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'Puñales por la espalda 2' ejemplifica más que nunca que el negocio de Netflix podría ser una ruina

Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion (2022). De izquierda a derecha, Kate Hudson como Birdie, Jessica Henwick como Peg, Daniel Craig como el dective Benoit Blanc y Leslie Odom Jr. como Lionel (Foto: John Wilson/Netflix © 2022)
Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion (2022). De izquierda a derecha, Kate Hudson como Birdie, Jessica Henwick como Peg, Daniel Craig como el dective Benoit Blanc y Leslie Odom Jr. como Lionel (Foto: John Wilson/Netflix © 2022)

A Netflix no hay quien le gane en ser el rey del streaming. Con más de 200 millones de suscriptores, el servicio de vídeo bajo demanda sigue superando con creces a su competencia y puede permitirse el lujo de invertir miles y miles de millones en producir contenido para su catálogo. Sin embargo, en su intención de seguir en lo más alto, hay inversiones que hacen saltar las alarmas y que nos hacen dudar de que un modelo de negocio como el suyo pueda ser sostenible a largo plazo, como puede ser la realización de una película como Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion.

Tras el éxito de la primera entrega de Puñales por la espalda en cines, que recaudó 312 millones de dólares en todo el mundo y cosechó importantes nominaciones en la temporada de premios de 2019, Netflix no dudó en tratar de adueñarse de semejante éxito para aumentar el atractivo de sus producciones. Así, realizó un desembolso insólito de más de $400 millones para hacerse con los derechos para producir dos secuelas, un dato que impresiona valorando que la primera tuvo un presupuesto de solo $40 millones y que ni siquiera alcanzó esa cifra en taquilla. Pero esto solo era el coste en derechos, a lo que habría que sumar el dinero que costaría producir cada entrega. Y este tampoco se quedó corto.

Según desveló Variety en 2021, Daniel Craig, el gran protagonista de estas películas bajo el papel del detective Benoit Blanc, habría cobrado hasta 100 millones de dólares por regresar en los dos títulos de Puñales por la espalda de Netflix. Esto haría aumentar el precio de cada entrega a un mínimo de $250 millones, solo en derechos y el salario de su actor principal. Todavía faltarían sumar el resto de costes: rodaje, equipo técnico, material, el resto del reparto, dietas, marketing y promoción... Vamos, un presupuesto que ni siquiera los grandes blockbusteres que arrasan en salas de cine alcanzan y que, además, supone un dinero en gastos de derechos y captación de talento que no repercute de forma directa en el acabado de producción que vemos en pantalla.

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Y esa ha sido mi impresión viendo Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion, que puede verse durante una semana en cines desde el miércoles 23 de noviembre hasta su llegada a la plataforma en Navidades. Desde luego, Rian Johnson, el director detrás de la saga, ha vuelto a hacer un trabajo sobresaliente con nuevas intrigas y un humor punzante que desgrana como pocas películas la sociedad actual, pero la cinta no deja de lucir como una producción de mediano presupuesto que, de no haber caído en las manos de Netflix, probablemente hubiera costado menos de 50 millones de dólares.

Al transcurrir casi al completo en una única localización, no tener un alto desempeño de efectos digitales y tener un reparto que, con las excepciones de la vuelta de Craig, la sorpresa interpretativa que es Janelle Monáe y varios cameos, es muy inferior a nivel de caché y buen hacer que el de la anterior Puñales de la Espalda, se hace impensable que su coste haya alcanzado cifras tan inmensas. Y es que por muchos suscriptores que tenga Netflix y por muy atractivo que sea el producto, no deja de ser una inversión con la que, en su modelo de streaming, no creo que vayan a obtener un beneficio directo. Y esto, parándose a valorar los datos, suena a un negocio ruinoso y sin mucho sentido.

Por ejemplo, me remito a otro estreno de Netflix como El agente invisible, la película de los hermanos Russo en la que desembolsaron más de $200 millones que, según datos de la empresa medidora de audiencias Nielsen, en su estreno acumuló 1.438 millones de horas visualizadas. Es un dato espectacular que la posiciona a la altura de éxitos como Doctor Strange en el multiverso de la locura, que en su debut en Disney+ acumuló 1.430 millones de horas. Sin embargo, hay una diferencia abismal entre ambos títulos, y es que la película de Marvel tuvo un recorrido previo en salas en el que recaudó 900 millones de dólares.

Es cierto que con Puñales por la espalda han apostado por un buen estreno en cines, ya que, al contrario que otras ocasiones en las que solo dejan ver sus películas en muy pocas salas y ciudades, esta vez han estrenado con un alto número de copias y en cines que hasta ahora nunca habían exhibido nada de Netflix. No obstante, el objetivo del servicio de streaming sigue siendo atraer al público a su plataforma y no dar prioridad a los beneficios en salas, por lo que han limitado su estreno a una única semana y sin darle apenas promoción. Y seguramente los beneficios volverán a ser casi nulos.

Al final, este empeño de Netflix de lucir grandes títulos en su catálogo puede terminar jugando muy en contra suyo a largo plazo. Porque, como digo, este modelo de renunciar por completo a una recaudación en taquilla en el caso de producciones costosas parece lejos de ser el idóneo, como bien ejemplifica el caso de El agente invisible y Doctor Strange. De hecho, ya han empezado a pagar las consecuencias.

Ya vimos como este 2022 alcanzaron un techo de suscriptores y los inversores, ante no ver clara la rentabilidad y crecimiento del servicio de streaming, propiciaron caídas estrepitosas en bolsa. De ahí que Netflix se haya arriesgado con cambios importantes en su modelo de negocio que buscan ampliar el beneficio individual por suscriptor, como la limitación de compartir cuentas o el lanzar un modelo más económico con publicidad. Aún así, presupuestos tan inmensos para películas como Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion son gastos que difícilmente encuentran cabida en modelos rentables.

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