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Las marcas de motocicletas buscan renacer con los millennials

Benjamin R. García

Cuando Honda sacó a la venta su nuevo modelo de motocicleta Rebel 500 a finales del año pasado, Fed Pacheco, un venezolano de 27 años radicado en Estados Unidos, comprendió que era el momento de lanzarse a la aventura en dos ruedas.

Unos años atrás había conducido tímidamente en Texas la Suzuki Boulevard, propiedad de su tío, y seguidamente, tras aprobar un curso de conducción, había obtenido el permiso para conducir este tipo de vehículo.

“Simplemente empecé a obsesionarme, para ser sincero -aseguró para Bloomberg-. Llegaba la temporada de paseos en moto y pensé ‘¿Sabes qué? Tal vez no es tan loco’”.

El joven se fue a un concesionario de Nueva Jersey, agarró una de las primeras Rebels que habían entrado en el mercado, pagó 6.800 dólares, ni uno más y ni uno menos, y salió con su nueva diosa a conquistar las carreteras.

La Honda Rebel busca abrirse espacio en el mercado de los milleanials. Foto: Digital Trends.

Porque la Honda Rebel no es más que el último lanzamiento en un desfile de nuevas motos diseñadas para conductores principiantes; una tendencia que casi todas las empresas de la industria automotriz han querido seguir, en busca de un nuevo nicho con mucho potencial: el de los consumidores más jóvenes.

La Honda Rebel resulta más pequeña, más ligera y más asequible que la mayoría de los otros modelos de motocicleta que ahora mismo están al alcance de la mano, y de ciertos bolsillos, en los concesionarios de Estados Unidos. Están concebidas para encandilar a los millennials, para que se conviertan a la ‘religión’ de los amantes de las motos.

La marca japonesa no es la única que ha seguido esta estrategia en los últimos años. Se trata de una tendencia más o menos generalizada en el sector. Todas las marcas parecen verle las orejas al lobo. Harley-Davidson, la mítica marca estadounidense, puso en el mercado en 2013 la Street 500, con un precio justo por debajo de los 7.000 dólares. Dos años después llegó el turno de BMW, con el lanzamiento de la G 310 R, una versión en miniatura de sus famosas motocicletas de turismo. Con un precio de 4.750 dólares, es más barata que incorporar asientos de cuero a algunos de sus carros.

“Son nuevas motocicletas, pero también son nuevas ideas -asegura Mark Hoyer, redactor en jefe de la revista Cycle World-. Venden la percepción de un estilo de vida… es un movimiento cultural, una redefinición de toda la industria de la motocicleta”.

Las ventas se desploman 

Em 2006, las ventas de motocicletas en Estados Unidos alcanzaron su punto más alto, con 716.268 unidades. Sin embargo, al año siguiente ya empezó a acusarse un declive. Bastó que la economía cayera en recesión para que este particular mercado, entre otros, se desplomara.

Tan solo en 2009, las ventas de motos disminuyeron un 41%, siendo peor en 2010, cuando bajó al 14%, según el Consejo del Sector de las Motocicletas. Eso no es sorprendente teniendo en cuenta la economía del momento: una moto es la imagen misma del gasto discrecional, y las máquinas pueden ser difíciles de financiar hasta con un mercado de crédito saludable.

En la actualidad, cuando el mercado de valores deja ver una convincente alza, y cuando la industria automotriz de Estados Unidos ha registrado su mejor año hasta la fecha, el tráfico en las tiendas de motocicletas se ha mantenido lento. En 2016, en el país se adquirieron 371.403 motos nuevas, cerca de la mitad de lo vendido hace una década.

Además, también hay un problema con el cierre de una gran generación de consumidores de motocicletas. Si en 2003, sólo cerca de una cuarta parte de los motociclistas estadounidenses tenían 50 años o más, en 2014 la cifra ya estaba en cerca de la mitad.

Es por ello que, ahora que los fabricantes de motos necesitan desesperadamente que los amantes de este artefacto rodante se incrementen, y los millennials representan su mayor esperanza para que el mercado crezca. El largo tiempo que le queda de vida a esta generación es una garantía para los productores de ese corcel vistoso y sonoro que engalana las calles de nuestras mejores ciudades.