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Media docena de cosas de uso cotidiano que fueron inventadas por mujeres

Alfred López
·8 min de lectura
Media docena de cosas de uso cotidiano que fueron inventadas por mujeres (imagenes vía Wikimedia commons)
Media docena de cosas de uso cotidiano que fueron inventadas por mujeres (imagenes vía Wikimedia commons)

Numerosísimas son las cosas de todo tipo y de uso común y cotidiano que utilizamos y en cuyo origen e invención hay la creatividad e ingenio de una mujer. Por tal razón en el post de hoy del ‘Cuaderno de Historias’ quiero hablar de los logros de media docena de inventoras que ayudaron a facilitarnos nuestro día a día.

Marion Donovan y los pañales desechables

Hasta mediados del siglo XX todas las amas de casa de la historia tuvieron que ingeniárselas como pudieron a la hora de poder mantener el trasero de sus bebés limpios y secos. El hecho de tener que ir cambiándolos cada pocas horas y lavar continuamente los paños de tela era un farragoso trabajo y más teniendo en cuenta que hasta entonces tampoco tenían acceso a las lavadoras automáticas. Otro de los problemas de ese tipo de pañales era que con frecuencia dejaban traspasar los orines y heces, por lo que también acababan manchadas las sabanas de las cunas.

En 1946, Marion Donovan, una emprendedora ama de casa estadounidense de 29 años de edad, quiso solucionar ese problema ideando un tipo de pañal de tela que iba recubierto de una capa exterior que evitaba las fugas (realizada con tela de nailon obtenida del excedente de paracaídas tras finalizar la IIGM). Tres años después presentaba la patente (que le fue aprobada en 1951) y rápidamente le llegó una oferta por un millón de dólares (al cambio actual rondaría los diez millones).

Pero ahí no acabó su empeño creativo por crear un pañal ideal, poniéndose a trabajar en otro modelo más avanzado y que además en lugar de llevar el interior de tela este fuese de algún otro tipo de material totalmente absorbente y además desechable, utilizando para ello varias capas de celulosa. Tardó casi una década en terminar y perfeccionar el pañal cuya función fuese de ‘usar y tirar’, logrando vender su idea a la empresa Procter & Gamble y apareciendo en el mercado los pañales desechables.

Cabe destacar que el ingenio creativo de Marion Donovan la llevó a presentar a lo largo de su vida una veintena de patentes de diferentes inventos en las siguientes cuatro décadas.

Melitta Bentz y la cafetera de filtro

Hasta inicios del siglo XX una de las formas más comunes de preparar un café era colocando éste ya molido dentro de un colador (normalmente de tela) y filtrarlo echando el agua hirviendo por ahí. El problema radicaba a que era frecuente que algunos posos traspasaran y acabasen dentro de la bebida, dándole amargor a la misma (además del posterior trabajo de tener que limpiar el colador con el café húmedo y apelmazado para un siguiente uso).

Fue la alemana Melitta Bentz (de 35 años de edad) a quien se le ocurrió buscar una solución inventando un filtro desechable de café a cada uso y que era lo suficientemente resistible y poroso para permitir dejar traspasar el agua hirviendo y que, además, no se deformaría. El 20 de julio de 1908 presentó la patente de su invento y para finales de ese año creaba una empresa familiar (que ella misma dirigiría) que llamó ‘Melitta’ (como su propio nombre) y que con el paso de los años se convirtió en una de las más importantes del sector (de hecho, el tipo de café realizado con filtro es comúnmente conocido y llamado de ese modo).

Mary Anderson y el limpiaparabrisas

Los primeros automóviles no llevaban limpiaparabrisas y, cada vez que llovía o nevaba, el conductor debía ir parando cada poco tiempo, bajarse del auto y limpiar o secar manualmente para poder ver bien durante la conducción. Este es un detalle del que se fijó Mary Anderson en el invierno de 1902 mientras paseaba por las calles de Nueva York en un día en el que estaba cayendo una nevada.

Provenía de un entorno rural, donde apenas había automóviles y el ver a los conductores tener que parar, bajar y limpiar (entre ellos el del tranvía en el que iba montada) le dio una idea que empezó a desarrollar tras regresar a Alabama (donde residía con su madre y hermana). Tenía un pequeño capital que había heredado tras el fallecimiento de una de sus tías y decidió invertirlo en crear un artilugio que limpiase los parabrisas sin tener que abandonar el vehículo.

El 18 de junio de 1903 presentaba el diseño de su invento en la oficina de patentes y cinco meses después esta le era concedida para un periodo de 17 años. En 1908 el magnate automovilístico Henry Ford sacó su famoso modelo ‘Ford T’ (el más popular de su época) que llevaba incorporado de serie el limpiaparabrisas inventado por Mary Anderson.

Martha Coston y las bengalas de señales marítimas

Hoy en día no hay embarcación náutica que no lleve unas bengalas luminosas con el fin de realizar señales de aviso de socorro en caso de necesidad, pero no fue hasta entrados en la segunda mitad del siglo XIX cuando ese sistema de socorro fue creado.

Curiosamente el sistema de salvamento marítimo fue inicialmente empezado a idear por un joven inventor de Baltimore (Maryland) llamado Benjamín Franklin Coston, pero el repentino fallecimiento de este llevó a su viuda, Martha, a intentar finalizar el proyecto de su malogrado esposo, las cuales se basaban en una señales luminosas que solo funcionaban por la noche y que se realizaban desde una especia de farol que había que llevar en la embarcación.

Martha Coston enseguida se dio cuenta que lo desarrollado por su difunto esposo era insuficiente y comenzó a trabajar en desarrollar un mejor y más eficaz método de aviso de socorro marítimo y la inspiración le vino en 1858, durante una celebración a la que asistió en Nueva York, donde se lanzaron fuegos artificiales. Un año después presentaba la solicitud de patente de un artilugio que había inventado y que se basaba en lanzar una señal (pirotécnicamente) que iluminaba el cielo y permitía localizar alguna embarcación a la deriva o en peligro. En 1860 la marina de los EEUU incorporó esas bengalas de señales marítimas a todos sus barcos.

Josephine Cochrane y el lavavajillas

Lavar los platos no es una tarea doméstica que guste hacer a cualquier persona y menos cuando se tiene familia numerosa, por lo que el uso de un lavavajillas facilita mucho el trabajo, además de ahorrar muchísimo tiempo.

Lo curioso de este aparato es que su inventora (Josephine Cochrane) no lo desarrolló con la intención de ahorrarse tiempo y trabajo, debido a que ella no lavaba ni un solo utensilio culinario no se encargaba de las tareas domésticas de su hogar, pues era la esposa de un adinerado político del estado de Illinois y tenían personal de servicio trabajando para ellos.

Lo que llevó a Josephine Cochrane inventar un lavaplatos, en 1866, fue el temor que sentía ante la posibilidad de que su empleada de hogar rompiese alguna pieza de su carísima vajilla de porcelana china a la hora de lavarla y ante el miedo de la posible torpeza de la trabajadora, ideó un sistema en el que los platos se pudieran lavar fácilmente y sin correr ningún peligro. Por tal motivo ideo un artilugio cilíndrico donde se colocaban las piezas de menaje y de le iba dando vueltas manualmente con una manivela mientras entraba el agua o jabón por unas oberturas laterales incorporadas. Era un muy rudimentario lavavajillas, pero que fue el primer paso para la aparición de sistemas más sofisticados y automatizados, tal y conocemos hoy en día.

Bette Nesmit Graham y el corrector líquido

Hoy en día, gracias a los avances tecnológicos y al uso informático, está prácticamente en desuso el corrector líquido (conocido popularmente como Tipp-ex, su marca comercial) pero durante la segunda mitad del siglo XX fue uno de los materiales de oficinas más utilizados y demandados.

En una época en la que todos los informes y documentos debían ser mecanografiados, el cometer un error se convertía en un gran inconveniente, debido a que dependiendo de la importancia u oficialidad de aquella hoja no podía presentar tachones o borraduras realizadas a mano.

En 1956, Bette Nesmit Graham llevaba trabajando como secretaria en el Texas Bank and Trust y muchas habían sido las ocasiones en las que había tenido que repetir de nuevo un documento mecanografiado por culpa de una falta ortográfica o un error. Por tal motivo empezó a idear algún tipo de corrector que disimulase cualquier fallo y en el que se pudiera escribir nuevamente encima sin tener que empezar de nuevo.

Se le ocurrió crear una especie de pasta casera a base de pintura blanca y gracias a la ayuda de la profesora de química de la escuela de su hijo acabó desarrollando un corrector líquido que bautizó como ‘Liquid Paper’ y que comercializó ella misma a través de una empresa que creó (ninguna empresa quiso comprarle inicialmente la patente la cual vendió dos décadas después, en 1979).

Curiosamente, el corrector líquido pasó a ser conocido popularmente como ‘Tipp-ex’, que es el nombre de la empresa alemana que adquirió los derechos de comercialización del producto en Europa.

Fuente de las imágenes: Wikimedia commons

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