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Productores españoles de lechuga prevén que la crisis dure hasta finales de marzo

Álvaro VILLALOBOS

Javier Soto, director de producción de la compañía hispano-alemana Agrar Systems, especializada en la producción de lechugas, muestra el daño causado por las recientes heladas en un cultivo, el 8 de febrero de 2017, en Torre Pacheco (España)

Con sus campos todavía dañados y un proceso de recolección desajustado por una reciente inundación, los agricultores del sureste español, principales productores de lechuga de Europa, advierten de que los problemas de suministro van a durar al menos un mes y medio más.

"Hasta finales de marzo o principios de abril no estaremos al 100%", vaticina en una entrevista con la AFP Laureano Montesinos, director comercial de Fruveg, una empresa de la Región de Murcia que durante ocho meses al año produce diversos tipos de lechuga al aire libre, y el resto, melones.

"Este año no vamos a plantar aquí", explica Javier Soto, gerente de la compañía hispano-alemana Agrar Systems, mostrando bajo un fuerte viento una parcela inutilizada por un torrente de agua que dejó en la tierra un profundo surco.

Un poco más allá, en otra parcela de su empresa, pueden verse las lechugas recubiertas de barro y con las hojas exteriores podridas, a causa de las inundaciones de diciembre, las peores en el campo de Cartagena en los últimos setenta años.

La Región de Murcia y las provincias vecinas de Valencia, Alicante y Almería suministran en invierno el 80% de la lechuga que se consume en Europa.

En los últimos meses se vieron afectadas por dos calamidades sucesivas: inundaciones a mitad de diciembre y en enero nevadas y temperaturas insólitas en más de tres décadas.

A ello se sumó que en los países que completan la producción (Italia, Grecia y Turquía) también hubo heladas, destructivas para estas plantas frágiles que se cultivan al aire libre.

Con la tierra anegada, los agricultores españoles no pudieron trasplantar en sus campos durante dos semanas las lechugas, criadas en un primer momento en semilleros.

El efecto fue particularmente sensible en Murcia, que exporta más de dos tercios del total español, facturando por ello 423 millones de euros en 2015.

Esto se ha traducido en una caída de la producción del 30% y en una duplicación del precio de la lechuga destinada a supermercados ingleses, franceses, alemanes y nórdicos.

Esta caída ha sorprendido a casi todos los agricultores sin un seguro de riesgo, ya que según explicaron a la AFP, no es habitual contratar uno en una zona por lo general muy soleada y exenta de heladas y nevadas.

- Un desajuste de efecto pernicioso -

Según los productores, el desajuste de las cosechas inducido por la imposibilidad temporal de trasplantar se va a seguir sintiendo hasta finales de marzo.

"En las dos o tres próximas semanas van a estar faltando entre un 30 y un 40% de minirromanas, un 30% de iceberg y un 40 ó 50% de lechugas de tipo lollo", pronostica Javier Soto, cuya empresa exporta un 90% de su cosecha a Alemania.

"Ahora en marzo viene un fallo físico. Como no se transplantó, no se va a poder cosechar, porque el producto no está en el campo", abunda Montesinos, afirmando que por culpa de esta crisis, su empresa ha perdido "más del 60%" de la producción de lechuga, destinada en un 99% a clientes europeos.

Felipe Gómez, director comercial de la empresa Peregrin, en Pulpí (Almería), coincide con Montesinos en que "va a haber una ligera recuperación en la segunda mitad de febrero".

Sin embargo, pronostica una "caída impresionante en marzo", del orden del 30 ó 40% en la primera quincena, "porque no se ha podido hacer el trasplante" a su debido tiempo.

Montesinos señala que actualmente se está suministrando al extranjero el 50% de la producción habitual e insiste en que en el sureste español "el productor está haciendo lo habido y por haber por entregar al máximo".

A la espera de recuperar la normalidad, los clientes han rebajado los estándares de peso exigidos, de forma que las lechugas iceberg ya no se venden a 500 gramos la pieza, sino a 400, 350 o incluso 300.

Esta alternativa puede no obstante convertirse en una trampa, ya que si se recoge demasiado pronto la lechuga, habrá que esperar más tiempo a que la siguiente cosecha esté lista, observa Javier Soto.

Su empresa se negó por ello la semana pasada a cortar lechuga minirromana, una especie de la que suele sacar de la tierra 1,2 millones de piezas semanales.