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Los coches clásicos y los buenos vinos les generan grandes ganancias a los súper ricos

Un Ferrari 275 GTB Rosso de 1967 (Wikimedia Commons/uruario de Flickr: ArtBrom).

Si bien desde principios del siglo XX las acciones han sido la mejor forma de invertir a largo plazo, muchos inversores con alto patrimonio también han obtenido rendimientos a largo plazo comprando artículos de colección.

A menudo oímos hablar de las colecciones que tienen en su poder los ricos titanes de la industria. Los inversores acaudalados hacen lo que se llaman “inversiones pasionales” en cosas como buenos vinos, coches clásicos, instrumentos musicales, libros poco comunes, joyería, sellos de colección, oro, plata, piedras preciosas y otros activos del tesoro.

Por ejemplo, el presidente de Goldman Sachs, David Solomon, posee una colección de vinos vintage. Aunque no está del todo claro el tamaño y el valor de la colección, recientemente se descubrió durante un litigio judicial que un antiguo empleado robó botellas por valor de 1,2 millones de dólares de su colección.

Bill Groos, el multimillonario inversor de bonos cofundador de Pimco que ahora dirige el fondo Janus Henderson Global Unconstrained Bond, puso recientemente en subasta su famosa colección de sellos valorada en 9 millones de dólares.

Un gran número de personas ricas son destacadas coleccionistas de arte. En Wall Street, algunos de los grandes nombres son Bruce Berkowitz, Leon Black, Steve Cohen, Ken Griffin, Henry Kravis, Daniel Loeb y Daniel Och; solo por mencionar a los mayores coleccionistas. Además, el arte sigue siendo noticia, por ejemplo, con la venta del Salvator Mundi de Leonardo da Vinci vendido por la impresionante cifra de 450 millones a finales del años pasado.

Según un nuevo informe de Credit Suisse, las personas con un patrimonio muy alto tienen en torno a un 6% de sus activos en artículos de colección.

Y resulta que los artículos coleccionables como el arte, el vino y los instrumentos musicales han superado en su rendimiento a los activos más tradicionales como el efectivo o los bonos del gobierno.

Credit Suisse y los profesores Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton de la Escuela de Negocio de Londres dirigieron el estudio de mayor alcance jamás realizado sobre estas inversiones y descubrieron que los artículos de colección caros pueden ofrecer algo más que ganancias económicas a sus dueños.

“Estos activos de riqueza privada ofrecen la posibilidad de obtener ganancias financieras y también disfrute personal”, dijo el informe.

Para el estudio, examinaron la apreciación del precio desde 1900 y la compararon con los rendimientos de los activos financieros.

“Muchos activos privados han superado la inflación y, en un período en el que se esperan bajos rendimientos financieros, ofrecen unos dividendos emocionales que pueden resultar atractivos para los inversores”, indicaba el informe.

Dado que muchas de estas inversiones requieren costos significativos para hacer la transacción, generalmente son para alguien que busque un horizonte de inversión a largo plazo al que no le preocupe la liquidez inmediata de los activos.

“A ojos del propietario, son bonitos artículos de colección, incluso si no generan ningún ingreso económico. Los coleccionistas apuntan a la inversión cultural y artística no solo porque les genera placer sino porque contribuye a diversificar sus finanzas”.

De los objetos coleccionables que tenían 118 años de antigüedad, el informe descubrió que el vino era el que tenía un mejor rendimiento, con una apreciación del precio ajustado por la inflación del 3,7% por año.

Por su lado, el informe descubrió que el arte tuvo una apreciación del precio ajustado por la inflación de solo un 1,9%, en línea con los rendimientos anuales promedio de los bonos globales (2% anual).

Si bien no hay datos de 118 años, los coches clásicos han rendido muy bien como objetos de colección. Los peores rendimientos los han dado los libros poco comunes.

Julia La Roche