es consolidar la idea de que su situación judicial obedece a causas políticas, y por lo tanto su respuesta también es política.

Ahora más que nunca, el argumento de la militancia K será que Cristina no es condenada por corrupción sino como un castigo por haberse enfrentado al campo, por disuelto las AFJP, por haber re-estatizado YPF y Aerolíneas, por no haber autorizado la fusión entre el grupo Clarín y Telecom y por haber extendido la nómina de jubilados, entre otras causas épicas del kirchnerismo.

Desde el atentado contra CFK, el kirchnerismo sostiene la tesis de que sólo un sobreseimiento será garantía de la paz social en el país
Desde el atentado contra CFK, el kirchnerismo sostiene la tesis de que sólo un sobreseimiento será garantía de la paz social en el país

Desde el atentado contra CFK, el kirchnerismo sostiene la tesis de que sólo un sobreseimiento será garantía de la paz social en el país

En otras palabras, Cristina está convencida de que si algo la salvará de ir presa es ganar la batalla de la opinión pública. Es algo que ya se viene acentuando desde el atentado contra su vida, cuando el senador José Mayans, plantó que sólo un sobreseimiento podía ser garante de la paz social.

Es el argumento que están levantando los principales dirigentes del peronismo y es, en definitiva, el mensaje que se le quiere hacer llegar a los jueces de la Cámara de Casación, que ahora saben que la consecuencia de su fallo podría ser la prisión efectiva de la líder peronista, una situación de consecuencias sociales imprevisibles.

¿Hay margen para el operativo clamor?

¿Logrará Cristina su objetivo? Los sondeos previos a la sentencia no le juegan a favor: una investigación de la consultora Giacobbe revela que apenas un 20% de la opinión pública considera que la causa Vialidad está armada con fines de persecución política mientras un 70% cree que ella sí es responsable de defraudación al Estado.

Pero ella cree que la pelea por la opinión pública todavía no está perdida, y por eso hace una apuesta fuerte por la "victimización" y por el contra-ataque al Poder Judicial.

Para su base militante, esa que en los actos canta con insistencia "Cristina presidenta" debe ser una sensación ambigua: por un lado, la desilusión de que no se concrete la postulación a la que ella parecía acercarse con frases enigmáticas –"todo en su medida y armoniosamente"-; pero, también, un momento de recarga emocional tras el potente alegato de la líder.

En los próximos días, previsiblemente, la militancia se redoblará con manifestaciones de apoyo. Y hasta es probable que, en su fuero íntimo, haya militantes que crean que el renunciamiento todavía no es definitivo y que queda margen como para intentar un "operativo clamor".

Es algo que, a priori, no debe descartarse. A fin de cuentas, ya en su primera defensa por la causa Vialidad, antes de asumir como vicepresidenta, Cristina dejó en claro la visión que tiene sobre su lugar en la historia y el rol de los jueces: "A mí me absolvió la historia. Y a ustedes seguramente los va a condenar la historia. ¿Preguntas? Preguntas tienen que contestar ustedes, no yo".