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Las peores predicciones sobre Trump podrían tener razón

Durante la temporada de elecciones de 2016, muchos analistas y pronosticadores, entre los cuales me incluyo, predijeron que la economía se derrumbaría si los votantes elegían como presidente a Donald Trump. Estaban equivocados.

¿O quizá solo se apresuraron demasiado?

Los acontecimientos de los próximos meses brindarán algunas pistas importantes. Durante su primer año en el cargo, Trump presidió una economía fuerte y un mercado de valores en auge, debido en gran parte a los recortes en los impuestos empresariales que él mismo prometió, y luego cumplió. Los empleadores crearon 2,1 millones de empleos durante los primeros 12 meses de la legislatura de Trump y el índice accionario S&P 500 subió un 25%.

Sin embargo, ahora las acciones se están tambaleando y los economistas advierten que la economía se enfrenta a nuevos peligros, en gran parte por culpa del propio Trump. Entre las promesas de la campaña que Trump aún no se ha cumplido se encuentran los nuevos aranceles sobre los productos importados que, según Trump, son necesarios para reactivar el sector manufacturero de Estados Unidos. Por ahora, Trump ha aprobado la aplicación de aranceles del 25%sobre el acero importado y del 10% sobre el aluminio que se importa.

En la foto se aprecian unos pantalones vaqueros 501 de Levi’s, el fabricante de ropa estadounidense Levi Strauss, el 8 de marzo de 2018 en Berlín, Alemania. La Comisión Europea, por su parte, ha prometido, como respuesta a los aranceles al acero y el aluminio, tomar represalias con impuestos sobre los vaqueros de Levi’s, el bourbon de Kentucky y las motocicletas Harley-Davidson. (Foto de Sean Gallup/Getty Images)

Es difícil encontrar a un economista que piense que se trata de una buena idea. La verdadera pregunta es cuán malos o peligrosos pueden llegar a ser los aranceles de Trump. Es muy probable que los países afectados por los aranceles tomen represalias aumentando las tasas sobre las exportaciones estadounidenses. Si todo termina ahí, es decir, si los socios comerciales se limitan a causar un daño nominal a sus respectivas economías por razones puramente políticas, finalmente la economía logrará adaptarse. Sin embargo, si estalla una guerra comercial más amplia, con nuevos tipos de aranceles en una vasta gama de productos, es probable que arrastre a los mercados, desacelere el crecimiento de las empresas o detenga la inversión hasta que todo se resuelva por su cuenta.

Promesas de campaña incumplidas

Trump parece indiferente, al menos por el momento. Pero vale la pena señalar que el mercado bursátil se ha mantenido estable durante el año, lo cual es bastante inusual pues se espera que las empresas obtengan ganancias récord con los recortes tributarios a las empresas. Los mercados se están adaptando a la posibilidad de que se produzca una inflación levemente más alta de la esperada, aunque la mayoría de los pronosticadores todavía piensan que las acciones terminarán bien en 2018. Sin embargo, esa confianza se atenúa con cada tuit y declaración de la Casa Blanca que revela la afición de Trump por los aranceles y su creencia de que “las guerras comerciales son buenas”.

Muchos pronosticadores, incluyendo Moody’s Analytics, Oxford Economics, Citibank y Macroeconomic Advisers, predijeron que la economía temblaría y las acciones caerían si Trump ganaba. No obstante, esos análisis se basaron en lo que Trump dijo que haría, algo que no ha llevado a cabo hasta el momento. Basta recordar que durante la campaña, Trump dijo que impondría aranceles del 45% a todas las importaciones de China y del 35% sobre las importaciones de México. Trump no lo ha hecho, al menos por el momento, pero ahora está tanteando por primera vez el tema de los aranceles, actuando ya sobre el acero y el aluminio. Trump también dijo que renovaría el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, o se retiraría por completo. Se trata de unas negociaciones en curso cuyo resultado se desconoce. Y se comprometió a expulsar del país a 11 millones de inmigrantes indocumentados y reducir el número de inmigrantes legales, una tarea que también está en progreso.

Cuando los economistas estimaron cómo afectarían esas políticas a la economía, en caso de que se aprobaran, el panorama fue sombrío. Moody’s Analytics descubrió que la economía entraría en recesión en 2019 y que se perderían 2,8 millones de empleos solo en ese año. Oxford Economics predijo que el plan de Trump le costaría a la economía 4 millones de empleos y rebajaría en 1 billón de dólares el rendimiento económico. Citibank dijo que la victoria de Trump conllevaría a una recesión global.

Esa hecatombe no ha ocurrido. Sin embargo, en gran medida no ha sucedido porque Trump se ha limitado a implementar las leyes que estimulan la economía, al menos hasta el momento. Y, hasta ahora, no ha tomado las medidas que prometió durante su campaña y que, probablemente, dañarían la economía.

El presidente de EEUU, Donald Trump. Foto: REUTERS/Mike Theiler

Al respecto, el grupo sin ánimos de lucro Trade Partnership analizó los aranceles que Trump propone para la industria de los metales y descubrió que generarían 33.000 nuevos empleos en el sector del acero y el aluminio, pero a su vez eliminarían 179.000 empleos en otras industrias, debido al aumento de los precios a los que tendrían que enfrentarse los fabricantes que compran esos metales. Esto representaría una pérdida neta de 146.000 empleos, solo por la implementación de estos dos aranceles, sin tener en cuenta el impacto económico que tendrían las represalias que tomarían los socios comerciales ante estas medidas.

¿Trump quiere aplicar estos dos aranceles solo para cumplir con la promesa que hizo durante su campaña? ¿Solo para mantener la fe de sus partidarios, quienes esperan que ataque a los globalistas? Es probable. De hecho, es posible que Trump llegue a implementar sus aranceles, logre minimizar el daño cuando los socios tomen represalias, declare la victoria y dé el tema por zanjado. Trump también podría imponer estos aranceles y luego anunciar a los socios comerciales que estarían exentos de los mismos, lo cual reduciría el daño. Si no se produce un gran perjuicio, los mercados temblarán pero probablemente terminarán recuperándose, y 2018 podría acabar bien.

Sin embargo, Trump también podría envalentonarse y después de implementar sus aranceles para el acero y el aluminio podría reescribir gran parte del TLCAN, o incluso retirarse. Entonces nos estaríamos acercando a los escenarios apocalípticos que predijeron los críticos de Trump durante los últimos días de las elecciones de 2016. Trump cree que puede desmantelar los regímenes comerciales y volver a unirlos en términos más favorables. Pero aunque fuera posible, es casi seguro que habrá un período transitorio muy doloroso, en el que los mercados, a los que no les agrada la incertidumbre, se llevarán la peor parte. Si Trump lleva a cabo sus guerras comerciales, podría estar dándoles la razón a sus críticos.

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