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Plásticos que lucen: la revolución que llega a la agricultura

Fotografía facilitada por CTI Adesva. Invernaderos en Lepe (Huelva) que usan los plásticos luminescentes, que favorecen el incremento de longitudes de honda roja y azul, en cultivos de frutos rojos -fresas, arándanos y frambuesas- incrementa su productividad y su precocidad, según los ensayos realizados por el Centro Tecnológico de la Agroindustria (CT Adesva). EFE

Huelva es una de las regiones de España donde más se cultiva. Sus invernaderos producen cada año todo tipo de hortalizas que se distribuyen por nuestro país y que se exportan fuera de nuestras fronteras. Es común ver en muchos de los pueblos agrícolas onubenses los grandes plásticos blancos característicos de los invernadores donde están las plantaciones. Ahora una empresa francesa ha ideado la manera de aumentar la producción de una manera aparentemente sencilla. Se trata de unos nuevos plásticos luminiscentes de color flúor cuyas condiciones hacen favorables la producción en la zona.

Estas nuevas cubiertas plastificadas usan una tecnología fotoconvertible gracias al aumento de la distancia de las ondas de la energía de la luz del sol, que se adaptan a las necesidades de cada planta. De momento, en la primera fase, la producción de arándanos bajo la recubierta de color ha aumentado un 61% y la de frambuesa casi un 15%, en la campaña 2018-2019 y se espera que los datos mejoren.

Esta nueva técnica está en fase experimental pero sus resultados son positivos, a tenor de que estas primeras pruebas se han realizado en los terrenos de cultivo convencionales, sin varíar la forma del sembrado. Según la investigadora Margarita Torres en declaraciones al periódico Huelva Información, estos plásticos “transforman la luz ultravioleta en luz azul, y la verde en roja, por lo que las plantas que se críen bajo este plástico tendrán más concentración de luz azul y roja que bajo la luz solar estándar”.

Este método de cultivo lleva seis años en fase de prueba en las más de 100 ensayos en Francia y España. Además de en arándanos y en frambuesas, se han utilizado en plantaciones de melón, sandía, pepino, pimiento y tomate, por lo que las posibilidades son muy amplias.

Un impulso a un sector clave

¿Será el principio de una revolución en la industria del cultivo? ¿Podrá esta técnica trasladarse a otro tipo de frutas y verduras? Y de ser así, ¿existe la posibilidad de expandirlo a otras zonas y mejorar la producción mundial? Esta nueva técnica puede suponer un cambio de paradigma en el sistema productivo, podría mejorar la producción en zonas deprimidas, donde la agricultura es el principal sustento alimentario.

La FAO señala a la agricultura como una de las fórmulas que pueden contribuir a mitigar la pobreza mundial, ya que contribuye al crecimiento económico global. También sitúa a la agricultura como elemento esencial en las zonas rurales. Con este tipo de técnicas, aparentemente sencillas y no nocivas, se podrían incrementar las cosechas y evitar enfermedades y muertes por desnutrición.

Todavía habrá que esperar a conocer los resultados de estos estudios sobre el terreno. Puede que nos encontremos ante uno de los grandes hitos de este siglo.

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