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Un barco sin timón, un brazalete sin capitán

Albert Ortega
·4 min de lectura
Barcelona's Argentinian forward Lionel Messi reacts after missing a goal opportunity during the Spanish League football match between Club Atletico de Madrid and FC Barcelona at the Wanda Metropolitano stadium in Madrid on November 21, 2020. (Photo by GABRIEL BOUYS / AFP) (Photo by GABRIEL BOUYS/AFP via Getty Images)
Leo Messi, durante el partido ante el Atlético de Madrid. (Foto GABRIEL BOUYS/AFP via Getty Images)

Leo Messi tiene su cuerpo en Barcelona, pero su mente ya hace tiempo que dejó de pertenecer a la disciplina azulgrana. A las puertas de finalizar contrato con el club, el argentino calza el brazalete de capitán y la vitola de líder, pero ya hace tiempo que dejó de actuar como tal. Tan solo así se explica que tras la derrota ante el Atlético de Madrid, el encargado de salir a hablar ante los medios de comunicación haya sido un recién llegado de 17 años como Pedri.

Curiosamente, este ‘modus operandi’ no es una novedad en la disciplina culé. Ni siquiera hay que bucear profundamente en la hemeroteca para comprobar cómo el teórico líder azulgrana se ha apartado de la responsabilidad en las derrotas cosechadas por el Barça en los últimos meses. Empezando por la hecatombe ante el Bayern de Múnich (2-8), donde Gerard Piqué sí que salió a dar la cara, siguiendo con la derrota ante el Getafe, donde habló Sergio Busquets y la penúltima; en El Clásico frente al Real Madrid, en la que ningún capitán atendió a los medios de comunicación a pie de campo.

Al contrario, fue otro joven inexperto quien tuvo que someterse a la fiscalización de los medios de comunicación en el partido más importante hasta la fecha: Sergiño Dest. El norteamericano no hablaba español, pero poco importó. Mejor cargarle el muerto a uno que acaba de llegar que tirar de jerarquía. Que el problema se lo coma otro, porque esto que está sucediendo aquí ya no va conmigo. Leo cuenta los días para salir del Barça como un enamorado deshoja las margaritas esperando que su amante le corresponda.

Estaremos de acuerdo en que hay muchos tipos de capitanes -carismáticos, autoritarios, bulliciosos y reaccionarios- y no por gritar más que el resto y dar más golpes en el pecho a tus compañeros dentro del terreno de juego vas a ser representar mejor esa figura que otros. Sin embargo, de un capitán se espera que, cuando las cosas van mal dadas, se ofrezca a dar la cara y no que se esconda; ya no por el club si existen problemas internos con la directiva, sino por el equipo, el entrenador y los compañeros.

Muchos esperaban que, con la salida de Josep Maria Bartomeu, Leo volvería a sentirse parte vital de un club necesitado de certezas a las que agarrarse en un momento en el que las dudas dominan con creces la atmósfera viciada que respira la entidad. Que sería el encargado de guiar a una nueva hornada de jóvenes. Muerto el perro, se acabó la rabia. Pero no. Messi está harto, cansado y no se esfuerza en enmascararlo. Los problemas futbolísticos de este Barça tan solo hacen que agravar la situación.

Desafortunadamente, el Messi más terrenal que hemos conocido nunca no está siendo capaz de aportar la tranquilidad necesaria desde el gol. Y es que si algo le ha definido durante estos años ha sido su extraordinaria determinación. La capacidad para decidir partidos a través del gol regularmente. Hoy se le ve ansioso y sin confianza.

Despojado de su magia para definir partidos en el balcón del área, Leo Messi intenta marcar la diferencia sobre el campo, pero no consigue reencontrarse con aquella fiabilidad que demolía sistemas defensivos. Lejos de ello, se le nota incómodo, ausente y debilitado.

Ante esta situación, el ‘10’ podría haber salido a dar un golpe sobre la mesa y responsabilizarse de una nueva derrota por parte de un proyecto en reconstrucción que aún no sabe si su proceso de recuperación incluye a su capitán, pero eligió borrarse. Quizás habría que replantearse si el club quiere que el brazalete de capitán sea un mero accesorio teatral enfundado por un jugador que parece ni sentir ni padecer o, si al contrario, la entidad quiere volver a disponer de alguien que comprenda el peso de un símbolo fundamental.

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