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La nueva forma de financiación del terror: arte y Facebook

Los terroristas internacionales no paran de buscar nuevas fuentes de financiación y en Oriente Medio, el arte es una de las más efectivas y efectivas. Foto: Getty

Cuando nos dicen ‘Siria e Irak’ hoy en día, todos tendemos a pensar más a menos lo mismo: guerra y terrorismo. Dos territorios que fueron cuna de la civilización avanzada desde hace milenios y que hoy son ejemplo de lo cruel que puede ser el ser humano.

Pero, aunque lo que se nos viene a la cabeza es la destrucción y muerte que viven sus habitantes, no dejan de ser zonas que albergan tesoros y reliquias de las culturas griega, romana y bizantina. Dan testimonio de ello los monumentos, templos y antigüedades que han sobrevivido al desgaste, guerras, expolios y saqueos a lo largo de la historia, pero que vuelven a ser amenazados.

El principal culpable es el Estado Islámico, que demolió en Siria el milenario templo de Baal en Palmira y el monasterio de Mar Elian, mientras que, en Irak, los yihadistas destrozaron a martillazos las antigüedades contenidas en el museo de Mosul, devastaron las históricas ciudades de Hatra y Nimrud y demolieron las murallas de Nínive. Todavía duele solo con pensarlo. El daño cultural es irreparable.

Estrategia para financiarse

Pero después de estás demostraciones de ignorancia y fundamentalismo, parece que los terroristas no son tan estúpidos. Según el informe ‘Proyecto de Investigación de Tráfico de Antigüedades y Antropología del Patrimonio’ de Athar Project, un grupo de antropólogos e investigadores estadounidenses, los islamistas se dedican cada vez con más fuerza a vender obras artísticas e históricas para financiar su causa religiosa y terrorista. Para que vas a destruir si puedes sacar dinero por ello.

Lo más relevante del caso es que no lo hacen enviando las obras en barcos o en mercados locales, sino que utilizan Facebook para alcanzar a los potenciales compradores. De hecho y según el informe, disponen de más de 90 grupos en la red social donde exponen los abalorios, piezas arqueológicas y antigüedades.

Hay una regulación internacional del comercio de antigüedades: la Convención de la UNESCO de 1970 y la del Consejo de Seguridad de la ONU en 2015 sobre el comercio de objetos de sirios e iraquís. El problema es que es tan difícil de controlar este comercio que no dejan de ser reglamentos ‘anecdóticos’.

Aunque la venta de objetos por parte de estos grupos en Facebook sí es novedad, no lo es que traten de obtener financiación con la venta ilegal de productos. Hace años el semanario alemán Spiegel publicó que Mohamed Atta, el líder de los terroristas suicidas del 11S, había tratado de vender antigüedades afganas en Alemania pocos meses antes de los atentados.

Por lo tanto, es el momento de que Facebook tome medidas oportunas. Está claro que no es fácil, pero no debe permitir el expolio de las obras arqueológicas de estos países, que ojalá algún día dejaran atrás el terror. Mientras que la red social hace algo, debemos ser los ciudadanos los que nos concienciemos y no compremos este tipo de productos que van manchados de sangre.

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