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La perfumería ‘low-cost’ que más vende en España, en el punto de mira por sus condiciones laborales

J. Quirós
·4 min de lectura

El próximo 3 de diciembre, siete extrabajadoras de la perfumería Primor irán a juicio contra la empresa por no haberlas incluido en el ERTE que inició con el estado de alarma. Las demandantes, empleadas en la tienda de Melilla, constituyeron una organización sindical en marzo.

Un representante de Comisiones Obreras fue a la tienda a hablar con ellas antes del estado de alarma. A las nueve de la noche, cuando el local cerró, todas recibieron un mensaje en su móvil anunciado que sus contratos quedaban cesados. El resto de la plantilla fue a ERTE. La demanda solicita la nulidad del despido y una indemnización por vulnerar el derecho a la libertad sindical. Finalmente, las empleadas acudieron a CGT para conseguir su apoyo, que ya había ganado algún juicio a Primor anteriormente.

De hecho, el historial de CGT con Primor es amplio. La organización sindical ya acumula varios encontronazos con la perfumería ‘low-cost’ por quejas de su plantilla, que aseguraban que la empresa les explotaba. Uno de los actos de protesta más famosos fue en 2018, cuando un sindicalista acudió a la tienda de Málaga con un cubo en la cabeza y se manifestó al grito de “¡primor explota a las trabajadoras!”.

CGT afirma no saber cuántas denuncias en materia de prevención de riesgos laborales llevan ya con Primor. Getty Creative
CGT afirma no saber cuántas denuncias en materia de prevención de riesgos laborales llevan ya con Primor. Foto: Getty

Miguel Montenegro, portavoz de la organización, afirma no saber cuántas denuncias en materia de prevención de riesgos llevan ya. Comenta que “ha habido despidos y represalias por sindicarse, las empleadas no pueden quedarse embarazadas por miedo a ser despedidas…”. La relación entre las dos entidades es tan tensa que el dueño, Juan Ricardo Hidalgo, demandó al sindicato por atentar contra su honor. El empresario pide 6.000 euros de indemnización, además de que CGT publique la sentencia y borre las publicaciones en Facebook donde se denunciaban las condiciones laborales de sus empleados.

¿Qué está ocurriendo en Primor? ¿Es el nuevo caso de la tienda de Melilla un hecho aislado o las prácticas laborales de la perfumería son cuestionables en todos sus establecimientos?

Primor, un historial de polémicas

Primor empezó en 1953 como una perfumería familiar en el centro de Málaga y hoy suma casi 150 tiendas, entre propias y franquicias. La actual Primor es resultado de la gestión de Juan Ricardo Hidalgo, nieto del fundador. La perfumería se ha convertido en la reina del ‘low-cost’ en los últimos años, situándose en el primer puesto de ventas por delante de Druni o Douglas. Según informa eldiario.es, esto se debe a que ofrecen los precios más bajos del mercado y al impulso de las ventas por Internet. La pandemia le ha sentado bien a su negocio online, que ha pasado de suponer el 6% al 15% de los ingresos.

El problema principal que destacan los empleados y los sindicatos es que el dueño de Primor también tiene a su nombre otras empresas. Sumando los ingresos de todas, salen los 400 millones de euros que Hidalgo asegura haber facturado en 2019, aunque en las cuentas de Primor solo constan tres. La multitud de sociedades conlleva varias problemáticas. La primera, que los empleados encadenan contratos temporales en distintas empresas, aunque en la práctica trabajen en el mismo puesto. Cada renovación no es una renovación en sí, sino un contrato nuevo, que le quita antigüedad al trabajador.

Por otra parte, en almacenes y tiendas se mezclan empleados de distintas sociedades, lo que dificulta la organización laboral. Si las empresas tienen menos de cincuenta trabajadores, no están obligadas a tener comité ni tampoco deben cumplir con las exigencias de tamaño o de instalaciones. Muchos trabajadores han denunciado las malas condiciones en el almacén de Málaga: sin agua potable, con tres baños para más de cien personas y sin aire acondicionado hasta hace dos años, lo que provocaba que muchos cosméticos se dañasen.

No es la única queja sobre limpieza: una de las trabajadoras de Melilla cuenta que en el pequeño almacén de la tienda hubo una plaga de ratas y que olía fatal hasta que quitaron las trampas, pero que “Primor ajusta mucho el espacio y solo podían merendar ahí”. Una maquilladora denunció en Instagram que había sido despedida por pedir más higiene y seguridad. La trabajadora afirmó que “las brochas tenían moho y parecían tener piojos. Antes me corto las manos que trabajar así”.

El juicio todavía está por celebrarse, por lo que tendremos que esperar para conocer qué pasará con las trabajadoras de Melilla y si se le impondrán sanciones a Primor. El problema es que las posiciones del sindicato y de la propia empresa son muy dispares, por lo que el juez tendrá que determinar la relación societaria entre Primor y las empresas secundarias. Lo que está claro es que, curiosamente, los dos bandos se ven ganadores gracias al mismo argumento: las decenas de empresas.

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