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México y España, a la vanguardia de la producción industrial de pulpos

El pulpo es un animal muy apreciado en dietas de todo el mundo, por lo que se han intentado crear granjas para producirlo en cautividad, aunque no con la eficiencia esperada. Foto: FRED TANNEAU/AFP/Getty Images)

México fue el pionero y hasta hoy el único país que tiene una granja de producción industrial de pulpos, un producto bastante atractivo en el mercado de la alta cocina europea y asiática. España, Japón y China siguen de cerca sus pasos y han hecho significativos progresos a pesar de las dificultades de criarlos en cautiverio.

Las investigaciones para la producción industrial de pulpos han tomado más de 60 años y solo hasta ahora comienzan a dar frutos.

La ventaja de México

El caso de México es “sui generis” debido a que cuentan con la especie conocida como “Octupus maya”, el cual al nacer tiene las características físicas de un adulto, pero con tan solo 100 miligramos de peso, y no deben pasar por la etapa larvaria que tienen todas las otras categorías de pulpos.

Además, esta especie mexicana posee algunas características que lo hacen especial para su producción en granjas: no supera los dos kilos, comparado con los casi 10 de la variedad tradicional y su hábitat se reduce a la península de Yucatán.

El principal problema al que se han enfrentado los otros países tras décadas de investigaciones es que muchos mueren en la etapa larvaria y además el costo de alimentarlos durante esa periodo es elevado, lo que no deja ningún margen de ganancia.

Avance en España

Sin embargo, a finales de 2018 un grupo de investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO) lograron un hecho sin precedentes: cultivar pulpos desde su etapa larvaria hasta que se convierten en adultos.

Este hallazgo “supone un hito histórico internacional” tras años de investigaciones a lo largo de todo el mundo y un cambio en la forma en que se cría el pulpo común o “octupus vulgaris”, según informó en su momento el IEO.

Un "pulpeiro" cocina un pulpo en un festival de comida en Galicia. España es uno de los países en los que hay una gran variedad de recetas con pulpo. Foto: MIGUEL RIOPA/AFP/Getty Images)

El problema con el que siempre se enfrentaban los investigadores era la elevada tasa de mortalidad que se produce del paso de la fase larvaria al inicio de la etapa de adulto. Los expertos españoles en los centros de Vigo y Tenerife lograron superarlo con “una nueva técnica de cultivo y alimentación consistentes en el crecimiento de las larvas”.

Además de ser más rentable, se da en momentos en que existe un gran descenso en la población mundial de pulpos por su caza indiscriminada y por los incrementos constantes en los precios internacionales de este alimento, rico en yodo, calcio, potasio y diferentes vitaminas, con un bajo contenido de grasas saturadas.

En el mercado para 2020

En Japón, la Nippon Suisan Kaisha (Nissui) logró incubar con éxito huevos de pulpo común en una granja mediante incubación artificial en un centro de tecnología biológica marina en Oita,.

Un reporte de Nikkei Asian Review señaló que a mediados de 2018 se lograron producir en un ciclo completo cerca de 140.000 huevos durante la incubación, lo cual significa que los embriones se derivan de animales que también fueron concebidos por incubación artificial, e identificó un organismo acuático que puede saciar el voraz apetito de los pulpos en crecimiento.

Esta situación permitirá a la compañía poder enviar los pulpos listos para el consumo a los minoristas y restaurantes japoneses para el año 2020.

Otros proyectos de producción de pulpos a gran escala se llevan a cabo en Australia, Grecia, Italia, Chile y Portugal, mientras ocho especies diferentes de pulpos se intentan cultivar experimentalmente en China.

Contra las granjas

Todos estos programas han despertado las críticas de científicos marinos que han advertido del grave impacto que tiene la acuicultura del pulpo en el medio ambiente oceánico.

Un grupo de expertos de Australia, España y Estados Unidos publicaron un estudio en la revista Issues in Science And Technology en el que señalan que los pulpos tienen “sistemas nerviosos sofisticados y cerebros grandes”, y son conocidos por sus comportamientos fascinantes y complejos.

Por ejemplo, los pulpos son famosos por sus habilidades de resolución de problemas que han permitido a muchos de estos octópodos escapar repetidamente del cautiverio, además pueden cambiar de color rápidamente y camuflarse en la naturaleza, entre otros talentos.

“Dadas sus habilidades excepcionales, uno podría preguntarse si los humanos deberían estar comiendo pulpos, pero aquí queremos plantear una cuestión ética diferente (…) creemos que los pulpos están particularmente mal adaptados a una vida en cautiverio y producción en masa, por razones tanto éticas como ecológicas”, señalaron los autores de la investigación.

El pulpo es considerado unos de los animales no mamíferos más inteligentes del plantea. En la imagen, Paul, el pulpo que se hizo famoso durante el mundial de fútbol de Sudáfrica por adivinar los ganadores de los partidos. Foto: apn/Photo/Roberto Pfeil)

La profesora asistente del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad de Nueva York y autora principal del artículo, Jennifer Jacquet, señaló que en la actualidad vivimos en una era de domesticación de especies acuáticas y las investigaciones se centran exclusivamente en “qué animales podemos cultivar, en lugar de qué animales debemos cultivar”.

“El pulpo de producción masiva repetiría muchos de los mismos errores que cometimos en la tierra en términos de altos impactos ambientales y de bienestar de los animales, y en algunos aspectos será peor porque tenemos que alimentar a los pulpos con otros animales”, dijo la científica.

Sin embargo, el mayor impacto ecológico de cultivar pulpos se deriva del hecho de que son animales carnívoros que dependen de las proteínas y aceite de pescado. Mientras la mayoría de los animales terrestres que cultivamos son herbívoros, las especies acuáticas de producción masiva, como el salmón, la trucha y el camarón, son carnívoras.

“Eso significa que la alimentación de animales acuáticos criados en explotaciones agrícolas industriales ejerce una presión adicional sobre los peces e invertebrados silvestres para obtener comida de pescado”, precisó el estudio.

El lado ético

Alrededor de un tercio de la captura mundial de peces se convierte en alimento para otros animales, la mitad de ella para la acuicultura, y la sobrepesca esta llevando a la rápida disminución de los peces silvestres, lo que se agravaría con el cultivo de pulpos.

Jacquet y los autores del estudio señalaron que aún si se pudiera encontrar una dieta sostenible para estos octópodos, el cultivarlos crearía un dilema ético dado que la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia de 2012, el primer consenso científico en torno a la conciencia de las especies no mamíferas, cito a los pulpos como los únicos invertebrados capaces de una experiencia consciente.

Los cefalópodos conservan recuerdos de largo plazo sobre como realizar tareas, dominan paisajes acuáticos completos y realizan largos viajes en búsqueda de comida usando puntos de referencia visuales para navegar.

Todo lo cual significa que los pulpos son muy poco adecuados para ser criados en cautiverio y las investigaciones que se han llevado a cabo hasta el momento han dejado en evidencia que los sistemas de cultivo intensivo están asociados a altas tasas de mortalidad, infecciones parasitarias, mayor agresión y una gran cantidad de problemas en el tracto digestivo de los animales.

“Esperamos que (…) la sociedad reconozca los graves problemas ambientales asociados con dichos proyectos, y se desaliente o evite el cultivo de pulpos. Mejor aún sería que los gobiernos, las empresas privadas y las instituciones académicas dejen de invertir en el cultivo de pulpos ahora y en su lugar centren sus esfuerzos en lograr un futuro verdaderamente sostenible y compasivo para la producción de alimentos”, puntualizó la investigación.

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