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La mitad de los árboles tropicales replantados no sobreviven más de 5 años

Un estudio descubre que aproximadamente la mitad de los árboles plantados en zonas tropicales y subtropicales no sobreviven más allá de cinco años | imagen Getty
Un estudio descubre que aproximadamente la mitad de los árboles plantados en zonas tropicales y subtropicales no sobreviven más allá de cinco años | imagen Getty (Jan Atle Monsen via Getty Images)

Plantar árboles es una de las ideas más extendidas cuando se habla popularmente de soluciones globales al cambio climático. Durante los últimos años no han faltado proyectos y promesas electorales por parte de políticos y gobiernos que aseguraban ser capaces de plantar millones de árboles por todo el mundo. En 2007, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero prometió plantar 45 millones de árboles (uno por cada español). No contentos con aquel desafío, el siguiente presidente, Mariano Rajoy, elevó la apuesta y prometió plantar 500 millones de árboles… ahí es nada. No fueron los únicos, recientemente la presidenta de la comunidad de Madrid se comprometió a plantar más de medio millón de árboles “para absorber las emisiones de 40.000 vehículos” y todos recordamos la mítica promesa de Esperanza Aguirre y sus 15 millones de árboles donde terminó muriendo hasta el alcornoque que ella misma plantó…

Plantar árboles se ha convertido en una especie de mantra en cada programa político cada vez que se acercan unas elecciones. Una especie de comodín que suena bien, que obtiene buena acogida entre el público y que se presenta como un bálsamo milagroso frente al problema de las emisiones de CO2.

Pero, como suele ser habitual, la realidad es tozuda y mucho más compleja: simplemente con plantar millones de árboles no vamos a solucionar el calentamiento global. Para alcanzar los humildes objetivos fijados en el tratado de Paris necesitaríamos una cantidad de árboles tan descomunal que, según un estudio publicado en 2017, “el tamaño de las plantaciones para absorberlas tendría que ser tan grande que eliminaría un tercio de los ecosistemas del planeta”. Todo ello sin tener en cuenta la cantidad de agua, recursos y presupuesto que requeriría un mega proyecto de tal calibre. Por otro lado, tampoco tendríamos demasiado éxito en nuestro empeño puesto que los árboles jóvenes no son demasiado eficaces reduciendo CO2. En realidad, son los árboles maduros los que absorben una mayor cantidad de CO2 por lo que deberíamos esperar décadas, un tiempo que no tenemos.

Esperanza Aguirre plantando un árbol en 2011 | AFP
Esperanza Aguirre plantando un árbol en 2011 | AFP

Por supuesto, esto no significa (de ningún modo) que no necesitemos una intensa reforestación, sobre todo en las áreas más amenazadas por la voraz y acelerada deforestación que estamos viviendo en los últimos años. Un contundente estudio publicado en Nature y realizado por WWF, analizó un total de 24 regiones con una notable deforestación para descubrir que, en los últimos trece años, más de 43 millones de hectáreas de bosque han sido devastadas en las áreas estudiadas. Estas regiones amenazadas se encuentran en zonas tropicales y subtropicales como la selva amazónica, África Central, Mekong e Indonesia, y se ha detectado un importante descenso en nuevos frentes como África Occidental (sobre todo en Liberia, Costa de Marfil, Ghana), África Oriental (por ejemplo, Madagascar) y América Latina, incluyendo las Selvas amazónicas en Guyana y Venezuela y la Selva Maya, en México y Guatemala.

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La reforestación sigue siendo una tarea necesaria para frenar la pérdida de biodiversidad y mitigar algunos de los efectos más directos del cambio climático, sin embargo un nuevo estudio, que se publicará en el próximo número de Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, nos advierte que “En promedio, aproximadamente la mitad de los árboles plantados en los esfuerzos de restauración de bosques tropicales y subtropicales no sobreviven más de cinco años

El estudio ha sido realizado por investigadores del UK Centre for Ecology & Hydrology que analizaron “datos de supervivencia y crecimiento de árboles de 176 sitios de restauración en Asia tropical y subtropical, donde los bosques naturales han sufrido degradación”. Los resultados son descorazonadores y muestran que, en promedio, el 18 % de los árboles jóvenes plantados murieron durante el primer año, aumentando al 44 % después de cinco años. Los datos no son demasiado halagüeños aunque otro de los puntos importantes del estudio es la enorme variabilidad de las tasas de supervivencia dependiendo de los lugares y especies estudiados. Existen regiones donde, afortunadamente, más del 80% de los árboles seguían vivos después de ese periodo de cinco años, mientras que en otros lugares ese mismo porcentaje ya estaba muerto.

“Está claro que el éxito depende mucho del sitio y necesitamos entender qué funciona y por qué funciona para que podamos adaptarnos a las condiciones de todos esos lugares y llevarlos al nivel de los más exitosos, aprovechando así todo el potencial de la reforestación”, explica la Dra. Lindsay Banin, coautora principal del estudio. “Es probable que no exista un enfoque único para todas las áreas y, por tanto, la acción de reforestación debe adaptarse a las condiciones específicas de cada una de ellas”.

Plantar árboles no es la solución definitiva pero es un buen movimiento, de hecho, en multitud de casos y regiones, resulta ser una acción necesaria y urgente en muchas regiones… pero esos proyectos y promesas deberían de ir acompañados de un exhaustivo estudio científico de las características específicas de cada lugar para que el trabajo no termine en nada, para que lo plantado no acabe abandonado, seco y muerto en solo unos años.

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Referencias científicas y más información:

Banin, Lindsay F., et al. «The road to recovery: a synthesis of outcomes from ecosystem restoration in tropical and sub-tropical Asian forests». Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, enero 2023, Royal Society, DOI:10.1098/rstb.2021.0090.

UK Centre for Ecology & Hydrology “Half of replanted tropical trees don’t survive, new study finds