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La carencia de agua limpia y potable impacta directamente en la economía

Una mujer saca agua de un recipiente por el cual pagó 0.50 centavos de dólar, debido a la falta de agua potable en el asentamiento de Lomo de Corvina en junio de 2006 en Lima (foto Martín Bernetti/AFP/Getty Images).

Que el agua llegue sucia a su hogar no solo es un mal síntoma y un riesgo para su salud y el de sus familiares, sino que tiene efectos sobre la economía en las zonas donde esto ocurre. Según el Banco Mundial, el crecimiento económico en las regiones con una alta contaminación de sus recursos hídricos se disminuye hasta en un tercio de su potencial.

Un argumento que preocupa de manera especial a los países latinoamericanos, en los que, de acuerdo con el informe Calidad del agua en las Américas: riesgos y oportunidades, publicado por la Red Interamericana de Academias de Ciencias (Ianas) en febrero de 2019, solo el 65% de su población accede a agua potable.

Otro dato angustiante lo aporta el Global Water Supply and Sanitation Assesment, citado por el informe de Ianas, que señala que en Latinoamérica poco más del 60 % del agua residual recibe tratamiento en plantas, pero en Sudamérica ese porcentaje es inferior al 20% e incluso en países como Colombia, Argentina, Costa Rica y Venezuela roza el 10 %.

Además, en el informe se lee que la mayoría de sus fuentes hídricas están afectadas por fenómenos como la minería, el cambio climático, el impacto del crecimiento urbano y el cambio del uso del suelo en la cuenca, que provocan problemas de calidad como exceso de nutrientes, contaminación química y biológica, y la desprotección de las aguas subterráneas, entre otros.

Situación crítica

En la región, señalan los autores de la publicación, ningún país puede mostrar logros en la gestión de la calidad de sus aguas, y aún muchos de sus habitantes acceden al líquido mediante camiones tanques, garrafones de bajo costo o de fuentes cercanas no seguras, “sin mencionar los riesgos a los que está sujeta la población rural con el alto grado de contaminación de fuentes por problemas de eutrofización (exceso de nutrientes) u otros tipos de contaminación que se incrementan por la ausencia de drenaje y las formas de disposición final de aguas grises y negras”.

La situación es crítica en todos los países. Solo un ejemplo: en Brasil, que posee el 12 % de la disponibilidad mundial de agua, existen importantes disparidades regionales. “Mientras que la región norte alcanza 68.5 % del almacenamiento nacional de agua con 6.8% de la población, la disponibilidad de agua para uso humano en la región nordeste es sólo de 3.3 % para 28.9% de la población”.

El informe, además, plantea que las deficiencias en la calidad del agua con que se abastece a la población, “ya sea que esté conectada a redes o se obtenga por otros medios”, ha llevado a que las personas tengan que comprar agua embotellada, sin tener la seguridad de que su calidad esté certificada, o a potabilizarla mediante sistemas poco confiables y que les incrementa los costos entre un 30 % y un 50 % respecto al costo oficial.

En febrero de 2006, índígenas mazahuas exigieron al Gobierno mexicano que su población fuese abastecida con agua del Sistema Cutzamala, debido a que este se encontraba en sus territorios y reclamaban el agua como de ellos. El sistema abastecía entonces el 45 por ciento del consumo de agua de Ciudad de México (foto Luis Acosta/AFP/Getty Images).

Los efectos en la economía

La gestión de la calidad del agua tiene un impacto que va más allá de lo que genera al ser un recurso natural al cual deben acceder los ciudadanos como derecho fundamental y esencial. En entrevista con Yahoo Finanzas, voceros del Banco Mundial señalaron que el agua es quizá el recurso económico más desafiante de administrar, pues es un insumo crítico para distintos sectores económicos, desde la agricultura hasta la manufactura.

La entidad publicó en agosto pasado el informe Calidad desconocida: La crisis invisible del agua. En él según sus autores, se estudiaron los impactos locales a pequeña escala y luego se estimaron las implicaciones más amplias para el crecimiento económico y el desarrollo humano.

“Por supuesto, diferentes contaminantes tienen varios impactos, por lo que es imposible generalizarlos. Sin embargo, para estudiar los impactos generales en el crecimiento, utilizamos una medida de la calidad del agua, llamada Demanda Biológica de Oxígeno (DBO), que es capaz de representar muchos contaminantes químicos y biológicos. Lo que descubrimos es que cuando la DBO excede los 8 miligramos por litro en los ríos -un nivel en el que los se consideran altamente contaminados-, el crecimiento aguas abajo de su caudal cae hasta un tercio”.

Con lo anterior, se reduce la productividad laboral causada por una población más enferma, la productividad agrícola, las empresas deben incurrir en mayores costos debido a la necesidad de tratar el agua y, en algunas áreas, se afecta al turismo y el valor de los bienes inmobiliarios.

Otro impacto de alto significado para la mayoría de los habitantes se refleja en el valor de los alimentos. “Encontramos que se pierde suficiente comida cada año debido al agua salina que podría usarse para alimentar a 170 millones de personas, todos los días. Esto es equivalente al suministro anual de alimentos necesarios de un país del tamaño de Bangladesh, el octavo país más grande del mundo por tamaño de población”.

Cada año, durante la celebración del Día mundial del agua -cada 22 de marzo-, la UNESCO reitera que tres de cada cuatro empleos en el mundo dependen del agua.

En busca de soluciones

“Un estudio realizado en América Latina apunta que invertir 1.000 millones de dólares en el desarrollo del abastecimiento de agua y el saneamiento se traduciría en la creación de 100.000 empleos”, dice el organismo, que ha advertido que con el crecimiento de la población mundial, de 7.000 millones a 9.000 millones de habitantes a 2050, se incrementará la demanda de alimentos hasta en un 50 %, lo cual tiene impacto directo en la demanda de agua dulce y la extracción de aguas subterráneas.

En declaraciones ofrecidas a la agencia EFE en marzo del presente año, el jefe de la División de Aguas y Saneamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, Sergio Campos, declaró que el 70 % de la electricidad en Latinoamérica se genera con el recurso hídrico, y que en la región hay al menos 106 millones de personas sin acceso a saneamiento de aguas residuales y 13 millones defecan al aire libre.

Campos hizo énfasis en la necesidad de fortalecer la gestión de las entidades prestadoras de servicios públicos relacionados con el agua, para lo cual hay tareas que les corresponden a los entes de gobierno.

“Esa riqueza hídrica que tiene la región se ve afectada porque muchos de los ríos y lagos tienen importantes capacidades de recepción de aguas no tratadas. El nivel de tratamiento de aguas residuales es inferior al 15 por ciento, eso quiere decir que estamos descargando en los ríos y eso compromete la seguridad hídrica", aseguró el experto del BID a la agencia EFE.

La protección de las cuencas hidrográficas a todos los niveles, la mejora de las leyes ambientales y su implementación, la adopción de mejores políticas y su aplicación oportuna, el mejoramiento y la adaptación de la gobernanza a las condiciones específicas de los recursos de cada país a medida que abordan sus problemas particulares de calidad del agua, son algunas de las recomendaciones de los expertos académicos de la Red Interamericana de Academias de Ciencias.

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