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Manual para disfrutar de una primera cita

carrie bradshaw tiene una cita en 'and just like that'
Cómo disfrutar de una primera cita HBO Max - HBO

Carrie Bradshaw tenía una de las visiones más tóxicas del amor que pueden tenerse, pero había comprendido algo y sobre esa certeza construía su rutina social. Sabía que las primeras citas son una parte divertidísima del teatro de la vida. Su ritual empezaba mucho antes de llegar al restaurante de turno, en aquel vestidor reflejo de su personalidad de donde la veíamos salir convertida en la Carrie escogida para la ocasión. Continuaba más tarde, frente a frente en una mesa, con conversaciones delirantes de esas que saltan de un tema a otro sin que se intuya un final. Con anécdotas y juegos de seducción y una buena dosis de ingenio, se trataba de conocerse desde la frivolidad y la diversión.

Hace unas semanas colgué en Instagram una pregunta bastante abstracta: ¿Qué te parecen las primeras citas?. El grueso de las respuestas venían de mujeres solteras que viven en ciudades más o menos grandes y en cuya vida las primeras citas son o han sido frecuentes, pero solo un tímido «me encantan; son divertidísimas» asomaba entre un aluvión de angustias, presiones autoimpuestas y expectativas nunca cumplidas.

Como si de un juicio final se tratase, acudimos a una primera cita con la autoexigencia a niveles máximos, con la presión de dar una primera impresión que nos salve del descarte entre las millones de opciones –personas– que hoy tenemos a golpe de swipe. «Las primeras citas producen angustia e inseguridad cuando las expectativas son demasiado altas. Detrás se esconde nuestro miedo al rechazo, a no ser suficientes o a no encontrar aquello que deseamos», explica Silvia Sanz, psicóloga, sexóloga y autora del libro Sexamor (editado por Aguilar). Como si en ese bar tuviésemos que pronunciar la primera sílaba del ‘sí quiero’, hacemos inventario del otro –gustos, aficiones, planes de futuro, propensión a la calvicie, playa o montaña– cuando un primer encuentro solo nos asoma a la punta del iceberg. Como antídoto, Sanz recomienda romper moldes, salirnos de un perfil rígido de nuestro ‘tipo de persona’. «A veces nuestro deseo del ideal es tan fuerte que no nos deja aceptar la realidad y nos conduce a la frustración», añade.

Toda esa presión no nos permite disfrutar del teatro de la primera cita, ese en el que Carrie era experta. El mejor consejo para una primera cita: ármate de ligereza. Es un plan agradable más. Un rato con alguien que ha despertado tu interés. Un encuentro cuyo único objetivo es, como mucho, decidir si habrá una segunda cita. Ya sabes eso que dicen: se hace camino al andar.

Además de un rato agradable, es el escenario ideal para perfeccionar un arte arriesgado: atreverse a ser uno mismo, perder el miedo al rechazo por serlo. «La clave para disfrutar de una primera cita es dejarse llevar y ser coherentes con lo que pensamos, sentimos y hacemos», afirma Sanz. La (también) psicóloga y sexóloga Arancha García coincide en este punto: «No te esfuerces, date permiso para ser espontáneo. Sé natural; si no agradas, es mejor saberlo desde el principio». «En ocasiones, –añade Silvia Sanz– la ansiedad por mostrar nuestra mejor versión, paradójicamente, presenta una parte de nosotros que no es genuina. Piensa: ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que no le gustes?». Ese rechazo de primeras –por eso de la punta del iceberg– dice más de quien rechaza que del rechazado.

Un lugar bonito y una selección de tus mejores anécdotas es lo máximo que debes preparar antes de una primera cita. Un lugar cálido y no muy ruidoso, a ser posible; que propicie la conversación. Una primera cita es también una oportunidad para entrenarnos en ese arte, el de conversar. «Pregunta y responde, saca temas interesantes, usa el humor, sé respetuoso», aconseja Sanz. Hablar y, sobre todo, escuchar. Apertura e interés genuino. Ve con la curiosidad por delante y saldrás con nuevas perspectivas, nuevos planes por hacer… las primeras citas son también una manera fantástica de abrir tu círculo social para que entre el aire fresco, tan necesario de vez en cuando.

Con las expectativas rebajadas, la autoexigencia a raya y las ganas de conocer al otro como base, ya solo queda divertirse. «Lo único que puedes esperar es disfrutar del encuentro. Además, el objetivo para ambos suele ser la seducción, y ahí los dos ganáis», concluye Sanz. Recordar que estamos ahí para ver un escaparate y mostrar el nuestro, para intuir lo que puede haber dentro, para decidir si queremos descubrirlo.