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Los Javis han vivido el mejor año de su vida pero corren el riesgo de morir de éxito

Valeria Martínez
·8 min de lectura

Que 2020 ha sido el año de Los Javis no quepa la menor duda. Mientras la mayoría de los mortales queremos pasar página cuanto antes tras un año para dejar en el olvido, ellos cierran uno de los mejores de su carrera. El homenaje que hicieron a Cristina Ortiz Rodriguez en Veneno los ha elevado como creadores de historias, no solo en España sino también en EEUU donde están arrasando tras el estreno de la serie en HBO Max, mientras han vuelto a plantarse en la televisión nacional como jurados semanales de Mask Singer.

Y, entre medias, han sabido demostrar que son capaces de convertir en oro todo lo que tocan. O casi todo. Son maestros en venderse en redes sociales y expertos en crear viralidad a la hora de dar alas a sus productos, halagos, opiniones e historias, sin embargo, semejante éxito los está llevando a ser rostros cotidianos de la televisión, algo que podría pasarles factura.

Javier Calvo y Javier Ambrossi (G3online)
Javier Calvo y Javier Ambrossi (G3online)

Lo que han conseguido Javier Calvo y Javier Ambrossi con la que bien podría definirse su gran obra maestra hasta la fecha ha superado todas las expectativas -y me atrevería a decir que incluso las que se pusieran ellos mismos-. Veneno, la serie, tuvo sus contratiempos por culpa de la pandemia, sin embargo la magia de cada capítulo hizo que el interés jamás se perdiera, incluso cuando hubo un lapsus de varios meses entre las primeras entregas. Los Javis crearon un relato capaz de mantenernos ansiosos y pendientes a la plataforma premium de Atresmedia cuando ya teníamos suficientes plataformas en nuestras vidas.

Fueron tan solo ocho capítulos ¡pero qué capítulos! Si con La Llamada y Paquita Salas habían demostrado que lo suyo era apostar por ideas propias logrando aplausos y éxitos a base de compromiso y dedicación, con Veneno subieron el listón, catapultándose al estrellato inmediato como referentes de originalidad en el mercado nacional. Y esto es muy difícil de lograr. Que creadores de historias consigan ser reconocidos por el sello propio de su trabajo es algo que solo un puñado de artistas consiguen y, a veces, después de muchos éxitos y fracasos. Lo que quiero decir es que si vemos una película de Pedro Almodóvar, Alex de la Iglesia, Rodrigo Sorogoyen, Steven Spielberg, Tim Burton, Aaron Sorkin… pues sabemos enseguida que es suya sin necesidad de ver los créditos. Hay señas de identidad infalibles y reconocibles. Es el sello de un guionista o director, ese que se gana a pulso a base de apostar por sus visiones y estilos. Pues eso mismo están consiguiendo Los Javis. Y una serie de ocho episodios ha sido suficiente para encumbrarlos definitivamente.

Y eso que Veneno bebe mucho de estilos almodovarianos pero ellos consiguen que se queden en homenajes para continuar creando algo muy propio. Muy único. Y en eso, en el compromiso, el cuidado y la entrega que dieron a Veneno, radica su magia y éxito. La visión de los Javis está presente con cada monólogo, actuación, banda sonora y transición de planos, creando un estilo propio que ya puede reconocerse como el “sello de los Javis”. Y no solo España lo ha notado. Otros países también, haciendo que Veneno esté arrasando en EEUU, siendo aplaudida por medios respetados como la revista Time y personajes influyentes como RuPaul Charles. Aquí no importa que la serie cuente una trama intrínsicamente española que abarca diferentes etapas de la historia reciente, social, política y cultural, porque los Javis elevan el relato más allá de tradicionalismos culturales, centrándose en la humanidad. En la persona detrás del personaje, su lucha, rechazo y supervivencia, apelando por la empatía humana que no entiende de fronteras.

Sin embargo, mientras la magia de Veneno augura un futuro prometedor para los Javis como contadores de historias -y no me da miedo pronosticar nominaciones importantes en meses venideros que podrían llegar de todas partes del mundo- ellos están bordeando un límite peligroso que podría hacer que esta balanza que hoy se inclina tanto hacia el estrellato artístico, termine por declinarse hacia el lado de las figuras comodín de la televisión mediática.

Por eso, aquí va la advertencia: cuidado... que la espuma sube rápido, pero cuando baja lo hace todavía más.

Es decir, por un lado han conseguido coronarse como referentes de originalidad, creando estilo propio con sus series y película (de momento una); pero por otro han comenzado a rozar un límite de hartazgo peligroso como personajes estrambóticos a raíz de su paso como jurado semanal en Mask Singer. Y cruzar esa delgada línea entre creadores respetados y personajes mediáticos cansinos podría terminar costándoles muy caro.

Y no se trata de hacer un pronóstico negativo, faltaría más. Los Javis me han conquistado como contadores de historias y por ende la intención de este artículo no es más que servir como una simple advertencia, consejo u opinión. Aunque sabiendo la maestría que tienen para venderse en redes estoy convencida que saben de sobra el posible riesgo que están corriendo desde el estreno del colorido concurso de Antena 3.

Reconozco que no pertenezco al target de Mask Singer. Intenté verlo en dos ocasiones, pero no pude con semejante mamarracho de idea. Soy consciente del éxito del formato en otros países y de que tiene un público muy entregado, pero a mí me supera. La exageración constante de todos los implicados cada vez que intentan adivinar al famoso bajo una máscara o los gritos que aturden el salón de mi casa cuando están a punto de desvelar un nombre, supera mi paciencia como espectadora. Me recuerdan a esos programas asiáticos donde la exageración extrema es la gran protagonista, con una originalidad que brilla por su ausencia. En el programa, los Javis sirven de jurado junto a Malú y José Mota, y ninguno de los cuatro se ha salvado de las críticas semanales. Que si aburridos, que si gritones y exagerados, que si sobreactuados… los adjetivos inundan Twitter cada miércoles por la noche.

Y en el caso de los Javis me produce cierta alarma. Como les decía, me han ganado con sus historias como guionistas y directores, quiero seguir viendo más y descubrir hasta dónde pueden llegar con esa originalidad tan suya como bandera. Sin embargo, las críticas por la sobreactuación en cada gala, el hecho de que nadie parece creerse que no sepan quienes son los monstruos enmascarados (culpa de la sobreactuación), y esos gritos de Ambrossi con las bocas y ojos abiertos como platos, los están comenzando a convertir en personajillos de Atresmedia, de esos que vemos hasta en la sopa como Arturo Valls (presentador del concurso), Alaska, Pelayo y tantos otros.

No es que Los Javis estén el mismo nivel artísticamente hablando, al menos de momento, pero lo rozan cada miércoles por la noche. Porque mientras ellos retuitean halagos y aplausos a Veneno de personajes influyentes y medios de prestigio, una vez a la semana se hacen virales por culpa de las críticas. Y la verdad es que no tiene mucho sentido.

Después de alejarse del formato de OT, donde triunfaron como profesores de interpretación, se labraron un lavado de cara magistral como creadores. La Llamada arrasó en taquilla y se hizo con un premio Goya a la mejor canción original y otras cuatro nominaciones, Paquita Salas se convirtió en bandera de contenido nacional en Netflix y Veneno los encumbró de manera definitiva. Entonces, si de un tiempo a esta parte han ensalzado su imagen como contadores de historias, siendo evidentemente su mejor faceta y la que los está encumbrando a lo más alto, ¿qué hacen arriesgando esa imagen gritando a lo loco cada miércoles?

Eso de estar hasta en la sopa puede ser muy contraproducente y en las últimas semanas hemos comenzado a ver los primeros vestigios de ese hartazgo mediático con cada emisión de Mask Singer. La sobreactuación de ambos y las críticas que los hacen virales una vez a la semana han llevado a que formen parte del listado de personajillos mediáticos de turno que el público no quiere ver ni en pintura en un próximo programa. Y no lo digo yo, lo dijeron las redes. Cuando se dio a conocer que Atresmedia desarrollará la versión española de RuPaul’s Drag Race, hubo un revuelo viral tremendo. No solo porque la noticia es la bomba, sino porque cientos de televidentes pedían a golpe de tuit que la cadena no recurriera a sus personajes de siempre como Arturo Valls, Pelayo, Alaska, Mario Vaquerizo y, si, Los Javis. Ellos también cayeron en el ajo fruto del espectáculo que protagonizan en Mask Singer cada semana.

Por un lado están recibiendo más halagos que nunca como creadores de Veneno, y por otro están comenzando a ser denostados por el público por culpa de su otra faceta televisiva. Como gran fan de la versión creadora de los Javis espero que lo que está pasando sirva de advertencia para que prueben a dosificarse como personajes mediáticos de manera que puedan centrarse en esa faceta que tantos éxitos les está dando. Porque como creadores de historia, son la caña.

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